Oaxaca.- Los candidatos y los partidos políticos contribuyeron con sus descalificaciones, declaraciones, su lenguaje y acusaciones de toda índole, a enrarecer aún más el clima político y a evitar llegar a un serio análisis y reflexión de la realidad oaxaqueña, fijar las propuestas sobre cómo atender esos temas, y delimitar claramente su proyecto político y de gobierno.
Así lo consideraron diversos organismos civiles, entre ellos Servicios para una Educación Alternativa (Educa), al lamentar que, justo cuando se requería un análisis de la complejidad del contexto sociopolítico y económico, “cuando hay una severa crisis del sistema de partidos y de las instituciones en México; cuando hechos de corrupción develan la descomposición del sistema político mexicano y en la cual han sido copartícipes servidores públicos y representantes populares de todas las expresiones políticas”, los aspirantes se enfrascaron en una campaña de “guerra sucia”.
Señalaron, igualmente, que el panorama general del estado expresa rezagos profundos e innegables en materia económica, política y social: “La alternancia del 2010 demostró que la voluntad política de cambio del estado, expresada en ese proceso electoral, no se tradujo en avances significativos”.
DEMAGOGIA Y PROMESAS
En un pronunciamiento añadieron:
“Lejos de escuchar proyectos de gobierno, programas de acción, agendas legislativas; el ambiente se saturó de ‘guerra sucia’, contaminación visual y auditiva. Las descalificaciones, los lugares comunes y las mismas promesas demagógicas y sin sustento, repetidas por todos los candidatos, sin importar filiación partidista, son el tenor de las campañas”.
Precisaron que en medio de ese entorno, el tejido social de Oaxaca se rompe; la pobreza y desigualdad aumenta. Empresas extractivas llegan por las riquezas del territorio y se les otorgan concesiones sin considerar el punto de vista de las comunidades indígenas donde se asientan. El sistema de salud está al borde del colapso ante la indiferencia de autoridades estatales y federales. Hay una herencia de sexenios de obras sin concluir.
Además, los feminicidios y la violación a los derechos humanos son parte de la cotidianidad oaxaqueña, y la impunidad se enseñorea.
“El tema educativo es uno de los centros de atención ante los nuevos escenarios de la reforma educativa. La institución municipal es vulnerada al condicionar la entrega de participaciones federales y estatales, al imponer administradores municipales o postergar el Legislativo decisiones ante hechos de ingobernabilidad”, agregaron.
Precisaron que el clima de inseguridad se ha recrudecido y hay ciudades del Istmo, la Cuenca del Papaloapan y Valles Centrales en que se encuentra ya una importante presencia del crimen organizado.
“En este contexto, la ciudadanía se encuentra ante el pragmatismo e indiferencia de la clase política. Si bien también es cierto que se ha desarticulado y no se presentan movimientos sociales y ciudadanos fortalecidos.
“El desencanto, frustración, enojo y la apatía han alejado a la ciudadanía de las urnas; la han conducido al rechazo de la política, han generado un descrédito en la democracia. Una situación de riesgo que puede producir una implosión social, como la que Oaxaca ha vivido en un pasado reciente (2006), y de cuyos saldos aún no termina de recuperarse", aseveraron.
Ante ello, indicaron, es necesario introducir reformas institucionales en el sistema político y social oaxaqueño, de tal forma que se generen contrapesos ciudadanos y de la sociedad civil en áreas neurálgicas del sistema.
“Es importante hacer una reflexión colectiva que analice, pondere los avances y señale los pendientes. Se trata de realizar un análisis plural y lo más ampliamente participativo, y generar una agenda mínima para nuestro estado que se pondría a consideración del próximo gobernante, las nuevas fracciones parlamentaria e incluso las presidencias municipales”, remarcaron.
