EL TRAPICHE, Santa Cruz Mixtepec, Oaxaca.- Donato Ricárdez Orozco recuerda cómo hace apenas dos años, los compradores llegaban a esta comunidad de los Valles Centrales a buscar a los productores de maíz para adquirir una o hasta dos toneladas de maíz.
Ahora, nadie lo hace. La producción local ha sido sustituida por el grano que llega de otros estados como Michoacán, “embolsado” y con una mejor presentación, aunque para su siembra se abuse del fertilizante.
Trabajar el campo para comercializar el grano dejó de ser una posibilidad para que campesinos de este municipio obtengan ingresos. Si él sigue sembrando media hectárea de tierra, de donde obtuvo 400 kilogramos de frijol, es para autoconsumo.
Termina la cosecha y el forraje se acumula para garantizar alimento a las vacas. FOTO: Mario Jiménez
Le apuestan al establo
Al mismo tiempo, Donato es parte de la Sociedad de Producción Rural "Recuerdos de una lucha", nombre que alude al movimiento que en 1974 permitió a ejidatarios poseer las tierras de la hacienda de los hermanos Diego Pérez.
Es esa sociedad, integrada por 18 ejidatarios, la que contribuye a reactivar la economía en esta parte de los Valles Centrales, pues posee 30 hectáreas de tierra donde se siembra maíz y alfalfa para alimentar a los 77 animales que en el establo producen 850 litros de leche al día.
En el establo, la actividad empieza a las 2 de la mañana, con la primera ordeña. Margarito González Flores, encargado del establo, identifica sin problema la limitante que impide aumentar la producción: el bajo precio.
Si alguien llega aquí a comprar más de 20 litros de leche bronca, cada litro lo adquiere a ocho pesos; a menudeo, el precio aumenta cuatro pesos.
A las 2 de la mañana empieza la ordeña. FOTO: Mario Jiménez
Sin un precio justo
Hace apenas un mes, el precio al mayoreo era inferior, siete pesos y el peso que subió no es suficiente; el costo sigue siendo inferior al que en el mercado tiene la leche que se vende en tetrapack.
No es un precio justo, mucho menos si se sabe que la leche bronca es cien por ciento natural; tiene más nutrientes y permite a productores de quesos de los municipios aledaños elaborar diversos derivados que comercializan en la zona.
Sin embargo, para el médico veterinario zootecnista, el establo opera al 60 por ciento de su capacidad; “por lo menos se mantiene, pero podría estar mejor”, sobre todo porque hace falta elevar la calidad del ganado, lo que implica mayor inversión.
“Necesitamos adquirir semen de toros americanos, pero su precio está en dólares y cuesta el triple del que adquirimos en Puebla, que tiene un precio estándar y más o menos tiene calidad”, explica.
Jesús observa la milpa; bien sabe que cada vez es más difícil hacer producir el campo. FOTO: Mario Jiménez
Evita la migración
Aun así, este establo emplea a 16 personas, como a Ismael Castellanos Velásquez, encargado “de que todo esté verde, de que haya agua y alimento para el ganado desde hace un año y medio, lo que le absorbe todo el día, de 6:00 a 18:00 horas.
“Los ejidatarios de la Sociedad se han preocupado demasiado para que haya trabajo para toda la gente; por años se han dedicado a esto; si ellos no tuvieran interés, andaríamos por otro lado, lejos, buscándole, son los únicos que se han interesado porque haya empleo”, afirma mientras recibe el silo o forraje que se almacena porque la cosecha está por terminar.
En total, la sociedad cuenta con 30 hectáreas de tierras; en diez cosecharon alfalfa y en las otras 20 maíz. Recién terminan de cosechar con la ayuda de dos tractores, dos remolques y una máquina que tritura todo el cultivo.
Acostumbrados a la indiferencia
En medio de la milpa, Jesús Ricárdez Orozco, campesino de 63 años de edad, que trabaja la tierra desde hace años y es un ejidatario de la Sociedad de Producción Rural, elige un elote que no alcanzó su tamaño ideal, si acaso diez centímetros, camina un poco y encuentra otro, que por la falta de agua, reprodujo gusanos.
Esas son parte de las dificultades cotidianas de los campesinos. Las tierras, afirma, ya no son tan productivas como lo eran años atrás; se ha generado una dependencia a los fertilizantes y la mayoría de veces no se tiene dinero para adquirirlos o en otras el agua de lluvia o en los pozos tampoco es vasta.
“Las tierras son productivas aún, pero se han dejado porque no hay apoyo, no hay recurso para poder trabajar; todavía se siembra, pero no como antes”, dice sin dudar.
La maquinaria ayuda a asilar la milpa. FOTO: Mario Jiménez
Si el establo es autosustentable, es porque genera su propio forraje.
Las cosechas son más redituables si se trituran y dan como alimento al ganado que produce leche, pero a la vez la falta de un precio justo hace que más campesinos se sumen a esta actividad.
Ninguno de los hombres que trabajan las tierras o en el mismo establo que la Sociedad de Producción Rural hablan para quejarse, sólo describen la realidad que para las autoridades suele ser ajena, una realidad que ellos bien saben no va a cambiar, por mucho que se esfuercen.
