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¿Conquista o resistencia? Se cumplen 500 años de la caída de Tenochtitlan

Foto(s): Cortesía
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO .- ¿Qué conmemoramos el hoy viernes 13 de agosto, cuando se cumplen 500 años de la caída de Tenochtitlan? ¿La efeméride de la conquista o cinco siglos de invasión española y de resistencia indígena? Esta es la disyuntiva perfilada por el Gobierno de México en aras de una narración histórica que rehúsa el término "conquista" y reivindica la resistencia de los pueblos originarios y sus hazañas pretéritas.


"Queremos cuestionar la palabra conquista porque, en realidad, hay 500 años de resistencia y no necesariamente 500 años de conquista; queremos ponerla a debate porque el racismo y el clasismo que se siguen viviendo en nuestra sociedad son parte de esta herencia colonial", advirtió la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, el pasado 13 de julio, durante la conferencia en la que presentó el programa conmemorativo.



Las acciones de reivindicación incluyen renombrar no solo episodios históricos, sino espacios públicos, por ejemplo la calle Puente de Alvarado, hoy México-Tenochtitlan, así como plazas y símbolos, entre ellos el otrora Árbol de la Noche Triste, hoy de la Noche Victoriosa, en una postura que algunos historiadores consideran demagógica e ideológica y otros juzgan pertinente, necesaria. En este afán por renombrar resuena la conmemoración de los 500 años del denominado descubrimiento de América, en 1992, cuando los historiadores Miguel León Portilla y Edmundo O' Gorman debatían si llamarle conquista o encuentro entre dos mundos.


INFANTILIZAR LA HISTORIA


Desde el 20 de junio de 1519 se menciona la palabra conquista, señala el historiador Rodrigo Martínez Baracs, académico de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en referencia al primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españoles, fechado en la Villa Rica de la Vera Cruz. Se trata de un Pedimento presentado por el procurador de la villa, Francisco Álvarez Chico, a nombre de sus vecinos, a los alcaldes y regidores que integraban el concejo o Cabildo de la misma.


"Ya Cortés y sus hombres tienen la certeza de que van a conquistar y a pacificar esta tierra. Todas las obras, desde entonces, así le han llamado a la conquista, o a una serie de acontecimientos que vienen con ella y que son muy complejos de analizar; de una u otra manera es la palabra que hemos heredado para llamarlos, independientemente de las ideas que tengamos sobre lo que es la conquista", pondera. Martínez Baracs añade que la conquista no se reduce a la caída de Tenochtitlan ni al dominio español. Entraña muchos otros sucesos, entre ellos la resistencia indígena.



"Sin duda que después de la conquista hubo resistencia, no fue el movimiento más importante ni lo que más deba destacarse, pero la hubo. La cuestión es: ¿por qué sustituir una palabra, conquista, por otra que digamos es mucho más parcial? Tiene sin duda sus inconvenientes la palabra conquista, pero la de resistencia es todavía más parcial, se refiere a una parte de la conquista, y además tiene esto de que los pobres indios resisten contra los malos españoles, esta historia de buenos y de malos es historia infantil, en la cual supuestamente podemos identificar a los buenos y a los malos; los españoles fueron malos y buenos, y los indios fueron buenos y malos por igual, de modo que no tiene mucho sentido caer en esto de renombrar la conquista", opina el integrante de la Academia Mexicana de la Historia, quien sugiere en cambio estudiarla de manera más acuciosa, con mejor documentación y sentido crítico.


"La conquista es una palabra en sí misma imperfecta si se quiere, insuficiente, pero es la que hemos heredado a lo largo de los siglos y la que usamos para referirnos a ese conjunto de acontecimientos", insiste el autor de "Convivencia y utopía. El gobierno indio y español de la ciudad de Mechuacan".


Comprender este episodio histórico implica para Martínez Baracs un enfoque de larga duración que involucra el encuentro de dos mundos, como le denominó León-Portilla al proceso de 1492 que produjo una revolución económica, tecnológica, política, social, cultural, religiosa, lingüística y alimenticia, con su propia dinámica, no ligada necesariamente a los acontecimientos de 1521, explica.


PIDE CUESTIONAR VERSIÓN DE CORTÉS


En el tema de la conquista se destinan más recursos a cuestiones ideológicas que a la investigación histórica rigurosa y al cruce de fuentes, critica Marialba Pastor, académica de la UNAM. "El trabajo de cruce de fuentes no se ha hecho con el rigor histórico que se debe. Se ha creído fielmente a lo que dice Cortés: el orden de los sucesos de la conquista es elaborado por él y así se queda hasta hoy", advierte.


"La visión de los vencidos es elaborada por Bernardino de Sahagún con informaciones de indígenas que no sabemos si vivieron y entendieron realmente su religiosidad antigua. El propio Sahagún dice que tuvo que hacer ajustes y arreglos a lo que le contaron. "¿En qué consistieron esos arreglos? En hacer cuadrar ese mundo incomprensible para Sahagún con el mundo pagano, y entonces todo el relato está infiltrado con elementos del paganismo grecolatino y algunos elementos bíblicos, porque Sahagún no podía recurrir a otra cosa, no vivió los tiempos de la antropología moderna", indica Pastor.



Fueron, añade, 300 años de colonia, durante los cuales se formuló una historia oficial de la conquista que fusionó las versiones de los conquistadores civiles y de los frailes evangelizadores. Si lo que se pretende con el cambio de nombres promovido por el gobierno capitalino es revisar la historia colonial, la iniciativa tendría que acompañarse de un proyecto de estudio y de crítica de los libros que provienen de la colonia, y a partir de los cuales se construyó la historia oficial de la conquista, insta Pastor, autora de Cuerpos sociales, cuerpos sacrificiales.


"¿Cómo elaboraron los frailes sus historia? ¿Cómo lo hicieron Cortés y Bernal Díaz del Castillo? Díaz del Castillo la elaboró copiándole a Francisco López de Gómara y a Cortés. Hay un libro de 900 páginas que costó 10 años al filólogo español José Antonio Barbón Rodríguez donde prueba cómo Díaz del Castillo le copió a López de Gómara, y Lopez de Gómara a Cortés. "Todo nos remite a Hernán Cortés: es su versión de la conquista la que todavía estamos repitiendo. Empecemos por eso y, está bien: cambiémosle el nombre a las calles, no me opongo, nada más que tiene que ir acompañado de un proyecto en serio, científico", apremia. Como parte de este proyecto científico Pastor sugiere abrevar de fuentes históricas como los códices pre-conquista, por ejemplo el Laud, y acudir también a la arqueología y a elementos como la escultura o la cerámica. "Tenemos la arqueología, la escultura, la cerámica... y eso hay que reinterpretarlo, pero no con las fuentes hispánicas.


Cortés no habla de los ritos, de los cultos, porque no los entiende y nadie puede pedirle que entendiera: era un hombre recién salido de una zona más medieval que moderna: Extremadura. Entonces es lógico, cuando habla de mezquitas y hace alusiones a los árabes y al mundo moro, porque echa mano de lo que ha percibido de los musulmanes en España", argumenta Pastor.


MEZCLA NO ES MESTIZAJE


Revisar el término de conquista supone cuestionar también la noción de mestizaje que -falazmente- se desprende de ésta, considera el Coordinador del portal Noticonquista. Proyecto de historia pública del Instituto de Investigaciones Históricas, la Coordinación de Humanidades y la Coordinación de Difusión Cultural, UNAM. La mezcla que se produjo 500 años atrás es distinta al mestizaje que se promovió en el País en los siglos 19 y 20, aclara Navarrete.


"El concepto de conquista que la ve como algo total, también considera ésta como el nacimiento de una nueva raza: la mestiza. Esto, sin embargo, es históricamente falso. Obviamente, como resultado de la conquista, hubo una mezcla entre gente de origen diferente, pero como las razas no existen, no es una mezcla racial: si no hay raza indígena y no hay raza europea, difícilmente puede haber una raza mestiza", puntualiza.


"Fue un intercambio humano, genético y cultural muy complejo, pero lo que llamamos mestizaje no es esa mezcla entre personas de origen diferente, sino algo que sucedió en los siglo 19 y 20 en el México Independiente, que fue la manera en que los sucesivos gobiernos mexicanos obligaron a los indígenas, que eran la mayoría de la población, a dejar de ser indígenas. Les quitaron sus tierras, prohibieron o persiguieron sus idiomas, persiguieron sus culturas, los obligaron a hablar español y a occidentalizarse para poder participar en la vida nacional.


REFLEXIONAR PARA CAMBIAR


En este ánimo de poner en cuestión, Navarrete considera apropiado reinterpretar la historia y reflejarla en las nominaciones de calles, plazas o hechos históricos. "Ya no podemos seguir pensando que la única perspectiva válida es la de los españoles y que su derrota es una noche triste. "Creo que los nombres y las estatuas no tienen por qué durar para siempre, y es legítimo que los países y las sociedades decidan cambiarlos. Desde luego eso le toca al gobierno en turno por razones políticas también, es parte del proceso de cómo funciona la memoria de las naciones", dice. Navarrete considera necesaria una reflexión colectiva para discutir a fondo los nombres y buscar alternativas.


"Si ya no tiene sentido hablar de conquista, buscar una alternativa; si ya no queremos tener la estatua de Colón en la glorieta, pues la quitamos y ponemos una diferente. No se cae el mundo: las cosas cambian y lo importante es que sea una discusión abierta, pública, en la que se escuche todo el mundo y en la que se tomen decisiones democráticas".


LA TRINCHERA FEMENINA


Los cambios en la perspectiva histórica debieran reconsiderar la participación de la mujer en la fundación de México, aboga Navarrete. "Claramente Malintzin, doña Marina, la intérprete indígena, fue una protagonista de la conquista tan importante como Hernán Cortés o como Moctezuma. De hecho, no habría podido haber conquista si ella no hubiera hecho su labor de traducción. Entonces creo que sí hay que reconocer su papel como uno de los personajes más importantes de nuestra historia, y no sólo como traidora, sino como la persona que construyó los puentes y que permitió construir las alianzas que finalmente formaron la Nueva España y son el antecedente de lo que es México hoy.


En ese sentido, más que Hernán Cortés inclusive, la verdadera fundadora de lo que hoy es México es Malintzin", señala. Las mujeres, indica, participaron también en la conquista como guerreras en ambos bandos y como concubinas, ayudantes o acompañantes de los españoles, entre otras labores femeninas que deben ser reconocidas en la historia. "Muchas veces pensamos en la historia como algo que hacen los hombres y como las hazañas militares, pero nos olvidamos que los guerreros no lograrían nada si no hubiera mujeres que les dan de comer o que curan sus heridas después de la batalla. En México y en todo el mundo es urgente revalorar el papel de las mujeres".

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