Son las 4 horas, el aire iracundo azota contra la casa de lámina de dos habitaciones, misma que se aferra al suelo con ayuda de polines. Feliciano sabe que es hora de levantarse; observa a su esposa sumida aún en el mundo de los sueños, y se alista para una jornada más de trabajo.
Todas las personas buscan historias, buenas o malas, sobrias o confusas. A veces, esas historias están más cerca de lo que imaginamos. Èsta, se desarrolla en una bodega de la Mercado de Abasto Oaxaca.
Feliciano Cruz Hernández es cargador en un comercio de la zona de bodegas del principal mercado de Oaxaca, lo ha sido por más de 22 años, son tantos que en su brazo derecho le ha nacido vello, como protección para las cajas que levanta y que pesan aproximadamente 45 kilogramos.
Él forma parte de los más de mil empleados que laboran en la zona de bodegas de la Central, labora de lunes a sábado, de 6 horas a las 21 horas; 12 horas que le garantizan un sueldo semanal de mil 500 pesos.
Sin seguridad social, contar con un médico es un lujo que a veces no se puede aplazar; la última vez que su hijo se enfermó, se gastó alrededor de mil 200 pesos, entre medicamentos y consulta médica.
Es una más de las miles de personas que carecen de seguridad social ya que, según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en Oaxaca el 81.9 por ciento de los trabajadores lo hacen en el sector informal.
22
años lleva trabajando en la Central de Abasto
12
es la jornada laboral de Feliciano
1,500
pesos gana a la semana
45
kilogramos pesa las cajas que carga
Es decir, para este cargador de la Central de Abasto, el aguinaldo, reparto de utilidades y vacaciones, son un sueño.
En la bodega en que Feliciano se gana la vida venden plátanos, manzanas, peras, papayas, uvas, rambutanes, naranjas y chabacanos, y trabajan tres cargadores, además de tres personas que despachan.
Feliciano vive en la colonia Lomas de San Jacinto, pero nació en San Sebastián Nopalera, en la Costa de Oaxaca, en 1974. El terreno donde habita es propio, pero sin escrituras, y tampoco ha logrado construir una casa de concreto, tiene a su esposa y un hijo de dos años, a quienes “ama con el alma”.
Una jornada agotadora
Su labor comienza a las 6 de la mañana y termina a las 9 de la noche. FOTO: Miguel Maya
Durante el trayecto a su trabajo, Feliciano piensa en su vida, en sus recuerdos y anhelos.
Las escaleras que lo llevan a Santa Rosa son empinadas, de ida son un delirio, de vuelta, un martirio.
La bodega lo espera, fría y oscura, es su hogar, “no tengo estudios, tampoco terminé la primaria y cargar es lo que sé hacer; un trabajo difícil”.
Llega a las seis de la mañana, los rayos del sol aún no han aparecido, el frío es una constante a la que no se acostumbra. El mandil, las botas y, a veces, el “diablo” (carritos de carga) son sus herramientas de trabajo.
Checa las máquinas empleadas para que los plátanos apresuren su maduración. El sueño no desaparece, pero es hora de “darle”.
Tiene la sensación de que los días no pasan. Para Feliciano el tiempo se ha detenido.
El hormiguero
Durante tres horas baja las cajas de frutas de la bodega, el sudor se desliza en su cuerpo, es esbelto y moreno, fuerte a simple vista. La Central de Abasto tiene vida propia y Feliciano es una célula de ese ser.
Con el astro rey a plomo, algunas veces descarga los camiones de fruta, cuatrocientas cajas, tres personas, es una acción maratónica. Esta actividad le brinda un ingreso extra de 500 pesos.
Ya es de tarde, los pies comienzan a flaquear, no ha parado, “es la hora que ya me siento cansado”. Restan cinco horas de trabajo, hay que despachar, acomodar y "echar un poco de relajo".
Una buena comida apacigua su cansancio, el olor a huevos rancheros le causan mareas en la boca. La cantidad de calorías quemadas tienen que renovarse.
Feliciano Cruz Hernández, estibador en Central de Abasto. FOTO: Miguel Maya
El tiempo ha pasado volando, son las 21 horas, es hora de retornar a casa donde le espera una rica cena, un abrazo y un beso.
Seis horas de sueño esperan, deben ser suficiente para recargar energías. Durante 22 años han sido suficientes.
Planes a futuro
Feliciano tiene proyectos sabe que, a sus 43 años, pronto sus fuerzas no serán suficientes para trabajar como cargador.
Quizá una tienda o un puesto de frutas y verduras, “no lo sé”.
Desea proporcionar a su hijo una buena educación, “yo no tuve la oportunidad, pero él la tendrá”, entiende que no será fácil, pero le sobran ganas.
Ahorrar un poco es algo que parece inalcanzable, "vivimos la día, sin embargo, sabemos que lo tenemos qué hacer". Acepta, resignado, que la jubilación nunca llegará.
Es oriundo de San Sebastián Nopalera, en la Costa. FOTO: Miguel Maya
Una casa, es complicado, pero con esfuerzo las cosas se logran, “no tengo acceso a créditos, pero por mi esposa y por mi hijo, lo lograré”.
