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Con estancias cerradas en Oaxaca, abuelas entran al quite

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

El inicio de la contingencia hizo que la labor de médicas y enfermeras como Guadalupe Martínez no se interrumpiera, aún con hijas o hijos pequeños para quienes el servicio de guardería se suspendió.


Cuando el 24 de marzo pasado le informaron que hasta nuevo aviso se detenía el servicio de la guardería ordinaria que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tiene en la calle de Miguel Hidalgo, en el centro de la ciudad de Oaxaca, a Guadalupe se le cerró el mundo.


“Somos muchas mamás enfermeras, doctoras, del área de limpieza o asistentes del Hospital General de Zona Número Uno del IMSS que llevábamos a nuestros hijos a la guardería y de un día para otro nos dijeron 'ya no hay servicio', a pesar de que estábamos trabajando”, recuerda a casi cuatro meses de la vuelta de tuerca a su rutina diaria.


Apoyarse en la abuela


Guadalupe es una madre joven, de apenas 28 años, su esposo Guillermo, se mantiene laborando también en su consultorio dental, en el que atiende con previa cita.


Fue Socorro, la abuela materna, quien salvó a la familia que cinco días a la semana le llevan muy temprano a su nieto de tres años.


A pesar de ser una trabajadora jubilada, antes de la contingencia Socorro tenía sus propias actividades, como asistir a sus clases de natación que se suspendieron:


“Desde que cerraron la guardería fue un pensar de mi parte, pero a la vez tenía la solución, porque mi mamá se ofreció a cuidar a mi hijo y otras compañeras deben dejar a su hija o hijo con una vecina o contratar a alguien que apenas y conocen”.


Por cubrir descansos, Guadalupe ignora el área en la que cubrirá su turno. Se levanta cuando el reloj marca las 6:00 de la mañana y desayuna, porque nunca sabe si ese dia le tocará ingresar al área COVID, donde pasará hora sin poderse quitar el traje de protección personal para ir al baño o tomar agua.


Sortear riesgos


Ese riesgo constante que enfrenta Guadalupe hizo que su mamá Socorro le sugiriera cuidar a su hijo todo el tiempo que dure la pandemia, pero ella necesita verlo y pasar tiempo junto a su esposo.


“Desde que veo a mi hijo siento que todo vale la pena, lo veo sano, caminando, contento”, a diferencia de un niño de cuatro años que en estos días llegó al área COVID del Hospital del IMSS, “tiene todo los síntomas” y le hace preguntarse cómo se contagió: por recibir una visita o porque su papá o mamá decidieron salir con él al espacio público.


El estrés al levantarse es enorme: “Preguntarme si hoy me toca entrar al área COVID o no, parece fácil, pero no puedes ir al baño, no puedes tomar agua en el turno de ocho horas y si no hago bien las cosas, me puedo contagiar e infectar a mí familia, no es sufrir, pero si angustiante”, reflexiona.


Con el regreso al semáforo epidémico a rojo en Oaxaca, Guadalupe tiene claro que no existen las condiciones para que se labore “al cien por ciento”, así que con su esposo decidieron no llevarlo hasta que el color del semáforo llega a verde.


“Aunque las maestras y yo como mamá tome todas las medidas de prevención, no sé si también lo hagan otras mamás que convivan con mi hijo”, expresa una enfermera para quien el retroceso a semáforo rojo se debe a las personas a quienes les gana la indisciplina y no toman medidas de prevención.

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