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Chicapa de Castro: tragedia de pobres

Foto(s): Cortesía
Redacción

CHICAPA DE CASTRO, Oaxaca.- El viento pega con furia, levanta el polvo; el techo de lona de la casa de Lucina, apenas si resiste la embestida. El “norte” apenas comienza, pero la necesidad ha estado presente desde hace mucho.


Lucina del Carmen Morales Reyes, de 42 años de edad, no tiene esperanza de construir una vivienda; a ella no le dieron tarjetas. Vive en Chicapa de Castro, su casa está construida con una mezcla de materiales: palma, plásticos, lonas y láminas.


El terremoto de 8.2 grados del pasado 7 de septiembre los dejó sin lo poco que tenía su familia; “con el terremoto, a nosotros nos fue muy mal porque ya estábamos construyendo y se cayó todo lo que ya habíamos empezado”.


Sin embargo, esa fue su peor desgracia, no tener vivienda propia; “vivíamos en otra casa, pero la dueña dijo que aprovecharía para derrumbarla, ya que había maquinaria; y así, de la noche a la mañana, nos quedamos en la calle y sin apoyos”.


La respuesta de las personas que se encargaron de realizar el censo fue que como estaban construyendo, no podían ayudarlos; “dijeron que nuestra casa no podía ser tomada como daño, porque como está en construcción, no cuenta”.


Sólo les queda ahorrar, otra vez, como lo ha hecho toda su vida junto a su esposo Cecilio; “viviremos así, hasta que mi esposo pueda juntar algo para empezar a construir de nuevo”, afirma Lucina, al borde del llanto.



Entre escombros y ruinas... FOTO: Emilio Morales

Los tres hijos de Lucina están estudiando, por lo que la mayor parte del salario de su esposo, se va en los gastos para poder sostenerlos en la escuela.


Un año para olvidar


A pesar de que tenían planeado construir su casa provisional de palma, no le alcanzó para terminarla, pues para transportar el material utilizaban un remolque y una motocicleta, la cual se descompuso; “ahora está en el taller y no podemos sacarla por falta de dinero”, se lamenta Lucina.


Mientras Lucina intenta proteger su casa del polvo del viento, su esposo está en la calle buscando trabajo, de pescador, de campesino, balconero, de lo que encuentre.


“Con el norte se azota mucho, el polvo es intenso, además de que hace frío”, dice Lucina, quien también denuncia que a ellos el agente municipal de Chicapa de Castro no les ha ayudado en nada; “el agente municipal sólo está ayudando a la gente de su partido”.



En esta vivienda vive Lucina... y no tiene esperanza de construir una nueva. FOTO: Emilio Morales

Con tarjetas, pero sin fondos


Felícita y Francisca son dos hermanas, de la tercera edad, quienes viven frente a la agencia municipal de Chicapa de Castro; su casa se derrumbó y fueron beneficiadas con 120 mil pesos, de los cuales sólo han recibido 30 mil.


“Nosotros recibimos pérdida total, pero cuando quisimos retirar sólo nos aparecían 15 mil pesos de dinero y 15 de material, cuando nos habían dicho que serían 120 mil pesos”, dice Felícita Aquino Martínez.


Asegura que el martes fueron a revisar nuevamente la tarjeta y la situación sigue igual, no tiene fondos.



Felícita y Francisca, dos mujeres solas que buscan construir otra vez su patrimonio. FOTO: Emilio Morales

“Pero nosotros no tenemos dónde vivir y ya iniciamos la construcción de dos cuartos; pues llegaremos hasta donde nos alcance y esperemos que sí nos depositen el resto de lo que se nos prometió”, asegura mientras los trabajadores cortan las varillas, las únicas que quedan.


Las dos mujeres viven solas y se mantenían con la venta de totopos; sin embargo, los dos hornos que tenían se derrumbaron con el sismo. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas vino a tomar fotografías y prometieron ayudar con la reconstrucción de los hornos, pero hasta el momento no saben nada.


Felícita y Francisca sobreviven ahora con la venta de sus bordados y con la caridad de sus vecinos y familiares, con quienes duermen en las noches, porque en el día viven entre los escombros de su antigua casa.


Vuelven a la realidad


Por su parte, Isabel Jiménez no tuvo ningún problema con la entrega de los recursos para construir su nueva vivienda; sin embargo, no alcanzó. El cuarto que construyeron lo techaron con láminas, pues no fue suficiente para una loza de concreto.


“Mi marido es campesino y ahorita no hay trabajo. Ahora va a pescar y nada más trae para la comida. Antes, como de todos lados venía el apoyo, pues estábamos en la gloria”.


En Chicapa de Castro, al ser una agencia municipal, dependen directamente del municipio de Juchitán de Zaragoza, que hasta el momento, y según la declaración de sus habitantes, no ha cumplido con ellos.

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