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Centro de la ciudad, secuestrado

Foto(s): Cortesía
Redacción

“No te miento, llevo como 15 minutos dando vueltas por aquí a ver si encuentro un lugar, pero nada; ya  mejor lo voy a meter a un estacionamiento, de plano; están bien caros”, lamenta Paulina, turista de la Ciudad de México que visita a Oaxaca y no ha podido hallar un espacio para dejar su coche cerca del Zócalo o del andador turístico.


“Ya pasé por aquí dos veces; vengo bajando de esta (calle) donde está el teatro y no, nada”, dice con desesperación, mientras pone sus intermitentes para atender la pregunta, estacionada en doble fila sobre 20 de Noviembre.


A esta situación se enfrentan día con día centenares de personas que, por una u otra razón, tienen que pasar por el primer cuadro de la capital. Por trabajo, por hacer las compras o simplemente por esparcimiento, la gente llega hasta el centro de la ciudad y lo encuentra saturado o coartado.


“Quise ponerlo, pero están  estas cosas, como fierros, y pues me imagino que si las muevo, alguien va a venir a reclamarme… mejor así que se queden”, señala Andrea, de Matías Romero, quien busca estacionamiento en calle Aldama para dejar su coche e ir por café y mezcal al mercado 20 de Noviembre. Evidentemente, no ha encontrado.


Los propietarios de negocios de las calles del centro, muchas veces colocan objetos para separar el lugar y evitar que la gente estacione sus vehículos con la justificación de que quita vista a sus locales. Esta medida impide el libre aparcamiento y solo genera carga vehicular.


“¡No, está bruto, bruto!, y luego estos que se ponen en doble fila pues menos; supongo que aquí sí cabríamos dos coches, pero como éste está esperando, pues ya nomás queda este lado pa’ pasar”, se queja el conductor de un Sentra gris que, mientras espera su turno en la calle de Colón, entre Armenta y López, y Fernández Fiallo, expresa su opinión.


Ponen lo que sea


El objetivo de esa medida es evitar el libre aparcamiento, incluso ya se le conoce como obstrucción de vía pública. Sin embargo, las autoridades no han tomado medidas para lograr que los puestos ambulantes y los comerciantes establecidos dejen paso al libre tránsito por las calles del Centro.


Rines soldados a tubos que sostienen letreros con la leyenda “No Estacionarse”, cubetas y botes llenos de concreto o hasta botes de suavizante y estructuras metálicas de lo que alguna vez fueron sillas, pueden verse colocadas obstruyendo los lugares de estacionamiento.


Hay quienes van más allá y han perforado el asfalto para meter allí tubos de los que cuelgan cadenas que hacen imposible estacionarse. No importa cómo, para que luzca el negocio y nadie se pare frente a él, los comerciantes ponen lo que sea.


Espacio robado


El crecimiento desmedido del número de comerciantes que han invadido el primer cuadro de la ciudad, es también un factor que hace imposible ya no sólo andar en coche por las calles de la capital, sino también andar a pie.


“Ya, el único lugar donde puedes caminar bien, es el andador y tantito el Zócalo; la verdad sí es hartante que teniendo una ciudad tan bonita, turística, la arruinen los vendedores. Se tiene uno que bajar de la banqueta porque abarcan todo”, se queja una ciudadana que, entre risas, se niega a dar su nombre.


Por otro lado, hay quienes creen que la complicada movilidad es un problema de fondo que viene “desde arriba, desde las autoridades". O por lo menos así lo ve don Carlos, vecino de Santa Lucía del Camino que lleva años visitando el centro de la capital.


“No han hecho nada por regular esto, incluso yo se de casos de gente, conocidos míos, que han trabajado en el Ayuntamiento y me platicaban que, por cierta cantidad, se dan permisos para vender o para apartar los lugares de estacionamiento. ¿Y qué pasa cuando hay ambulantes? Pues hay un lugar menos para estacionarse y si viene uno a las carreras pues debe uno ponerse en doble fila, mientras en la banqueta no se puede caminar porque son angostas y están los puestos… es un problemón”, sentencia.

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