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Central de Abasto: reto a la muerte

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una selva, solo que de asfalto, donde la irracionalidad se hace presente en cada conductor que atraviesa el área, eso parece la Central de Abasto. Zona, en la que el peatón no tiene valor alguno, lugar donde se reta a la muerte


Insultos y hasta amenazas


Por cuestiones de temporada, parte del carril donde ingresan los taxis foráneos que provienen de municipios ubicados al oriente de la capital, fue cerrado al paso de los mismos por la instalación de comercios ambulantes.



Los usuarios deben abordar o bajar de los vehículos a media calle, lo que pone en riesgo su seguridad  FOTO: Emilio Morales Pacheco

Ello incrementa la aglomeración de tráfico; al caos, contribuyen los autobuses del servicio de transporte público urbano y suburbano, automóviles particulares, camiones de carga y todo tipo de vehículo motorizado que atraviesan la ruta y saturan el rumbo.


Los grandes sacrificados siempre son los transeúntes, quienes atraviesan el crucero que forman el Periférico, Avenida Central, Las Casas y Trujano con el alma en un hilo y el temor de ser víctimas de la irresponsabilidad de los conductores.



“Mire nada más esos desgraciados camioneros, pasan como si tuvieran dolor de estómago, ni siquiera se fijan si viene alguien o no, una debe andar rifándose la vida cuando atravesamos la Avenida Central”, dice Martha Silva, comerciante de la plaza Tepepan.



Los autobuses urbanos son parte del gran problema que enfrenta el peatón; los choferes circulan sin precaución por el rumbo  FOTO: Emilio Morales Pacheco

Agrega que la Policía Vial apenas manda un par de elementos para tratar de controlar el paso de vehículos, pero a las horas pico, aún con ellos presentes, los conductores siempre hacen de las suyas.


“Es que a los pobres agentes viales los envían a aligerar el tráfico y de paso a meter al orden a los camioneros y colectivos; pobres, no se dan abasto, aquí cada quien se defiende de estos cafres, que además te insultan y hasta amenazan”, expuso.


Imprudencia y muerte


Y en ello coincide Javier Juárez, cuya necesidad de transbordar de colectivo a autobús para llegar a su empleo, hace que diariamente pase por la central.


“Hace poco, sobre el camellón había un indigente, de esos que se drogan muy seguido; como a las 7 de la tarde, el desesperado conductor de una camioneta quiso retornar porque había congestionamiento y sin importarle se saltó el camellón, no alcanzó a ver al indigente y lo atropelló”, comentó.



Añadió que nadie detuvo al imprudente chofer; lo peor, la policía vial nunca se apareció. “Aquí, como en la jungla, domina el más fuerte y los peatones frente a todo conductor, del vehículo que sea, somos los más débiles”, manifestó.


Colectivos y urbaneros, los más ruines


Amparito Jiménez tiene 67 años de edad; todos los días, canasta en brazo, cruza el peligroso crucero a eso de las 7:30 de la mañana; ella vende dulces de semillas, su caminar ya es lento y su más grande temor es morir bajo las llantas de un vehículo en su paso por la Central.



Continuamente se registran accidentes por la imprudencia de los conductores; el peatón no es respetado

“He recibido gritos ofensivos de los taxistas y hasta me avientan el carro cuando atravieso; ellos y los camioneros son los más atascados, el policía solo dice 'apúrese a pasar señora'; ni los animales son tan malos como esos choferes”, mencionó.


Los motociclistas no se quedan atrás


Como si fueran dueños del asfalto, cada vez son más los motociclistas que circulan a toda velocidad en la Avenida Central, se saltan los camellones y atropellan a los caminantes.


Jesús López ha sido víctima constante de ellos y también testigo de que en ese lugar no hay autoridad que valga.



“Como si fuera poco lo que padecemos con camiones y colectivos, ahora debemos soportar a los motociclistas que ya se le emparejaron en arbitrariedades; si no, fíjese cómo se meten entre los carros y avanzan sin importarles el alto y la gente que va cruzando las calles”, acusó.


Jesús es comerciante del lugar, por lo que diariamente es testigo de algún hecho de tránsito que evidencia la insensatez de los conductores, el estrés que priva entre los mismos y el riesgo con el que camina la población que recorre el área.


“Entre más pasan los años, mayor es el problema. En lugar de que las autoridades logren el control y orden de este tipo de problemas, aumenta; falta valor para aplicar la ley como se debe”, puntualizó.

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