En la zona comercial de la Central de Abasto reinó el caos tras tras el desbordamiento del Río Atoyac en las inmediaciones del corazón de abastecimiento de los oaxaqueños. Luego de las lluvias registradas en Oaxaca el fin de semana, autoridades viales y municipales cerraron el paso en distintos puntos de la carretera que corre sobre las riberas de Atoyac por las inundaciones registradas.
Con el fin de evitar que automóviles se quedaran atrapados en las aguas, las autoridades cerraron el paso bajo los puentes Porfirio Díaz, Bicentenario, IV Centenario y del Instituto Tecnológico de Oaxaca; la medida desencadenó el desorden en la Central de Abasto y alrededores.
Día de mercado
En medio del caos causado por las lluvias y el desbordamiento del cauce del principal río de la capita, las calles que circundan a la Central de Abasto se llenaron de marchantes gritando, en todas direcciones aparecían trabajadores empujando diablitos, los clientes no tuvieron dónde estacionarse así que dejaron sus autos en doble fila con las luces intermitentes encendidas. Aparecieron indigentes que escarban en los cúmulos de basura que aparecen en las esquinas.
Los motociclistas y ciclistas no respetaron la áreas peatonales, usaron las banquetas para abrirse paso entre el desorden. La gente cargaba y descargaba mercancía reduciendo el paso en las calles que se transitaron en doble sentido y el tráfico se aglomeró con los colectivos y autobuses que debieron modificar la ruta para llegar a su destino.
Los visitantes y marchantes argumentaron que el paso por la Central se ha volvió más conflictivo a partir de las horas que se cerró el paso bajo los puentes en Riberas de Atoyac.
Manuel Castaño tiene 15 años empujando diablitos en la Central, mientras está atento al paso de autos y motos dijo “Nunca se había visto esto. De por sí la zona siempre está fea y tiene muchos problemas de inseguridad, ahora se ha vuelto más peligroso trabajar aquí. De todos lados salen carros, motos y camiones, no hay un orden":
Los trabajadores de la zona coincidieron que las autoridades no son capaces de ordenas a policías a coordinar y evitar el desastre. "Ni los perros pueden pasar, no tarda en haber atropellados, estoy seguro. Mientras la gente no sea amable y no ceda el paso, obliga a uno a echarles el diablito. Yo así le hago, como si trajera carro les aviento el diablito hasta que alguno se frena y entonces corro. Es estresante”, relató el diablero.
Varios policías viales vigilaron que nadie se pasara las cintas con las que prohibieron el paso por debajo de los puentes. Mientras, sobre los barandales del puente Porfirio Díaz se asomaban las personas preocupadas y toman fotos al las aguas que pasan del río Atoyac, las cuales deslavaron ya los camellones que separaban el cauce de las calles.
