Pasar al contenido principal
x

Cantos y flores para los muertos de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Le dicen el Charro Negro y desde hace más de diez años, su presencia es imprescindible en los Lunes del Panteón, una tradición que prevalece en la capital de Oaxaca, como parte de las festividades de los fieles difuntos.


Benito, el Charro Negro, se acompaña por su guitarra y bafle. Como lo amerita la ocasión, se forra en el pantalón negro de botonaduras brillantes, camisa norteña, pañoleta al cuello, tejana a la cabeza y a la bolsa el repertorio de "mil canciones de tumba”.


Para el hombre, esta es una de las mejores temporadas en su trabajo como cantante urbano, pues, extrañamente, se le canta más a los muertos que a los vivos.


“Así podríamos decirlo, porque nos piden más canciones en el panteón que cuando andamos en los restaurantes o en la calle. Claro, la música es para vivos, porque el muerto ya no nos escucha”, explica.


Entre lágrimas y flores



Familias enteras asisten al panteón. FOTO: Román Carlos

Como ya es tradición, el primer lunes de panteón se celebra en el barrio Ex Marquesado. Una veintena de puestos flanquean las 850 tumbas en donde descansan miles de almas.


Las calles que conducen al camposanto se pintan de flores. Se perfuman con el aroma de los molotes de papa con chorizo, de empanadas de amarillo, del níspero que se expende a 20 el ramito y la cera que cae derretida por flamitas.


Adentro, el llanto de los deudos recientes se mezcla con la alegría de quienes llegan año con año a convivir sobre la tumba de sus seres queridos, fallecidos décadas atrás.


El Charro Negro recorre las tumbas tocando requintos y ofreciendo “Ella”, “Entre copa y copa”, “Aquí todo sigue igual”, “En el último trago”… cinco canciones por cien pesos.


En estas fechas, la música en los panteones se vuelve un elemento fundamental que acompaña el dolor de quienes recientemente perdieron a un ser querido.


Un recuerdo para Ericka



Benito, el Charro Negro, les canta a los vivos para recordar a los muertos.

Víctima de un accidente automovilístico, el año pasado murió Ericka, una joven de 30 años de edad. Frente a su tumba, las estrofas van cayendo dolorosas, cargadas de sentimiento.


“Toda una vida me estaría contigo,


no me importa en qué forma,


ni cómo, ni dónde, pero junto a ti.


Toda una vida, te estaría mimando ...”


Las lágrimas escapan sin control de los ojos de la hermana de Ericka, quien aún no logra superar el golpe de la partida, aunque resignada expresa: “Sólo Dios sabe por qué suceden las cosas”.


Para quienes cantan en el panteón, el sentimiento que imprimen es aún más especial y es aquí, aseguran, en donde encuentran el mejor escenario para cantar; “en donde todos, hayan sido ricos, pobres, buenos o malos, todos son iguales. Aquí no hay distinción”.


Dominar el sentimiento



El Ex Marquesado abre los lunes del panteón en Oaxaca. FOTO: Román Carlos

-¿Ver el sentimiento con el que reciben la canción, no lo ha hecho llorar?


-No, fíjese que nos tenemos que aguantar. Tenemos que dominar el llanto.


-¿Nunca se le ha escapado una lágrima?


-En el Panteón Jardín me ha tocado ver que las personas más adultas lloran cuando escuchan “Cruz de olvido”, “La Barca”, pero también dependen de cómo canta uno, si le imprimimos sentimiento. En esos momentos nos llega el sentimiento, pero hay que hacerse fuerte.


Los sepulcros se van llenando de flores nuevas, de lucecitas que bailotean con el viento y el copal. La fiesta apenas inicia y se replicará el siguiente lunes en el panteón de San Martín Mexicápam, San Juan Chapultepec y finalmente en el panteón del Barrio de Xochimilco.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.