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Camino a Juquila, un acto de fe

Foto(s): Cortesía
Redacción

SOLA DE VEGA.- Llegar a Santa Catarina Juquila es un acto de auténtica fe. En la ruta de esparcimiento que promociona la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico (Styde) no hay señalamiento que indique la novedad ni mucho menos que conduzca al destino religioso, que se “vende” por sí solo.


En cambio, hay baches en la carretera, principalmente en la vía federal 131, Oaxaca-Puerto Escondido; prácticamente ninguna obra extraordinaria que permita a los paseantes descansar, tomar alimentos, realizar sus necesidades fisiológicas.


Pero principalmente fueron olvidados los viandantes. Aquellos de pan, tortilla, frijoles y mucha fe, que año con año cruzan por miles caminos, laderas, montañas y ríos para venerar a la Virgen de Juquila.


La única que sí tuvo fe es una mujer de Sola de Vega, que a cambio de prestar su predio, prácticamente se sacó la lotería: la Styde le entregó un parador turístico, el único en la ruta, el que administra con todo y sanitarios… pero a pesar de ello, no lo usan los peregrinos.


Sólo promesas


Uno de los ofrecimientos del entonces titular de la Styde, José Zorrilla de San Martín Diego, fue consolidar 10 rutas turísticas para los paseantes, entre ellas del mezcal, de las artesanías, ecoturística, religiosa, éstas que se pusieron en marcha en su mayoría en servicio el año pasado.


Según informó recientemente la actual responsable de Turismo estatal, Ángela Hernández Sibaja, en el sexenio se destinó una inversión de tres mil 214 millones de pesos en el fortalecimiento de la conectividad aérea, obras de infraestructura y equipamiento turístico. Tan sólo en esa ruta se asignaron 220.6 millones de pesos, sin precisar en qué.


En el caso de la “Ruta de la fe”, la dependencia expone que la religión católica es una fuerte influencia en la vida cotidiana de la religión, proporciona una cohesión social y ofrece un apoyo espiritual a su gente.


“Si te motiva el fervor, estás en uno de los mejores lugares del mundo para pasar tus vacaciones. En la ‘Ruta de la Fe’ destacan dos colores que acompañan tu recorrido: el verde, que forma parte del escenario incomparable de sus montañas y valles, y el azul de sus ríos y arroyos”, expone.


Está integrada por siete comunidades e inicia con Zimatlán de Álvarez, luego San Pablo Huixtepec, Ayoquezco del Aldama, San Sebastián de las Grutas, Villa Sola de Vega, San Pedro Juchatengo y Juquila.


Sin embargo, en ninguno de los casos, ni desde la salida en la capital ni en la bifurcación de las carreteras 175 y 131, hay letreros que indiquen la existencia de dicho esquema de visita; en casi 100 kilómetros no hay paraderos específicos.


Los beneficiados


Quien sí tuvo fe suficiente fue doña Victoria Rodríguez. A la altura del kilómetro 98.5 hay un parador turístico, para los peregrinos, único inmueble construido a lo largo del tramo hacia Juquila; el siguiente está en la cuna de la virgen.


Cuenta con cocina y amplia área para comedor, un módulo de sanitario y una casa de descanso. Sin embargo, prácticamente lo administra un particular.


“Nosotros pusimos el terreno y nos quedó la construcción; si hay gente, sí trabajamos, pero lamentablemente no hay. Falta gente; no llega, a pesar de que doy muy baratos los alimentos, preparo de todo un poco pero no hay”, explica la mujer.


La construcción duró tres años y fue hasta noviembre del año pasado en que fue inaugurado; cuenta con estacionamiento, módulo de sanitario y una cabaña de descanso, que no se ocupa. La fe de la señora Victoria es la única que triunfó en la ruta.


Carretera, un calvario


Si por carretera se trata, los 249 kilómetros hacia ese municipio son un martirio; a los tradicionales y múltiples topes, se suman los baches, y sólo en pequeños tramos las instancias correspondientes han efectuado el mantenimiento respectivo.


Un tramo de unos100 metros de longitud desapareció justo en Ayoquezco de Aldama, por lo cual los vehículos tienen que sortear y entrecruzar carriles para librar las hondonadas. En los siguientes tramos no hay ningún señalamiento ni área de descanso, ni siquiera en “El Vado”, zona donde pudo haberse instalado un espacio ecoturístico o una galera de descanso, pues el río que lo atraviesa, aproximadamente en el kilómetro 55 de la carretera, lleva agua todo el año.


“Las autoridades deberían poner más atención y hacer su trabajo. Todos los días sufrimos los baches y hoyos; los carros se descomponen a cada rato y nadie se hace responsable, ni la SCT ni CAO (Caminos y Aeropistas de Oaxaca)”, refieren transportistas de pasajeros a Juquila.


En Sola de Vega, el gobierno municipal ocupó 4.3 millones de pesos en otros asuntos, como ampliar una brecha hacia propiedades del edil Juan Silva, bajo el argumento que forma parte de la “Ruta de la fe”.


Dicha ruta es la que desciende del Camino Real a Yenezala y Sola; una parte pasa por la calle Chapultepec; otros ocupan una brecha cercana, que es la que no fue abierta.


En marzo de 2013, pobladores de San Andrés Zabache pidieron por escrito al gobierno, apoyo para mejorar justamente esa ruta, que desciende hasta la Segunda Sección de Sola de Vega, a fin de evitar accidente a los peregrinos; de acuerdo con los pobladores, les fue autorizado 450 mil pesos para trabajos de rehabilitación, pero éstos nunca llegaron. En tanto, el edil ocupó recursos de la “Ruta de la fe” para embarrar de asfalto el acceso al municipio y la calle hacia su casa.


La ruta de los pobres, en el olvido


La ruta de los pobres no fue tomada en cuenta por funcionarios de la Secretaría de Turismo. Ésta inicia a pie en la capital del estado y lleva aproximadamente cuatro días. Atraviesa por la vía federal 131 hasta San Bartolo Coyotepec y llega hasta Zimatlán de Álvarez, donde la mayoría realiza la primera parada; toman por el Camino Real y cruza el resto de localidades del valle zimateco, hasta llegar a Santa Cruz Nexila.


“No joven, acá la gente llega y busca cómo acomodarse; pronto van a comenzar las peregrinaciones pero el gobierno ni esperanza que los ayude. Acá el pueblos entiende y los respalda, principalmente la iglesia, que les ofrece algo de comida, pero nada más”, dice Flavia, una mujer que ronda la zona.


En los corredores y en la explanada municipal, realizan otro descanso, éste mayor, donde la mayoría recupera fuerzas, sana lesiones, duerme un rato y toma más provisiones y reanudan el camino, escasas horas después, con rumbo a “El Vado”, zona llena de árboles ahuehuetes y un caudaloso río que desciende de la Sierra Sur.


De ahí viene la parte difícil, atravesar el cerro “El Obispo”, para caer a Sola de Vega, por una vereda; un nuevo descanso para reanudar hasta Juchatengo, donde termina la ardua jornada, que se reanuda a Santa María Yolotepec, y ya a unos pasos Juquila. A lo largo de esa ruta, no hay ni letreros ni letrinas ni áreas de descanso ni nada.


$220.6 mdp


Destinados a la “Ruta de la fe”


5.8 mdp


Costó parador turístico en Sola de Vega


2.5 millones


De personas acuden a Juquila

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