La prostitución llegó a Oaxaca a finales de 1800, aquí no se conocía ese oficio, y se ubicó en la calle de Allende, casi esquina con Porfirio Díaz, donde después se estableció una cantina El Hawai, en esa casa existió lo que le llamaron en ese entonces la “Casa de las Poblanas”, porque trajeron a personal de Puebla de los Ángeles.
El poeta e historiados, Octavio López, indicó que las jóvenes estaban bien pintadas, con buena presentación, “era algo nuevo para Oaxaca que nunca había visto lugares como estos, el cual estaba apartado y fuera de la ciudad, cerca del Barrio del Peñasco, además que no había casas y estaba muy abandonado”.
En el lugar se desarrollaron hechos bochornosos, pero con moderación, porque el gobierno les daba permiso a las dedicadas a ese oficio, con la condición que no podían salir a la calle, estaban resguardadas en la casa, “si salían a comprar, lo hacían en carruajes, y la gente las señalaban, por su manera de vestir y por la manera que las conducían los caballerangos de aquella época”.
Era un lugar como todos los antros de prostitución, donde llegaban desde los más humildes, hasta el más encumbrado político de aquella época, conoció esos lugares.
La mayoría de las mujeres que trabajaban en 1900 tenían una edad de 22 años aproximadamente.
LA ZACATERA
A finales de 1950 en la última calle de Mier y Terán que hacía esquina con Mina, las cuales no tenían salida en aquel entonces, se le conocía como “La Zacatera”, porque ahí vendían zacate y todo lo relacionado con pastura para el ganado.
En ese lugar se ejercía la prostitución, “eran cuartos rústicos, donde la mujer que se dedicaba a este oficio y que tenía un catre, era de lujo, porque las demás usaban petates”.
LAS CHICAS DE TRUJANO
Entre 1953 y 1955 las cambiaron de lugar y las pasaron a la calle de Trujano, así como Díaz Ordaz, Mier y Terán y Galeana, “estaban sentadas en sillas ofreciendo sus servicios a los varones que pasaban o buscaban sus favores”.
Los propietarios de las casas que se ubicaban en esas calles, eran los que ofrecían el servicio de dormitorios o alojamiento, para que ellas hicieran su trabajo.
Sin embargo, por estar en un lugar muy transitado, se consideraba faltas a la moral el trabajo que realizaban, por lo que fueron cambiadas de lugar.
EL PUEBLITO
Es así como llegan a la Privada de Las Casas, “El Pueblito”, el cual era un lugar muy apartado en el que para llegar se tenía que entrar por Galeana o dar la vuelta por la calle de Trujano, hasta la vía del Ferrocarril, ya que muchas de las calles actuales no tenían el acceso que tienen ahora.
Cuando fue presidente municipal, Agustín Márquez Uribe, fue clausurado, el motivo, fue un asesinado en una de las muchas cantinas que había en ese lugar, “el pueblo preguntaba porque hasta entonces, cuando eran cotidianos los asaltos, lesiones con armas blancas y asesinatos, y las autoridades nunca habían hecho nada por corregir esa situación”.
Iniciaban actividades desde las 08:00 y terminaban hasta las 22:00 horas, “había algunas que se quedaban en el dormitorio; era peligroso porque existían bandas, que por dos o tres pesos apuñalaban a la gente”.
“Había enfermedades, hasta cierto punto benignas, como: chancros, gonorrea, el paso del ganso, ladillas, cuyo antídoto era la penicilina, no se conocía el condón, simplemente el aseo genital que las damas de este oficio, le proporcionaban a sus clientes”, dijo.
En el área se daban cita aproximadamente 200 mujeres de todos los físicos, rasgos, colores y sabores; las más económicas eran de 10 pesos y las más caras fluctuaban entre los 25 y 30 pesos.
“La llegada de una nueva, era todo un espectáculo, se formaban como si fueran a entrar al cine y esperaban pacientemente hasta que les tocaba su turno”, indicó.
Mujeres que con este oficio sacaban adelante a sus familias
Las más famosas
De las más famosas de la época, recordó a “La Cavernaria” y “La Caguama”, quienes eran las de más experiencia, ya que iniciaron en “La Zacatera”, así como las hermanas conocidas como “Las Copetonas” “quienes cargaban una peluca así como la que utiliza la esposa de Homero Simpson, solamente que la de ellas eran rubias, de quienes decían que tenían una flotilla de automóviles y departamentos, en la Ciudad de México”.
Las calles no eran higiénicas, había charcos, que se formaban con el agua sucia que tiraban las mujeres a la calle, producto del lavatorio que hacían a sus clientes.
“Era un lugar cosmopolita, tanto para hombres como mujeres, ya que estaba escondido a las miradas indiscretas de la sociedad; los cuartos medían dos por dos, pro eso los caseros hacían negocio, ya que en un cuarto normal cabían hasta seis cuartos”, comentó.
Después de la clausura de “El Pueblito”, se registró una epidemia de prostitución en el Zócalo de la Ciudad, “las prostitutas formaron organizaciones para ejercer su oficio.
“La calle de Zaragoza, que iniciaba operaciones, se vio saturada, se convirtió en una mina de oro para los hoteles de paso que siguen existiendo en la actualidad”.
LOS PETATITOS
Casi en 1960 en Colón, a unos metros para llegar a los Siete Príncipes, estaba ubicado “El Pipe” o Los Petatitos”, porqué ahí ejercían las mujeres en petates y no en camas.
No eran unas prostitutas abiertamente como se les conoce actualmente, sino eran personas que venían de los pueblos y que por ganarse dos o tres pesos, iban a ese lugar y daban sus servicios, los cuales no eran durante todo el día, ya que llegaban y si había algún cliente por ahí, a ese lo atendían y se iban para su rancho.
COSTA BRAVA
Sobre la calle de Refugio, pasando Abasolo y el puente Marcial Salinas, ya casi para llegar al Panteón General, ahí se encontraba el Costa Brava, “en aquel entonces, la gente iba por la música, tomar, y también por tener algún contacto sexual".
Cuentan que en aquel tiempo había una mujer que hacia su variedad, “salía vestida de Caperucita Roja, con una canasta y con un ganso, hacía su variedad y el ganso era el que tenía relación sexual con ella, esa era la tradición de ese famoso Costa Brava”.
PLAYA AZUL
En Santa Anita se encontraba el Playa Azul, similar al Costa Brava, “era cantina y alguna variedad de música, no se conocían en ese entonces, o no había tanto desfogue como actualmente que hacen desnudos, las mujeres andaban con ropa mínima, luciendo sus atractivos, para llamar la atención del cliente”.
EL COZUMEL
En Santa Rosa Panzacola se ubicaba el famoso Barco, El Bar Cozumel, “así le llamaban, vamos al Barco, ahí fue donde hizo historia “Aldo Rey y su clan”, de joven, ahí fue donde él y toda su palomilla, armaron las grandes canciones que se conocen en la actualidad de Aldo Rey, entre todos ellos hacían su música, arreglos, que fueron un éxito.
En las fotos con libros en la mano, aunque no supiera leer.
RÍO ROSA
Un antro que estaba enfrente del Cozumel era el Río Rosa, donde daban el mismo servicio que el barco, había otros más escondidos y que trabajaban en la clandestinidad.
“La prostitución sigue reinando, venga una autoridad u otra, clausuren un lugar u otro, fuera de la ley, vuelven a surgir esos antros, así es que si cerraran alguno de los vistos en la calle, pasado mañana, a dos o tres cuadras abren otro, porque la prostitución se considera como un mal necesario, y creo que sí, que es un mal apremiante para la humanidad, para el desfogue de los varones, aunque ahora también hay ciertos lugares para la prostitución masculina, donde las mujeres van a buscar ese servicio”, concluyó.
