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Anarquía vehicular en la central de abasto

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

La contaminación atmosférica, el tiempo muerto de traslado de nuestro domicilio a los distintos lugares de destino, los accidentes peatonales como de automovilistas, la inseguridad, el caos vial y una mala calidad de vida, son consecuencias de la falta de movilidad urbana en la capital del estado.


La central de abasto, uno de los puntos de mayor congestionamiento vehicular, es sólo un ejemplo de la mala planeación para el desplazamiento efectivo de personas y vehículos.


En torno a unos cientos de metros cuadrados, la aglomeración de personas y automotores del servicio particular y transporte público, generan una serie de problemas a las personas, que redunda en la calidad de vida de los capitalinos.


Personas en tránsito de los municipios conurbados al mayor centro comercial de la ciudad capital, pasajeros que utilizan el lugar para el transbordo del servicio urbano de pasajeros, miles de unidades de camiones, camionetas y taxis colectivos en permanente servicio, así como miles de personas caminando por la zona, generan un caos que nadie ayuda a ordenar.


Esto, a pesar de que, de acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU), en su Reporte Nacional de Movilidad Urbana en México 2014-2015, más allá de la dimensión económica, la noción de ONU-Hábitat sobre prosperidad urbana está vinculada a una nueva visión de la ciudad en el siglo 21, donde el centro es el ser humano, y por lo tanto, la prosperidad rescata valores de solidaridad, pertenencia y colectividad; por lo que resulta estratégico impulsar la gestión de la movilidad urbana en los próximos años.


La "ley de la selva"




Las policías viales sufren "las de Caín" para mantener el orden en el transitado crucero. FOTO: Carlos Román Velasco

Sobre la carretera que va del crucero de la central de abasto al Parque del Amor, cientos de taxis colectivos que cubren las rutas a Santa Cruz Xoxocotlán, Cuilápam de Guerrero, Villa de Zaachila e intermedios, invaden hasta la totalidad de la cinta asfáltica para poder subir pasaje, en el acceso que se ubica exactamente atrás del estacionamiento del mercado.


Dos agentes de la policía vial, mujeres, intentan poner orden entre los conductores, pero todo es en vano. Un pequeño descuido y la fila de taxis colectivos alcanza a cubrir la carretera, obstruyendo a los automovilistas que circulan hacia el sur de la ciudad, pero además, generando contaminación ambiental y auditiva.


“Nadie obedece el reglamento; si por ellos fuera, se iban a dar la vuelta hasta el otro extremo del crucero para pararse aquí”, señala la policía de mediana edad, de tez morena, quemada por tanta exposición al sol, que insiste a los automovilistas respetar la fila o seguir su camino por el Periférico.


“Además, son muy groseros; se molestan si uno les dice que avancen, pero no pueden levantar pasaje aquí”, añade la uniformada más joven.



Y no pasa mucho tiempo para comprobar la denuncia. Molesto por la indicación de la policía para que avance por el Periférico, el conductor de un taxi colectivo le echa intencionalmente el automóvil a la representante de la ley.


Mientras el conductor del sitio Libre de Oaxaca, número 422, sube pasaje en medio de la carretera; y una camioneta del Servicio Panamericano, con número económico 94-144, invade el camellón central para ganar el paso a un camión del transporte urbano.


El puente vacío




El puente peatonal, solo y abandonado. FOTO: Carlos Román Velasco

Pero si los automovilistas aplican su ley en el crucero de la central de abasto, los transeúntes no se quedan atrás. Cruzan las distintas calles por donde se les pega la gana, intentan ganar los cambios de luz a los semáforos, corren sin mayor precaución para alcanzar el transporte urbano que los lleve a sus destinos y, sobre todo, mantienen el puente peatonal que se ubica en el lugar, como un monumento a los adefesios.


En 15 minutos, cientos de personas, algunas con niños en brazos, jóvenes, niños o adultos mayores, corren a través del pavimento para lograr su cometido, a pesar del peligro de una caída o ser atropellado por los automóviles.


El policía vial Gregorio Mendoza asevera que el puente peatonal está muy alto, por eso no lo utilizan las personas. “Muy pocos lo utilizan, está demasiado alto”.




El agente vial Gregorio Mendoza señala que las personas no utilizan el puente "porque está muy alto". FOTO: Carlos Román Velasco

“Nosotros le damos el paso a la gente, hacemos todo lo posible para que no sufran un accidente; también vemos que los autobuses no se queden mucho tiempo parados aquí, porque detienen el tráfico vehicular; y que los colectivos no suban o bajen pasaje donde quieran”.


Aunque su compañera disiente de su apreciación y manifiesta que las personas flojas no utilizan el puente. “Muchos son jóvenes, están fuertes, y no lo utilizan por flojera; ya ni los adultos mayores”.


Miles de automóviles


De acuerdo con el estudio de movilidad urbana para la justificación del Sitibús en la ciudad de Oaxaca de Juárez, en la capital del estado existen alrededor de 114 mil vehículos, 102 mil particulares y el resto de transporte público; sin embargo, las vialidades de la ciudad no están pensadas para esa cantidad de vehículos, menos para la anarquía del transporte público.


El servicio de transporte en este punto de la ciudad está integrado por miles de unidades del servicio particular, taxis foráneos, camionetas de carga y pasaje, camiones del transporte urbano y suburbano, así como taxis de la capital.


En días de plaza hay una afluencia de 25 mil personas entre comerciantes y compradores, que requieren espacios adecuados y seguros para su desplazamiento, así como un servicio eficiente de transporte público, que les permita llevar a cabo sus actividades en las mejores condiciones posibles, con mejor calidad.


El transporte


- Camiones de pasaje urbano y suburbano


- Taxis colectivos y de la capital


- Camionetas de carga y pasaje


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