Oaxaca.- Es sencillo llegar a la colonia Primera Ampliación Santa Cruz. Pero es toda una odisea subir las empinadas calles hacia las casas.
Casuchas de material sencillo en su mayoría, que hasta el momento no cuentan con agua potable; mientras que la energía eléctrica apenas este año será posible, tras una década de fundado el asentamiento.
La colonia Primera Ampliación se localiza en las faldas de un cerro perteneciente al municipio de Santa Cruz Amilpas y colinda con el fraccionamiento El Rosario, éste de San Sebastián Tutla; está a escasos tres kilómetros del centro de la capital
Fueron los comuneros quienes lotificaron y vendieron, literalmente, parte del cerro, un montículo de piedra y tierra blanca, muy difícil de habitar; 10 a 15 mil pesos cada pedazo de cerro, que gente de escasos recursos fue pagando en módicas mensualidades. Aquí no fueron “paracaidistas” tradicionales.
Pero en esa década se logró el “milagro” de poblar el asentamiento, e incluso ya hay algunos hogares construidos de tabicón y cemento. Aunque tener agua potable es una auténtica misión imposible.
Piedra y polvo
Sobre la calle Camino Real y hacia lo alto se encuentra la colonia, con un centenar de viviendas aproximadamente, casi todas con lámina metálica, madera y palos; muy pocas construcciones formales.
Un vehículo de motor particular apenas si logra subir una cuadra y el resto se tiene que hacer a pie, porque todo es tierra suelta blanquizca y piedras pequeñas que incluso dificultan transitar a pie, en ascenso o descenso.
Los habitantes tienen que caminar algunas cuadras, cruzar la vieja hacienda de El Rosario, para llegar al fraccionamiento y abordar un camión del transporte urbano cuando tienen que acudir a la ciudad.
En la Ampliación no hay vehículos de transporte público, y las unidades que llevan el gas, los refrescos y las frituras, incluso las pipas de agua, apenas si suben a lo mucho dos cuadras.
Gota a gota…
El año pasado, la autoridad municipal mandó construir un estanque en la parte más alta del montículo, y con ello paulatinamente comenzó a introducir la tubería de agua potable.
No obstante, para muchos pobladores es aún insuficiente porque da también servicio a otros asentamientos, como la colonia Llano Verde.
Para otros, algo huele a podrido, pues en muchas ocasiones el agua que se surte de ese estanque tiene un olor nauseabundo, que no saben bien a bien por qué, si porque se toma de las orillas del río Salado que cruza por los límites de Amilpas, o porque caen animales muertos al pozo.
Don Ubaldo vive en la calle de Melchor Ocampo, cuenta con amplio patio, dos cuartos de lámina y madera, y varios tambos de 200 litros almacenados, así como un tinaco de mil 200 litros.
Los llena cada semana y sólo por el tinaco paga 100 pesos; al mes suman 400 pesos, cantidad que raciona para que le alcance a él y los otros cuatro miembros de su familia.
Llegó a vivir a la colonia hará cosa de tres años, se dedica a la panadería, con lo que saca un poco de dinero para mantener a la familia… y comprar agua.
“Qué le vamos a hacer, así nos ha tocado la vida. Dice la autoridad que ya pronto vamos a tener agua potable, pero eso desde el año pasado; nada más llegó a tres cuadras de acá y son pocos los beneficiados”, detalla.
Calvario líquido
En la Primera Privada de Melchor Ocampo vive Soledad Lázaro y su familia; también en escarpado terreno y tiene que utilizar una escalera de madera para ingresar. Como la mayoría, almacena dos tinacos y varios tambos, en espera del vital líquido.
“No tenemos tubería todavía, a veces nos trae la pipa y tenemos que pagar a 100 pesos el tinaco lleno; un señor de abajo tiene su manguera, nos regala un poco de agua a veces, pero es insuficiente”.
Explica que el agua entubada llegó hasta la parte de arriba, sobre la Tercera Privada de Mariano Matamoros, por lo que tendrán que esperar cuando menos otro años para contar con el servicio.
Ella es una de las primeras que llegó a asentarse en el más árido y escarpado terreno; a 10 años apenas cuenta con un cuarto de material macizo de construcción y el resto lámina y madera.
Dos familias viven juntas en un domicilio y pagar 100 pesos semanales son poco para tener un tinaco de agua de mil 100 litros.
Ella y los demás ya podrían conectarse a la red formal de agua potable; sin embargo, cuesta dos mil 500 pesos el trámite, por lo que tendrá que esperar otro rato más.
“A veces nos regalan un poco de agua que viene de arriba, pero no sé por qué llega apestosa, se me hace que la caen animales muertos”, dice.
A reutilizar
Cuadras más adelante, Mauro cuida a su pequeño mientras su esposa lava ropa en un pequeño lavadero. “Esta agua que sobra, ni crea que la vamos a tirar, la utilizamos para el baño, porque no hay de otra”, dice ella.
Él cuenta que con su trabajo de peón, apenas si alcanza para vivir y comer, y para comprar el vital líquido.
Ellos llevan dos años viviendo en la misma colonia, tampoco tienen el servicio público; su pequeño patio lo utilizan como tienda-almacén, para vender algunos garrafones de agua purificada y algunos refrescos.
Duda mucho que pronto pueda contar con el vital líquido, pues desde que llegaron les prometieron que tendrían los servicios básicos; hasta ahora, ni agua ni luz ni drenaje.
“Dice la gente que no se da abasto el nuevo estanque para surtir a todos, porque además de ser lomerío, también tiene que aventar agua para otras colonias. No sabemos cuándo tenga solución el problema, pero mientras tanto hay que pagar, hay que pagar…”, termina.
$100 semanales por un tinaco de mil 200 litros
$2,500 el trámite para conectarse a la red de agua potable
