Oaxaca.- A dos meses de haberse instalado en el zócalo de Oaxaca, vendedores ambulantes y maestros jubilados mantienen en pie de lucha el plantón magisterial. La resistencia de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) se extendió ya a más de 50 días.
Tapizado por plásticos azules amarrados con mecates, de los cuales penden letreros y consignas, el primer cuadro de la ciudad es el bastión del magisterio oaxaqueño desde el 15 de mayo.
“Esto ya no es el zócalo que yo conocí. Ahora parece un tianguis o una verbena popular”, indica Raúl, un estudiante arquitectura que hace 3 años años emigró al estado de Puebla para iniciar sus estudios universitarios.
Las organizaciones afines a la sección 22 se apoderaron del parque central. Comida, ropa típica, discos piratas y remedios para todo tipo de enfermedades se expenden en el perímetro del zócalo.
El plantón también ha servido como refugio para indigentes; en la última semana han fallecido dos cobijados por el plástico de las casas de campaña.
Sobre las calles de Hidalgo, Guerrero, Bustamante, Valdivieso y Armenta y López, también pernoctan los profesores. En las esquinas, la basura se acumula constantemente, el servicio de limpieza toma como pretexto el hostigamiento de los profesores para no recoger los desechos.
“Tenía tiempo que no visitaba mi estado; está hecho un asco”, dice Raúl, y señala en dirección a las jardineras que rodean el Kiosco. No ver los montones de basura es inevitable.
Los pocos maestros que hacen guardia por la mañana matan el tiempo jugando cartas o durmiendo. Por su parte, las profesoras ya instalaron anafres y preparan comida todas las tardes para seguir en píe de lucha.
Después de un recorrido, Raúl decide emprender retorno: “Mejor voy a Santo Domingo por un café”, finaliza la charla.
