MIAHUALTÁN- Al correr los últimos 15 días de octubre el cempasúchil y la borla ya anidan sobre las lápidas del panteón de esta ciudad. Diminutas flamas soportan el viento que se cuela por las rendijas de los nichos y que juguetea en el eco de los rezos que forman parte de la “invitada de muertos”.
En las localidades que circundan a Miahuatlán de Porfirio Díaz los panteones están revestidos de fiesta, pues antes de que llegue el 1 y 2 de noviembre -establecido como los días de todos santos-, las familias se vuelcan a los cementerios.
Isabel, Antonio y su nieta Xóchitl caminan entre las tumbas del camposanto de Miahuatlán atrapados bajo un sol de vapor que se derrama de golpe con el color de cobre líquido. Ellos son del Saúz, localidad ubicada a 20 minutos.
La visita es amplia, pues en el camposanto quedaron enterrados los padres del envejecido matrimonio, un hermano, una hermana y dos tías.
- ¡Aquí es!- Antonio Robles se planta frente un un nicho gemelo cuyos techos forman una alargada M. Se retira el sombrero que cubre su pelo cano y luego se persigna. En ese espacio quedaron enterrados su hermano asesinado a golpes durante un asalto, y su madre, quien falleció de parto cuando él aún podía contar sus años con los dedos de una mano.
- Ya venimos a visitarlos y a invitarlos a la casa. Ahí los esperamos con gusto con su molito, sus cigarros, su mezcal, pan y chocolate- Isabel Pacheco lleva abrazada a su cuerpo dos docenas de flores envueltas por la mitad con periódico. Antonio sujeta la mano de su nieta Xóchitl y con la otra lleva un galoncito de agua- Así hacemos la invitada -expresa Isabel- A veces se les reza algo o se les canta, lo que nazca del corazón.
Los angelitos en asuntos terrenales
- Sí es cierto que vienen, el año pasado a mí me levantaron los angelitos- asegura el hombre y comienza el relato. En éste, aturdido por el sueño, Antonio logró ver tres seis siluetas infantiles al rededor de su cama. Como pudo se levantó extrañado por aquellas criaturas que no logró reconocer. Era la madrugada del 1 de noviembre.
- Se me representaron, tres de cada lado y estuve platicando con ellos. Ahí me puse a pensar que eran los angelitos. A mí como me gustan los sugus y me gustan los chicles, eso anduve buscando por toda la casa para los niños pero no encontré.
- ¿Y por qué cree que lo visitaron?
- Pues por castigo- No había sorna en su voz sino una convencida calma, una especie de alivio como de quien se quita una pesada carga. Aquella noche Antonio había ignorado la instrucción de su esposa Isabel, quien le pidió que colocara el sahumador para la llegada de los angelitos; pero vencido por el cansancio determinó irse a la cama.
- ¿Y qué platicó con ellos?- La calma del panteón está acompasada por el trinar entre los árboles en los baños de sol de las aves que buscan la paz que sólo ofrece el camposanto. El aroma a chepiche que crece entre las tumbas se mezcla con el de la flor de muerto, las nubes y de la cera caliente que resbala por los canales de los vasitos de vidrio característicos de las veladoras que adornan los altares.
- Ellos tenían curiosidad de mi ojo. Me preguntaron que me había pasado y les dije que me había operado pero que no quedé bien -Una infección en el ojo derecho de Antonio hace que un color blanquecino le nuble por completo la vista. El ojo quedó reducido a una rendija marchita - Les recomendé que cuidaran mucho su vista y ellos quedaron contentos. Ahí en ese instante se desvanecieron todos.
- ¿No le dio miedo don Antonio?
- Es como digo: como son ánimas ya juzgadas de Dios no hay nada que temer. Pero por eso yo siempre afirmo que sí hay castigo si nos olvidamos de nuestros muertos.
Llegado el 30 de octubre, el centro de Miahuatlán se colma de gente. Pobladores de Mengolí, Xitlapehua, y todos los municipios que lo rodean llegan a comprar las flores y frutas que adornan los altares. El 1 de noviembre las casas humean con el olor a mole envuelto en masa fresca para ofrecer a los difuntos tamales recién hechos. La fiesta se repite a los ocho días en la llamada octava en donde -de acuerdo con las creencias en Miahuatlán- llegan los difuntos a quienes les sorprendió la muerte de manera violenta.
También de manera tradicional, el 30 de octubre se realiza la noche de las flores de venta exclusiva de flores de muerto.
El 1 de noviembre por la noche se celebra la comparsa que recorre cerca de 12 cuadras de Miahuatlán de Porfirio Díaz y culmina con una convivencia donde degustan alimentos típicos de la región preparados durante estas festividades.
Habre terrenal bajo el cielo del Saúz
El Saúz, es una localidad ubicada a 20 minutos de Miahuatlán que pertenece al municipio Sitio Xitlalpehual, en éste la principal actividad es la agricultura de autoconsumo. El mal tiempo en el campo provocó pérdida de cosechas y consecuentemente pérdidas para las familias.
Virginia, es habitante de Saúz. Ella explica que, para cumplir con la tradición, tendrá que desembolsar entre tres mil y hasta cinco mil pesos para colocar su altar y los alimentos que se comparten con los familiares vivos que llegan de visita.
- Así se acostumbra aquí, a cada persona que llega, sean nuestros hijos, los ahijados, los compadres, se les dan sus muertos. Para eso ya tenemos aquí el pan, chocolate, el molito y mezcal para compartir.
-¿Por qué cree que en Oaxaca esta tradición siga tan arraigada?
- Pues porque uno cree en los muertos. A veces nos dicen: "te van a venir a jalar las patas los muertos si no pones altar" y puede que sí ¡he!- su rostro dibuja una sonrisa de convencimiento en sus palabras antes de relatar su historia- Una vez yo dije no voy a hacer nada porque no tengo dinero. Ese día de verdad no tenía ni un quinto. Me fui a Miahuatlán a feriar (vender) mis tortillas y ¡como va usted a creer que me encuentro un rollo de billetes! - sus manos chocan entre sí para luego descansarlas sobre su pecho- Yo tenía miedo porque ¿qué tal que alguien me seguía?, pero que me voy a comprar mis muertos y luego me fui a la iglesia a dejar una ofrenda.
La familia -explica Virginia- vive con los pocos recursos que puede reunir con la venta de tortillas y a veces con trabajos como peón en el campo. Ahora –agrega- “lo que tendremos que hacer es apretar las tuercas a los hijos para que nos ayuden a pasar el hambre”.
Cifras de miedo
74.9 años, esperanza de vida del mexicano
132.5 hombres fallecen por cada cien mujeres
11.8% de niños entre 5 y 14 años mueren por accidente de tránsito
28.5% de jóvenes entre 15 y 28 años fallecen a causa de agresiones
17.3% de muertes de hombres mayores a 60 años son por enfermedades del corazón
18.3% de mujeres mayores a 60 años mueren por diabetes
Fuente: Registros administrativos Inegi
