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La chirimía, el arte que "enmudece" en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Luis Ignacio Velásquez

SAN ANTONINO CASTILLO VELASCO, Oaxaca- Lentamente la chirimía languidece y junto con ella sus músicos. De sus instrumentos originales sólo se conserva el tambor y la flauta de carrizo; de los maestros, aquí únicamente tres familias. “Ya estamos desapareciendo, porque estamos viejos o ya, algunos, muertos”, afirma don René Francisco Mateos Sánchez, de 76 años de edad.


En su casa, ubicada en el centro de la población, aclara que la chirimía es un instrumento de madera con lengüeta, pero el grupo está compuesto por un tambor, el clarín heraldo, la flauta de carrizo y, desde luego, la chirimía. “En realidad el grupo está integrado por tres instrumentos de viento y uno de percusión, aunque ahora todo mundo nos conoce como chirimeros”.


Recuerda que él y sus hermanos Amancio Manuel y Humberto Jesús, de los mismos apellidos, aprendieron a tocar los instrumentos en el templo del pueblo. “Los tres hermanos fuimos monaguillos y ahí dábamos guerra con los instrumentos que dejaban los músicos en las torres mientras tomaban un descanso. Cuando ellos no estaban entonces empezábamos a dar guerra con los tambores, porque no sabíamos tocar la flauta, así fue como aprendimos a tocar, a puro oído”.


LOS INICIOS



 


Con voz cansada expresa que él y su hermano Humberto, que falleció hace nueve años, estudiaron en la Academia Oaxaqueña, donde conocieron a Víctor Vásquez Labastida, que era hijo del director de la institución, y un día les preguntó si tocaban algún instrumento o bailaban danzas autóctonas. “Entonces mi mamá le dijo que sí, que bailábamos desde niños y participábamos en las pastorelas; después nos invitó a participar en el Grupo Folclórico Universitario, que dirigía, porque no tenía chirimeros”.


Añade que su primera participación fue en un concurso de danza en el teatro México en 1969. “Un año después, el 20 de julio, cuando se registró el eclipse de sol, participamos en el primer Bani Stuit Gulal que se organizó en la Plaza de la Danza, pero no teníamos ni tambor, nos alquilaron uno en 5 pesos diarios”.


Ataviado con una sudadera azul marino, sobre una playera blanca, pantalón beige, huaraches y un sombrero de estambre azul, expresa que su hermano, que tocaba la flauta, se sabía solo una melodía y esa era la que repetían en cada evento.


Acompañado de su hermano Amancio Manuel, de 70 años de edad, subraya que los tres siempre fueron muy inquietos. “Nosotros participamos en concursos de danza folclórica desde pequeños y en algunos nos llevamos el primer lugar”.


Mientras hojea copias fotostáticas de reconocimientos y fotografías, añade que en 1973 participaron con la delegación de San Antonino Castillo Velasco en la Guelaguetza, que se realizó en las instalaciones del Instituto Tecnológico de Oaxaca, porque se estaba construyendo el auditorio Guelaguetza.


43 AÑOS DE PARTICIPAR EN LA GUELAGUETZA



 


Por su parte, Amancio Manuel expresa que ya cumplieron 43 años de participar en los Lunes del Cerro, aunque ahora acompañados de sus sobrinos Juan Emilio y Eduardo Porfirio Mateos Aguilar.


“Antes no había chirimia en los Lunes del Cerro, nosotros fuimos los primeros a invitación de Julián Merlo, y participábamos con las chinas oaxaqueñas. Como nada más era una función, la final tocábamos para el público”.


-¿Con estos instrumentos se pueden interpretar distintas melodías?


-¡Claro! Mi hermano Humberto tenía todo un repertorio de música para misas y fiestas. Incluso tocamos en la Procesión del Silencio.


Informa que en el contexto de la edición 2016 de la Guelaguetza su hermano René Francisco recibió un reconocimiento por sus 46 años de chirimero, en el teatro Álvaro Carrillo. Una pieza escultórica del maestro Fernando Adriacci.


“Además a pesar de que somos músicos de oído o autodidactas, mi hermano Francisco se ha dedicado a rescatar los instrumentos autóctonos, como la famosa chirimía, incluso ya hizo una de barro, teponaztlis, flautas de carrizo y otros”.


Explica que los chirimeros siempre han sido músicos marginados. En las fiestas religiosas siempre los subían a los techos y en las domiciliarias, por ejemplo las mayordomías, eran colocados en frente del domicilio de mayordomo. “Ahí tocaban, comían y descansaban; ni siquiera en la puerta estaban”.


EL ARTE QUE DESAPARECE



 


Don Francisco manifiesta por desgracia este arte está en extinción. “Ya somos muy pocos, ya se están acabando”.


-¿Ya no quieren ser músicos?


-No, ya nadie quiere aprender porque no les gusta. Luego va uno al Lunes del Cerro con huaraches, con camisa y calzón de manta, sombrero de palma, y les da vergüenza a los jóvenes vestirse así. Está mal, porque nuestros ancestros se vestían así y todo eso se está perdiendo.


-Pero ni en las fiestas religiosas ya participan.


- No porque ya no hay músicos, los jóvenes ya no quieren aprender.


-¿Cuánto cobran por tocada?


-En Oaxaca nos dan 350 pesos por cabeza y aquí 300 pesos diarios. No es un trabajo redituable.


“La verdad yo ya estoy mal de salud, toco muy poco porque no puedo subir o bajar escaleras ya que mi hermano me dializa, entonces mis piernas ya no me responden”, externa mientras unas lágrimas luchan por brotarle de los ojos.


Afirma que sólo espera el momento de marchar. “Dicen que para todo hay remedio, menos para la muerte; y que cuando nacemos lo único seguro que tenemos es la muerte; qué la vamos a hacer. Dicen los estudiosos: hoy vives, mañana quién sabe, hoy existes mañana quién sabe”.


-¿Y ya no hay chirimberos aquí?


-Hay uno que toca el puro tambor, otro que toca con su hijos, hay como tres. Pero son más provisionales.


“Este arte se está muriendo, antes en las festividades del Lunes del Cerro participaban hasta 35 chirimías y año con año se ha ido reduciendo, porque los músicos ya están grandes o han muerto. El señor de San Antonio de la Cal ya no va porque ya está grande, de dos señores de San Miguel Tilquiapan, uno ya murió y el otro está grande; de Santa Catarina Minas nada más va ya uno, así han ido desapareciendo”.


Recuerda que esta es una música autóctona o tradicional, que lo mismo tuvo una función sacra y otra completamente festiva.


LA CHIRIMIA


La chirimía es un viento-madera parecido al oboe y de doble lengüeta, trabajada antiguamente de forma grosera y labrada con nueve agujeros laterales, de los que únicamente seis están destinados a taparse por medio de los dedos. Las había agudas, altas y bajas.


LA GUELAGUETZA EN EL CERRO


Desde 1974 la Guelagueza se realiza en el auditorio del cerro del Fortín.


LOS INSTRUMENTOS DE LA CHIRIMÍA


- Tambor.


- Flauta de carrizo.


- Clarín heraldo.


- Chirimía.

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