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Hambre urbana, más cruel que la rural

Foto(s): Cortesía
Redacción

INFIERNILLO SAN FRANCISCO, SAN ANTONIO HUITEPEC.- Bajo el intenso azul de esta población el desaliento de la pobreza descansa sobre “un piso firme”, que es lo único que los separa a no tener nada.


El anhelo de una mejor alimentación, vivienda, empleo y servicios en la comunidad es la tortura para las familias de esta población no mayor a los 400 habitantes, en donde sólo quienes tienen algún familiar migrante o viviendo fuera pueden alcanzar mejores posibilidades para vivir.


Surtir la canasta alimentaria depende de lo que su tierra les provee, en algunos casos, mientras que en otros se vuelve un reto casi imposible; aquí las fuentes de empleo se limitan a las labores del campo y trabajo como ayudante de albañil, el cual es un trabajo temporal e inseguro.


De acuerdo con la autoridad de Infiernillo, Juvenal Bolaños García, más del 50 por ciento de las familias viven en casas de lámina, pisos con tierra y la mayoría no cuenta con algún programa de apoyo social gubernamental.


Los habitantes de infiernillo forman parte del 42.1 por ciento de la población oaxaqueña que vive con ingresos inferiores a la línea del bienestar mínimo, y del 35.4 por ciento de quienes se encuentran en pobreza alimentaria, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).
Sin embargo, de acuerdo a especialistas y organizaciones en apoyo a la alimentación, la pobreza alimentaria en las zonas urbanas es más cruda que la que viven las poblaciones rurales, que cuentan con las posibilidades de comer lo que el campo les ofrece.
 


Con borregos y piso firme


Desde hace más de un año Claudio carece de empleo como peón de albañil y por el que obtenía 100 pesos diarios. Hace casi medio año ganó su último ingreso, por mil 200 pesos por la venta de uno de sus borregos. Luego de criarlos, tarda en vender hasta dos años.
“Estamos jodidos y no porque no queramos salir, sino porque no podemos; sin estudios, sin dinero a ¿dónde vamos?”, sentencia Emelia con amargura mientras intenta cosechar algo de sus pequeñas milpas, pues las fuertes lluvias arrasaron con casi todo.


 




Emelia hace lo que puede para que sus hijos no dejen de comer

 


En medio de grandes y verdes terrenos de cultivos de maíz, que no son de su propiedad, se encuentra el hogar que esta pareja ha logrado construir con el paso de los años; un jacal que funciona como cocina y comedor y otro donde duermen los cinco integrantes de la familia, en una sola cama sin colchón.


Comer tres veces al día se reduce a frijoles y tortillas; cuando la cosecha se logra, agregan calabacitas al menú y, cuando cuentan con dinero, aparecen el arroz y la sopa sobre la mesa. Por esta situación, sus hijos están faltos de peso y la talla no corresponde a la de niños de su edad, confiesa la madre de acuerdo a lo que le dicen en el centro de salud de la comunidad.
“Cómo no voy a querer que mis niños coman bien, pero ¿qué cosa les doy?” ,recalca la madre, mientras su hija de tres años juega sobre el piso de tierra de uno de los cuartos de su casa; en donde un montón de leña en un rincón es la estufa y con lo que combaten el frío en temporada invernal.


El otro cuarto, de paredes de madera y techo de lámina, cuenta con su piso firme. En el 2011 el gobierno federal apoyó a la familia a través de este programa, el único con el fueron beneficiados, pues en la lista de Prospera no aparecen, pese a que cada año solicitan la ayuda.


Emelia y Claudio carecen de energía eléctrica; aún cuando el resto de la población cuenta con este servicio ellos se alumbran con veladoras, pues justifican que no tienen dinero para pagar una conexión eléctrica. Por eso, la hora de dormir no rebasa las 20:30 horas.
 


Vivir con 71 pesos al día


Reyna López se rasca la cabeza al tratar de recordar cuándo fue la última vez que pudo comprar una despensa completa. “No, pues no me acuerdo, creo que nunca”, indica la mujer al tiempo que suelta una risa que hace burla a su propia situación económica.


En medio de su casa, que consta de una sólo habitación -más una extensión del patio adaptada para el comedor- la madre afirma: “A mí no me gusta vivir así, a veces siento que se va a caer esta casa (de lámina y madera), pero es para lo que nos alcanza”.


 




Reina camina hasta dos horas para ir por leña; dejó de usar el gas

 


Cuando la suerte les sonríe, la mujer puede comprar algo más que frijoles y huevo con los 500 pesos que gana su esposo Abel cada semana como peón de albañil. Pues no siempre hay empleo.
“Yo quiero trabajar, pero aquí ¿a dónde?. Para irnos de aquí necesitamos dinero, y es lo que menos tenemos”, subraya Reina, quien agrega que además deben un préstamo de dos mil 500 pesos que pidieron para el regreso a clases de sus hijos.


Ante la falta de dinero en casa, desde hace más de un año Reina decidió dejar de usar el gas y comenzar a cocinar con leña.


Como Emelia, Reina ha solicitado cada año el apoyo de Prospera, sin obtener respuesta satisfactoria.


Por su parte, el agente de Infiernillo San Francisco, Juvenal Bolaños García, indica que en esta población el programa Prospera beneficia a un aproximado de 50 personas, sin embargo existen familias a las que no se les ha apoyado a pesar de las carencias y que cuentan con más de tres hijos.
 


Con prestaciones de ley y con hambre


Las situación entre las familias de Infiernillo y la que forma Margarita y Raúl respecto a lo alimentario son similares a pesar que la vida laboral del jefe de familia se centra en la capital del estado.


 


Es más estresante en la ciudad; para comer deben comprarlo todo, todos los alimentos y servicios incrementan peros sus salarios o ingresos son los mismos



Iván Porras Chaparro, economista

 


Pese a que Raúl Cruz cuenta con un trabajo formal, el cual le brinda las prestaciones de ley y le permitió la posibilidad de adquirir un préstamo para comprar una casa, la pareja asegura que ésto no es garantía para gozar un buen nivel de vida.


El matrimonio con dos hijos, que vive en Tlacolula de Matamoros, relata que a la quincena tienen 750 pesos como gasto libre para invertir en comida.
La historia de los frijoles como el alimento principal se repite. “A los frijoles con que le eches un poco más de agua alcanza para todos”, expresa la ama de casa, quien para poder gozar de un mejor platillo se apoya en la venta de gelatinas. Poder adquirir de vestimenta nueva, zapatos y algún artículo del hogar que se haga necesario está sujeto a lo que sobre del aguinaldo o reparto de utilidades, pues antes se pagan las deudas.


 


Coneval
En el primer semestre de 2016 poder adquisitivo del ingreso laboral de los hogares se ha incrementado 3.4%


Oaxaca:
primer trimestre de 2015 al primer trimestre de 2016 los ingresos laborales de las personas son menores al valor de la canasta alimentaria


Nacional:
Entre abril de 2015 -abril de 2016, el valor de la canasta alimentaria ha crecido, aproximadamente, 5.3 % en zonas rurales y 4.9 % en zonas urbanas


 


A Raúl le descuentan cerca de 780 pesos cada quincena por el pago de su casa, a que en 10 años no ha podido hacerle ninguna inversión extra desde que la recibió.


El padre de familia dejó de utilizar su antiguo vehículo desde hace casi un año; la falta de dinero para su reparación, más el aumento en el precio de la gasolina le ha privado a la familia de este gusto.


Urbe, sin autosuficiencia, más hambre


El economista Iván Porras Chaparro señala que la obtención de alimentos para las familias en situación de pobreza en las zonas urbanas es aún más complicada que para aquellas de las zonas rurales.


En el caso de quienes viven en las zonas rurales las “facilidades” para alimentarse se contrastan con las de poder contar mejores servicios para sus viviendas y la familia, lo que al final se traduce en un bajo nivel de desarrollo.


 




Con esfuerzos, la pareja envía a su hijo mayor a la escuela; esperan que él pueda salir de la comunidad.

 


“En las zonas urbanas la realidad es que con el salario que se obtiene no se puede vivir, pero pese a eso las personas han encontrado la forma de hacerlo”, refiere el economista.
La directora operativa del Banco de Alimentos de Oaxaca, Dulce Aragón, apunta que en las zonas urbanas las personas no pueden ser autosuficientes, pues además de contar con ingresos limitados deben pagar por la renta de una vivienda que no es más que un espacio de una sólo habitación.


 


 


 


 


 

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