A pesar de que se casó con un deportista, Soledad Virginia Figueroa Pérez, no “tenía tiempo para practicar”.
“Fue hasta los 60 años que decidí probar en el atletismo, y hoy son la mujer más feliz del mundo. Me siento joven y con mucha vitalidad, para seguir en este bello deporte”, señala.
“Tuvieron que pasar los mejores años de mi vida para que me diera cuenta de la gran importancia que tienen el mantenerse física y mentalmente sano”, agrega la corredora.
Considero que fue en el tiempo justo que el atletismo me llenó ese vació que faltaba, para que volviera a vivir una segunda oportunidad de disfrutar todo los que nos da va vida.
SU INFANCIA FUE DIFÍCIL
Su infancia fue difícil, porque desde pequeña se tuvo que hacer cargo de sus hermanos, tras el fallecimiento de su padre.
Soledad se empleó para ayudar en los gastos del hogar estando aún muy pequeña, pues a su madre no le alcanzaba el dinero para mantener a los seis integrantes de la familia.
Fue así como tuvo que alternar los estudios de nivel primaria con el trabajo.
“Entré a trabajar en una tienda de abarrotes logrando concluir la primaria, fue en un tiempo en el que los dueños de la tienda se trasladaron a la ciudad y me llevaron con ellos.
“Fue así como seguí trabajando y estudiando, solo que la secundaria la concluí en la escuela para adultos, truncando ahí mis estudios; la verdad, no me gustaba mucho el estudio y me dediqué a trabajar y fue así como logré ser una mujer independiente, pues me valí desde entonces por si sola”, rememora.
El estar lejos de sus seres queridos no fue fácil. “Sufrí mucho, lloraba todas las noches en mi cuarto, extrañaba mucho a mi madre y a mis hermanos. Tardé muchos años para volver a ver a mi madre y mis hermanos, ya que los dueños de la tienda no querían que fuera porque pensaban que si iba ya no regresaría, y la otra, pues no sabía cómo irme a mi pueblo”.
Poco a poco me fui acostumbrando; me caso ya los 39 años de edad soy madre y es hasta entonces que me comienza a llamar la atención el atletismo.
Además de tener más tiempo los días domingos e iba a ver correr a mi esposo y es cuando me toca conocer a grandes atletas como Rut Cid Flores, a Teresa Martínez, quienes eran unas excelentes corredoras; siempre estaban en los primeros lugares.
COMIENZA SU ETAPA COMO ATLETA
Fue a los 60 años que se da el tiempo para comenzar lo que dice ser un deporte apasionante.
“Desafortunadamente comencé a entrenar ya un poco grande, estaba cumpliendo los 60 años cuando decidí ingresar de lleno al atletismo, y uno de los motivos es que subí mucho de peso”, expone.
Ya jubilada y sin presiones, comienza su odisea bajo la supervisión atlética de Alfredo Regino. “Hoy en día me he convertido en una adicta a este deporte, ya no lo puedo dejar, desde que empecé a entrenar y a seis años de distancia, ya no soporto estar mucho tiempo encerrada en la casa.
“Aunque en estos días no hay competencias debido a la pandemia del COVID-19 extraña uno el ir a correr, pero yo lo sigo haciendo al salir a correr hacia el cerro para tratar de mantener la condición física”, agrega.
COMIENZAN A DARSE LOS RESULTADOS
“Mi primer carrera fue en el 2015, cuando corrí en la atlética organizada por el barrio San José de la Villa de Zaachila, y me llevé el primer lugar en mi categoría de veteranos plus.
“Después llegarían más triunfos como el conseguido en la carrera del Día del Policía en el 2016, donde repetí en el podio al obtener el primer lugar”, dice emocionada.
“A partir de ahí mi vida dio un vuelco de 180 grados, primero porque a través del deporte comencé a bajar de peso y combatir una serie de dolencias y enfermedades que me aquejaban y hoy en día me siento bien”, platica.
Siempre que compite en la categoría de veteranos plus, se mete al podio. Nunca me he quedado sin premio, pero no me da tanto gusto lo que nos dan sino lo que me satisface como corredora es subir al podio, porque es ahí donde se viven una serie de emociones encontradas que no se pueden descifrar.
AGRADECIDA CON DIOS
Señala que el éxito no viene solo, siempre está acompañado de circunstancias como la constancia, el amor, cariño y la decisión que se le inyecta a cada competencia, por lo que da gracias a Dios, por haberle enseñado el camino.
“Por ello, quisiera por este medio decirle a las personas se den un tiempecito para practicar un deporte, porque es este quien te brinda con creces los beneficios que el cuerpo comienza a recibir, el deporte es vida”, finaliza Soledad Figueroa.
