A sus escasos 16 años de edad, Carlos Manuel Hernández Pérez tiene entre sus palmarés una docena de medallas obtenidas en importantes torneos de lucha grecorromana, pero la distinción que más presume es a su “abuelita” Catarina Ramírez Morales, quien lo rescató de la orfandad y lo ha llevado a triunfar en la vida. Por eso mientras la abraza con ternura, exhibe la medalla de bronce que obtuvo en los Juegos Panamericanos Cadetes 2019, que se realizaron en la ciudad de Morelia, Michoacán.
En un casa modesta, que todavía registra construcción, en lo alto de las lomas de San Jacinto Amilpas, el adolescente de cuerpo musculoso y tez morena dice que su sueño es conquistar algún día el mundial de lucha grecorromana, pero sobre todo poder ayudar a su familia. “La vida me dio esta oportunidad y hay que aprovecharla para salir adelante”.
Sentado en una silla de madera al lado de su abuelita, comenta que su hermano Giovani fue quien empezó a practicar este deporte y como él lo acompañaba, un día terminó entrenando con sus profesores.
Juan Carlos espera volar muy alto en el deporte y la vida
La abuelita
Doña Catarina evoca que la mamá de Carlos Manuel era su vecina. “Vivían como a dos cuadras y media más o menos de mi casa, pero desafortunadamente murió cuando este niño tenía un año y medio, dejándolo en la orfandad junto con sus otros tres hermanitos”.
“Eran cuatro pequeños descalzos, desnudos, mal comidos, y a todos me los traje para ayudarlos; iba y venían de su casa a esta casa, hasta que un día le dije a su hermana, que tenía 16 años, que me diera los papeles de sus hermanos para que los inscribiera en la escuela y así los metí a estudiar; después uno de ellos me dijo que ya no quería ir a la escuela y se regresó a su casa, junto con su hermana; así que me quedé con Juan Carlos y Giovani, que sí tenían ganas de estudiar”.
Esto a pesar de que ya tenía tres hijos con su esposo Benito Juárez Montesinos. “Ellos tomaron a Carlos Manuel y Giovani como otros más de sus hermanos. No hicieron como otros niños que ponen mala cara o que les pegan, toda la familia los aceptó y los integramos como unos más de nosotros”.
Aunque tampoco hay conmiseración. “Aquí todos ayudamos en la casa, porque hay que barrer, arreglar las cosas, pues siempre hay quehacer; pero además si no saca buena calificaciones en la escuela, -actualmente cursa el tercer semestre de bachillerato-, no va a entrenar, eso ya lo sabe”.
El pasaporte
Carlos Manuel manifiesta que su hermano Giovani no ha podido participar en los panamericanos porque su papá lo registró y aunque lo fue a ver, ya no se presentó y, por tanto, no ha obtenido la autorización para poder tramitar su pasaporte, requisito indispensable en este tipo de competencias.
Situación que también estuvo a punto de ocurrirle a él. “Una semana antes del viaje a Morelia tuvimos que tramitar el pasaporte, pero cuando acudimos para hacerlo resulta que como mi abuelita no me ha adoptado legalmente se tenía que conseguir un nombramiento de tutor dativo y gracias a la Defensoría Pública del Estado de Oaxaca que nos apoyó con el trámite, logramos obtener el pasaporte en cuatro días”.
Expresó que el trámite de tutor dativo tarda por lo regular tres meses, “entonces el muchacho se desanimó porque creía que ya no podría asistir a los Juegos Panamericanos, incluso dejó sus entrenamientos, pero gracias a la abogada de la defensoría Alicia Lidia Gaytán Matías, todo salió en poco tiempo y Carlos Manuel pudo asistir”.
La pasión por la lucha
La señora Catarina expresa que la pasión po lar lucha grecorromana en la familia es producto de la pasión por ese deporte de su hijo Arturo de Jesús Chávez Ramírez, quien obtuvo en Beijing, China, el segundo lugar en el mundial de la especialidad, pero los ojos le brillan de manera intensa cuando se le pregunta si ella gusta este deporte.
“La verdad yo era la aficionada a la lucha, todos los sábados, domingos y lunes que había luchas, siempre iba, era una seguidora de El Relámpago Gómez, quien después me pidió que llevará a mis hijos a entrenar al gimnasio que había instalado en Pueblo Nuevo”.
Añade que una semana después de llevar a sus hijos al gimnasio, los pequeños se aficionaron al deporte del pancracio, herencia que transmitieron a sus hermanos Giovani y Carlos Manuel.
“Por la familia está feliz del triunfo en Morelia, porque nos ha costado mucho trabajo, pero se trajo la medalla de bronce, en un evento internacional”.
-¿Y por qué le dice abuela, en lugar de mamá?
-Lo que sucede es que cuando me traje a Carlos Manuel con sus hermanos yo tenía ya nietos y siempre me decían: abuelita, abuelita, y como él y Giovani tenían más o menos la edad de ellos, también me decían abuelita, abuelita; de tal manera que un poco más grandes cuando me preguntaron cómo me tenían que decir, yo les dije que como quisieran y optaron también por: abuelita, abuelita.
