Siempre que se recuerden los primeros e históricos campeonatos de los Tigres, vendrá a la memoria el nombre de Mateo Bravo Carrillo, el arquero al que le gustaba volar.
Cuatro décadas han pasado, y sus vertiginosos saltos, así como sus increíbles desviadas y atajadas de penaltis, siguen considerándose casi milagrosos, no en vano lo apodan "San Mateo".
