En una noche de nostalgia, con gratos recuerdos y entrañables anécdotas, el piloto oaxaqueño Emilio Velázquez Rivera presentó el popular Volkswagen modelo 1954 que porta el nombre de El Oaxaqueño, auto que abrió la brecha a una decena de vehículos que han representado a Oaxaca en La Carrera Panamericana.
El entusiasta Alberto Magaña Castelán (que en paz descanse), impulsor y creador de El Oaxaqueño se hizo presente en la velada, gracias al recuerdo y reconocimiento que se le hizo como pionero de la participación de Oaxaca en la emblemática competencia automovilística, que recientemente vivió su trigésimo séptima edición.
Fue en el ya lejano 1992, en la quinta edición de La Carrera Panamericana, que el júbilo por el automovilismo deportivo creció en Oaxaca, con la participación de la primera tripulación oaxaqueña, integrada por el piloto Jorge Reyes Barrera y el navegante Alberto Magaña Castelán, a bordo del Volkswagen Sedán con el nombre El Oaxaqueño.
Fue precisamente en El Oaxaqueño, fue el auto en el que Emilio Velázquez tuvo su primera participación en La Carrera Panamericana, yendo como copiloto de Sergio Rivera, en el año de 1996.
La última vez que El Oaxaqueño salió al asfalto para competir en La Carrera Panamericana fue en el año 2001, guiado por los hermanos Isaac y Leonardo Méndez.
Con un gesto sentimental, Emilio Velázquez recuperó el popular Volkswagen El Oaxaqueño, el cual fue reparado y presentado el pasado martes por la noche.
En el destape, estuvieron presentes los herederos de Alberto Magaña, su hijo Adrián Magaña y su nieta Adriana Magaña; así como quien fue su compañero al volante, Jorge Reyes; el delegado honorario en Oaxaca de La Carrera Panamericana, Jorge Toledo; el presidente del Oaxaca Automóvil Club (OAC), Francisco Frasco; así como el primer mecánico encargado de poner a punto El Oaxaqueño, Héctor Castañeda.
“Sí Alberto Magaña y el auto El Oaxaqueño no hubieran aparecido en la vida de varios nosotros, quien sabe si Oaxaca tendría tanta presencia en La Carrera Panamericana”, reconoció el piloto Emilio Velázquez Rivera.
Agregó que El Oaxaqueño no lo adquirió con el deseo de correrlo, sino por un sentimiento de nostalgia y de reconocimiento a Alberto Magaña Castelán, quien lo alentó a incursionar en la emblemática Carrera Panamericana, en la que suma dos campeonatos absolutos.
Comentó que El Oaxaqueño pasará a formar parte de la colección del empresario Adrián Magaña, quien seguramente sabrá darle un mejor resguardo en memoria de su padre, el siempre entusiasta Alberto Magaña.
Finalmente, Adrián Magaña y su hija Adriana Magaña le quitaron el capote al vehículo, que fue reconstruido y acicalado a semejanza de su presentación ante la Sociedad Oaxaqueña y la Fraternidad Panamericana, hace 32 años.
