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La comunidad atlética acudió a dar el último adiós a Isidra Torres

isidra
Foto(s): Cortesía
Julio León

Tras concluir el párroco las oraciones para su descanso eterno, unas delgadas gotas de llovizna se dejan caer, tal y como si Isidra Torres Hernández se hubiera hecho presente para despedirse de sus amigos y familiares en el panteón de San Francisco Tutla, Oaxaca.

La comunidad atlética acudió el domingo a darle el último adiós a quien fuera una tenaz y entusiasta corredora de Oaxaca, aunque en realidad, todos coinciden en que en algún momento volverán a correr juntos y a disfrutar de la ruta celestial; además de que su recuerdo está vivo en la memoria y el corazón de toda la "familia runner”.

Ayer se llevó a cabo la misa de cuerpo presente en la iglesia de San Francisco Tutla, luego se realizó el sepelio en el panteón de la localidad ubicado a unas cuadras, en donde llegó el que es, siempre, uno de los momentos más dolorosos… Ese último adiós.

Atletas de prácticamente todos los clubes acudieron a la misa y al sepelio, y le expresaron sus condolencias y apoyo a los dos hijos de Isidra.

Luego de las oraciones por su eterno descanso y las gotas de llovizna, el mariachi entona canciones que llegan al alma como la de “Un puño de tierra” y la dedicada a una madre: “Señora, Señora”. Sin duda, letras con las que el motivo para que las lágrimas salieran fue mayor e inevitable.

 

 

Enseguida, el hijo de Isidra Torres a través de un megáfono agradeció a todos el acompañamiento: 

“Estoy destrozado”, reconoce, suspira hondo, saca fuerzas y continúa: “Mi madre fue una guerrera, que lo que compartió con sus amistades fue de corazón. Gracias por haberla hecho feliz en su vida”, acentuó sacando fortaleza para contener el llanto.

“Gracias porque no la dejaron desde el primer momento, hasta hoy”, añadió. Y siguió hablando desde el corazón: 

“Me siento agradecido por haber tenido a una campeona como madre, a una guerrera. Y tal vez se escuche un poco mal lo que voy a decir, pero pido justicia para mi madre. Les agradezco el apoyo que le brindaron”, agregó ya con la voz quebrada y sin poder evitar ya el llanto.

Una porra devolvió el aire al joven hijo de la atleta que falleció tras ser atacada el pasado 1 de septiembre por dos perros pitbulls, en Tutla, lo que luego le provocó la amputación de ambos brazos y que durante la hospitalización tuvo complicaciones con el pulmón, falleciendo en las primeras horas del sábado anterior (28 de septiembre) a los 52 años de edad.

 

 

“¡A la bio, a la bao, a la bim bom ba, Isidra, Isidra, ra, ra, ra!”, fue el coro que permeó en el entorno del panteón bajo un cielo con nubes grises, pero en el que por el horizonte una luz aparecía y avizoraba un mejor paisaje, entre el dolor del luto y las flores de la esperanza. 

Y cerraron esa porra añadiendo “¿Qué queremos para Isidra? ¡Justicia! ¡Justicia!”

Su hija de Isidra, de nombre Isis, fue breve tras haber llorado ante el ataúd y por muchos días durante este duro periodo de hospitalización; una fuerza divina la mantiene de pie y sólo externa: “oren y pidan por ella. Y como mi mamá decía: “Recuerden que la vida es bella. Y valoren todo lo que tienen”, dijo para soltar nuevamente las lágrimas.

La tumba fue bendecida por el párroco y dictó frase de la oración final: “Que brille para ella la luz perpetua. Descanse en paz Isidra Torres. Así sea”.

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