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A Juquila, camino de esperanza

Foto(s): Cortesía
Redacción

Aldaír López Vázquez viste uniforme escolar para que no se le olvide que dejar la escuela fue un error, es su manda.

 

"El desmadre" le ganó, explica, y hoy camina rumbo al santuario de la Virgen de Juquila, en promesa a sus padres de retomar los estudios.
Originario de Salina Cruz, el joven de quince años camina lento debido a las ampollas que han brotado en los pies.

 

 

“Dejé la escuela porque no pasé las materias. En lugar de entrar a clases, me iba con los cuates al desmadre”, se sincera al paso de los demás peregrinos.
El joven de tez morena carga en la espalda una capilla con la réplica de la Virgen de Juquila. Son doce horas de camino en la primera etapa que inició la madrugada del sábado en la capital oaxaqueña por el rumbo de La Experimental.

 

 

Los padres lo reprendieron y enviaron a vender donas como castigo, pero fue su tío Juan quien lo invitó a caminar.

 

 

“Es un buen muchacho, y tendrá el tiempo suficiente para meditar, porque aquí conoces tus debilidades y fortalezas”, relata mientras se orillan para dar paso a una carreta jalada por un famélico caballo.

 

 

El sol despunta entre las montañas y los peregrinos se protegen del sol con chamarras, gorras o sombreros.

 

 

 

 

 

 

 

 


El amanecer, los peregrinos ya están en marcha.

 

 

 

Cómo él, miles de peregrinos caminan durante todo el año a Juquila, pero aumenta el número conforme se acerca la fiesta de la virgen milagrosa, el ocho de diciembre.
 

 

 

Luvia no pide, paga manda

 

 

Luvia acompaña a Aldaír en su andar, pero ella no va a pedir, va a pagar.

 

 

Entre risas y anécdotas de aventuras pasadas, Luvia tiene una manda: agradecer a la Virgen que su hermano se recupera de una enfermedad.

 

 

Cayó en cama y no salía, por eso le pedí a la virgencita que, si lo ayudaba, le agradecería con una visita a pie”, suelta con la voz entrecortada.

 

 

Su hermano aún no se recupera, pero sabe que la Virgen no falla a sus fieles.

 

 

“No quiero hablar de eso…”, al tiempo que Lluvia seca las lágrimas con la manga de la sudadera.

 

 

Un remolino empolva a los peregrinos. Andan por caminos de San Pablo Huixtepec, donde casi no hay árboles. La tierra y las piedras calientes se clavan en las plantas de los pies.
 

 

 

Desastre agrícola; "pindan por nosotros"

 

 

A orilla de camino, entre las milpas, Guadalupe Jiménez carga en la espalda a su hijo Miguel. Recoge las pocas mazorcas que se lograron.
“No foto, no foto, o dame recompensa”, dice con un español incoherente.

 

 

Esos peregrinos que pidan por nosotros –agrega‑‑ porque no tenemos para comer; no llovió suficiente para que se lograra la milpa.

 

 

En otro contingente, Ángel García suda copiosamente. También carga una capillita con la réplica de la Virgen de Juquila.

 

 

Él viene de Puebla y se unió a una peregrinación que salió de la Colonia América, en la capital oaxaqueña.

 

 

En ruta a Santa Ana Tlapacoyan, antes del cruce del río, descansa. La base de acrílico y la virgencita pesan más de tres kilos.
“No tengo pecados, yo solo voy a agradecerle a la patrona que me bendijo a mi y a mis papás con salud, porque si le pido dinero y no trabajo, pues las monedas no caerán del cielo”, ironiza recostado bajo la sombra de un árbol.

 

 

Camina con tenis para jugar futbol, nada cómodos, pero son los que tiene.

 

 

 

 

 

Tienes que venir preparado para sufrir, para sobreponerte en los momentos difíciles, cuando tu mente dice que no puedes.

 

 

Miguel Reyes, peregrino

 

 

 

 

 

Las ampollas del alma

 

 

“No tenemos dinero, y aunque lastiman un poco, nos acostumbramos, porque la fe es más fuerte que cualquier dolor”, asegura.
Ampollas y malestares en todo el cuerpo acompañan a los peregrinos.
Víctor Aquino, quien lleva más de 15 años caminando a Juquila, bromea: “Ves este lunar; ah, pues es lo único que no me duele”.

 

 

 

 

 

 

 

 


Víctor Aquino respira y acumula fortaleza para continuar su camino.

 

 

 

Erick Pérez calma el dolor de sus rodillas con un poco de música, pero le cuesta trabajo avanzar al ritmo de los demás, y aunque por momentos parece desfallecer, saca fuerzas y camina impulsado por su fe.
Una nube se apiada de los peregrinos que, a su paso, reciben palabras de aliento y bendiciones de los lugareños.
Los hermanos David y Rodrigo Zaragoza llevan paso firme, porque también le van a cumplir a la patrona.
Contagiados por el impulso que les brindan otros peregrinos, se enfilan al último tramo, de Ayoquezco de Aldama a Santa Cruz Nexila.
 

 

 

¿Cansado?

 

 

A lo largo del camino, cruces, imágenes y mensajes de aliento para los peregrinos, como el que se encuentra en la entrada a Santa Cruz: “¿Cansado? la Virgen y tu fe te mueven”.
La sombra que los acompaña cambia de posición cuando el sol se aproxima a las montañas.

 

 

Sobre un camino arenoso, los peregrinos aprietan el paso y antes de que se extinga la luz del día, llegan a su destino, tras doce horas de caminata.

 

 

Un baño a jicarazos de 25 pesos y una torta de quesillo saben a gloria. Es lo único que encuentran, porque en el pueblo hubo primeras comuniones y están enfiestados.

 

 

Hacen un recuento de los daños: pies llagados, rozaduras y dolores musculares cuando menos.

 

 

 

 

 

 

 

 


Leyendas que son inyección de energía para los peregrinos.

 

 

 

Descanso que sabe a gloria

 

 

Uno a uno llega a la primera parada, entre ellos Aldaír López. Tras un baño y ponerse ropa limpia, disfruta de un caldo de pollo que ya tenía preparado el contingente que se adelanta en camionetas para apartar lugar.
Los peregrinos tienden sus casas de campaña, colchonetas o sleeping en los corredores del palacio municipal.

 

 

En cada pueblo hay una cancha de basquetbol y los niños del lugar echan la cáscara, indiferentes o acostumbrados a los extraños.

 

 

El cemento muele la espalda de los caminantes. Hace frío, pero el cansancio los vence.

 

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