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Pasión por el arbitraje

Foto(s): Jaime Medina Sánchez
Jaime Medina Sánchez
  • Desde niño, Emilio Abel García Montaño estuvo involucrado en el futbol

 

Desde las calles de Santo Domingo Tomaltepec, Oaxaca, donde la infancia se vive entre cascaritas y risas, surgió la historia de Emilio Abel García Montaño, un hombre que encontró en el arbitraje no sólo una profesión, sino una verdadera vocación.

Infancia alegre y primeros pasos en el futbol

Emilio Abel recuerda con cariño sus primeros años de vida: “Fui un niño inquieto como muchos, con una infancia alegre. Al ser el más pequeño de la familia, nunca sufrí de limitaciones”.

Su amor por el futbol comenzó a los siete años, cuando empezó a practicarlo de manera organizada, aunque no se destacó como jugador, pero el balón fue su primer contacto con la disciplina deportiva.

Del futbol al arbitraje: una necesidad que se convirtió en pasión

A los 37 años de edad, en un momento de necesidad económica, Emilio Abel García Montaño vio en el arbitraje una oportunidad para mejorar su situación. “Con lo que ganaba en mi trabajo no me alcanzaba, por lo que el arbitraje se presentó como una opción para obtener más recursos”, comentó.

Lo que comenzó como una solución financiera, pronto se transformó en una pasión. “El arbitraje es lo que hace palpitar con intensidad mi corazón. Al ingresar al terreno de juego siento una sensación muy especial”, afirmó con emoción.

Una carrera forjada con esfuerzo y dedicación

Su primer partido lo pitó en la cancha de baby fut de la colonia Linda Vista de la ciudad de Oaxaca, sin ni siquiera conocer las reglas. Fue Abel Rojas quien le dio la oportunidad de probar suerte.

Dos meses después, ya con el estudio de las reglas de juego, Emilio Abel fue designado como juez central en la final de la Liga de San Felipe del Agua.

Desde entonces, ha aprendido que el arbitraje exige disciplina, responsabilidad y sobre todo, honestidad. “Cada partido te deja una enseñanza nueva”, aseguró.

Más que una profesión: una ventana al mundo

Gracias al arbitraje, Emilio García Montaño ha logrado estabilizarse económicamente, pero también ha ganado algo invaluable: amistades, experiencias y la oportunidad de conocer lugares que nunca imaginó. “Me ha dado la satisfacción de conocer otras entidades de la república mexicana”, comparte.

Reconoce que controlar a los jugadores en el sector amateur es complicado, pero el conocimiento profundo de las reglas le permite argumentar con precisión y autoridad.

Consejo para los jóvenes: que les apasione

A quienes desean incursionar en el arbitraje, Emilio García Montaño les deja un mensaje claro: “Primero tiene que gustarte, luego amarlo y finalmente disfrutarlo. Si lo haces por obligación, nunca vas a sobresalir”.

Agradecimientos y legado

Emilio Abel no olvida a quienes lo apoyaron en su camino. Agradece a José Luis Cruz por su ayuda en el estudio de las reglas, pero reconoce a Gustavo Montes Tejero como su verdadero formador. “Él me pulió y me llevó a la Federación Mexicana de Futbol Rápido. Y hoy soy quien soy gracias a Tejero”.

La historia de Emilio Abel García Montaño es testimonio de que nunca es tarde para encontrar una pasión, y que con esfuerzo, disciplina y amor por lo que se hace, se puede transformar una necesidad en una vida plena.
 

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