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Andrés Iniesta, el mago que enamoró al mundo con fútbol

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Foto(s): Cortesía
Celeste M. Torres

Cuando pienso en Andrés Iniesta pienso en una sola palabra: magia.

Muchas razones me llevaron a enamorarme profundamente del fútbol desde que era una niña, y la magia del señor Andrés con el balón fue una de ellas.

Desde que era un niño en Fuentealbilla, Albacete, hasta su llegada a la Masía, Iniesta mostró con paso firme que iba en camino a la inmortalidad. Seguro de su talento pero dispuesto a crecer, perseveró hasta alcanzar el máximo nivel deportivo.

Al cauteloso aprendiz poco tiempo le bastó para convertirse en un referente y maestro de generaciones enteras, en un ejemplo de virtuosidad dentro y fuera de la cancha. 

Es imposible no hablar de fútbol sin mencionar su legado. La alegría con la que se acarreaba en el campo era contagiosa. El gozo con el que peleaba cada balón rozaba en la ilusión de un niño dentro de una juguetería. Le decían "el Fantasmita" pero de eso poco tenía, porque en el terreno jamás desaparecía. Con el alma pintada de blaugrana, te invitaba sin aviso a amar el fútbol tanto como lo hacía él. 

Un hombre sensible, de perfil bajo y pocas palabras que prefería que su juego hiciera la charla. Un toque magistral, creativo, que mezclado con la marca registrada de la Masía creó un fútbol elegante, asertivo, y hermoso de ver.

Parte fundamental del famoso tikitaka que con el imponente Barcelona dirigido por Guardiola logró conquistar al mundo, y cómo olvidar los icónicos "iniestazos", si uno de ellos le dio a España, en el lejano 2010, su primera Copa del Mundo en la historia del seleccionado.

Números monstruosos, un toque sin igual y un mito que queda escrita en los libros de historia llegó a su final el pasado 8 de octubre de 2024, cuando anunció durante una rueda de prensa su retiro oficial del fútbol, no mucho tiempo después de haber acumulado 1000 partidos como profesional.

La noticia llegó a romperme el corazón.

Aunque hacía años que no lo veía jugar debido a su mudanza hacia ligas menos "populares" y competitivas como la japonesa y luego la de los Emiratos Árabes, una parte de mí seguía inmutada al saber que continuaba compartiendo su magia con el mundo, aunque consciente de que el final era inevitable, y cada vez más cercano.

El fin del romance de Iniesta con el balón se siente personal, irreal, una pérdida que no podrá ser sustituida, y que deja un sabor agridulce en la boca que con pocas cosas se puede comparar.

Agrio, por su puesto, porque siempre es difícil despedirse de un referente que marcó un parte aguas para el deporte mundial. El adiós, aunque necesario, es triste, y nunca fácil de decir.

La nostalgia que trae la memoria de su juego es la parte dulce; quienes tuvimos la fortuna de vivir para ver a Iniesta dominando la media cancha podemos decir gustosos que disfrutamos de una época en el deporte que quizá no se repita en mucho tiempo, y de un talento que, ciertamente, no tendrá comparación

Agradecida estaré permanentemente por mostrarme un fútbol de en sueño. El recuerdo de su juego es uno que atesoraré conmigo siempre, y que espero algún día compartir gustosa si algún día alguien me pregunta, "¿tú viste jugar a Iniesta?".

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