Afrontaba Michael Phelps una jornada histórica, y el estadounidense no solo no se amedrenta ante los más grandes desafíos, sino todo lo contrario. A sus 31 años, el estadounidense ganó otras dos medallas y agigantó así su leyenda, resumida ahora en 15 metales olímpicos: 21 de ellos de oro, dos de plata y otros dos de bronce.
Primero se impuso en la final de los 200m mariposa. Lo hizo con una marca de 1m 53,36s; es decir, 14 centésimas mejor que el japonés Masato Sakai, plata, y 26 más que el húngaro Tamas Kenderesi, bronce. El norteamericano pudo además tomarse la revancha de la derrota que sufrió hace cuatro años en Londres ante el sudafricano Chad Le Clos, que esta vez finalizó cuarto.
Después, en el relevo 4x200m libre, puso el broche al triunfo estadounidense y a un día inolvidable para él, que durante el tramo que transcurrió de una prueba a otra celebró su éxito con su madre, su esposa y su hijo. No era para menos. Phelps, que disputa en Río de Janeiro sus quintos Juegos consecutivos, es el deportista más laureado en la historia olímpica.

