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Artífices de una guerrera, los padres de Gilda Andrea Hernández

Foto(s): Cortesía
Julio León

“Si el cáncer no te venció, nada podrá hacerlo; vamos hacia adelante y por más…”, son las palabras con las que la señora Claudia Ramírez Sánchez alienta a su hija, la paraciclista Gilda Andrea Hernández, quien en días pasados recibió el Estímulo Municipal al Deporte Adaptado 2023.

Los principales obstáculos que han superado han sido la parte económica, para poder sostener el gusto por el denominado deporte del pedal y la fibra de la multimedallista de oro de Paranacionales Conade (antes Paralimpiada Nacional) y competidora de Copas Mundiales, mencionó su padre, Mauro Andrés Hernández.

“Nosotros, solos no podemos sostener los gastos que representa su gusto por el ciclismo, por lo que siempre tenemos que andar tocando puertas de patrocinadores, a veces se nos abren, a veces no, pero sus logros de ella nos motivan para seguir”, compartió con una sonrisa el orgulloso padre de familia.

Mauro Andrés es casi como la sombra de Gilda Andrea en sus competencias. La acompaña e impulsa siempre.

 

NADA PODRÁ FRENARLA

Hace aproximadamente diez años un duro capítulo vivieron en su vida. 

Ante el cáncer no hubo otra alternativa más que la amputación de su pierna izquierda de Gilda Andrea Hernández. Pero ella es una guerrera que vive sin límites, quien actualmente cursa su carrera profesional en la Universidad Anáhuac de Oaxaca, y está en busca de su pase a los Juegos Parapanamericanos de Santiago de Chile 2023.

El señor Mauro Andrés es campesino, mientras que la señora Claudia Ramírez Sánchez es empleada doméstica.

A pesar de cualquier limitación, nunca han perdido la fe y cada uno de ellos aporta para que Gilda Andrea Hernández pueda brillar en el ciclismo, no sólo estatal sino nacional y en el plano internacional.

“Siempre, antes de cada competencia, le digo: sabes a lo que venimos… entonces hay que demostrar el talento y dejar lo mejor”.

Claudia Ramírez, como toda mamá, la acompaña a distancia con sus bendiciones y sabios consejos.

“Siempre le pido a Dios que la cuide. A ella le digo que, si no la tumbó el cáncer, no la va a tumbar nada, entonces debe salir a dar lo mejor”.

Un día normal para Gilda Andrea es levantarse a las cinco de la mañana para ir a la universidad. Regresa a las cuatro o cinco de la tarde, entrena dos horas y luego hace tarea. Los fines de semana sale a rodar a carretera, “siempre nos quedamos pensando en el riesgo, porque va del lado de Tlacolula, pero ella es muy valiente”, señala Mauro Andrés.

Sus padres revelaron que “Gilda es muy celosa con su bicicleta”. Y es que su bici es una parte de la paraciclista de 23 años de edad, que seguirá preparándose en busca de su máximo sueño: representar a México en unos Juegos Paralímpicos.

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