César Mayoral Figueroa
Desde Metropolitan Opera House, de Nueva York, tendremos la oportunidad de disfrutar de la presentación de la muy celebrada ópera del compositor Richard Strauss, en una puesta en escena de ambiente contemporáneo. Esto puede no agradar a algunas personas; sin embargo tiene su sentido en cuanto muchas obras de arte son de contenido atemporal.
Los contenidos significantes y los sucesos que muestra, de hecho pueden ocurrir en cualquier época y en cualquier parte del mundo. Valga el ejemplo de la decapitación como pena, como castigo o como delito de que hemos sido testigos al leer o ver o escuchar noticias, que siguen ocurriendo en nuestros días.
La ópera se refiere a un momento específico del pasado, más tuvo su fuente no sólo en una obra dramática, sino en acontecimientos que ocurrieron antes. Que la ópera siga dando lugar a discusiones o polémicas resulta de la parte formal, de lo que muestra o de lo que se dice.
Strauss presentaba obras prohibidas por nazis
Lo importante es que forma y contenido se integran para una gran obra de arte, y de arte mayor, para todos quienes la vean y la escuchen. Richard Strauss nos parece insuficientemente conocido, diferenciándolo de los demás compositores de su familia.
Nació el 11 de junio de 1864, siendo sus padres Franz Strauss, solista de trompa, y Josephine Pschorr, muy amante de la lectura. A los cuatro años de edad aprendió música y de ahí en adelante todo su aprendizaje fue por cuenta propia, teniendo buenos tutores. Su padre le dio a conocer a Schumann, a Mendelssohn y a Wagner. Luego, a los 18 años estudió Filosofía e Historia del Arte.
Formalmente no estudió música; tuvo la suerte de conocer a Hans von Bülow, director de orquesta y compositor quien quedó muy impresionado por los trabajos que realizó Richard Strauss a los 16 años, y le enseñó dirección orquestal. Su extraordinario talento motivó que lo designara Joseph Goebbels, presidente de Reichsmusikkammer, aunque sin haberlo consultado.
Strauss presentaba obras de Debussy, de Mahler y de Mendelssohn, prohibidas por los nazis. Él descendía de judíos y su gran amistad con Stefan Sweig le permitió componer la ópera cómica “Die Schweigsame Frau” (La Mujer silenciosa), que fue prohibida por los nazis luego de tres presentaciones. A pesar del rechazo de los nazis, estos utilizaron el Olympische Hymne en los Juegos Olímpicos de 1936.
Una vez retirado de su cargo, escribió a su amigo Stefan: -“¿Crees que guío mis acciones pensando que soy alemán? ¿Crees que Mozart compuso pensando que era ario? Solamente conozco dos tipos de personas, las que tienen talento y las que no”-.
En cuanto a su producción, su capacidad sólo es comparable a la Mozart, pues sus obras se cuentan por centenas en varios géneros: óperas, poemas sinfónicos, obras orquestales, otras obras instrumentales, música de cámara, música para piano, canciones, melodramas, obras corales, otras composiciones vocales, arreglos y estudios para instrumentos no especificados. Y no es exagerado decir que sus obras son centenares. Baste mencionar un álbum, entre muchos, de 40 canciones para soprano o mezzosoprano, y tenemos muchos más a disposición.
Tratándose de la ópera “Salomé”, que esperamos disfrutar este sábado, Strauss la compuso elaborando él mismo el libreto y, por supuesto, la música, eligiendo la obra dramática escrita por Oscar Wilde -originalmente en francés-, gracias a una traducción al alemán hecha por Hedwig Lachmann.
Strauss era muy exigente con sus elecciones y se cuenta que revisó gran cantidad de obras, y asistió muchas veces a teatros para ver las representaciones.
De qué va
“Salomé” es una ópera en un acto, con un impacto muy fuerte en el espectador por mostrar la vida pulsional y sus efectos. Además el personaje Salomé, que coincide con un relato mitológico y con la mención que se halla en la Biblia, da lugar a un conflicto entre el tema bíblico cristiano, el erotismo y el crimen. Todo esto se integra en la creación de una gran obra de arte que debemos al genio de Richard Strauss.
La obra no tiene obertura e inicia con el tema de Salomé definitivo por el leitmotif específico que la identifica. Vale una breve digresión para ilustrar esto: cuando vemos una película de La pantera rosa, escuchamos el tema musical por el que anticipamos que se trata de tal personaje cómico. Tal es el leitmotif de la caricatura. Así en Strauss, escuchamos un leitmotif también para Juan el Bautista.
La trama se desenvuelve en forma continua, durante el cumpleaños de Herodes Antipas quien se halla con su esposa Herodías, divorciada de otro Herodes Filipo I, hermano del actual esposo y con quien tuvo a Salomé, ahora sobrina e hijastra de Herodes Antipas; se hallan en compañía de su corte y representantes invitados.
Salomé estaba harta de la fiesta y al pretender huir, escucha la voz de Juan, prisionero, quien grita maldiciendo a Herodías. Salomé desea verlo y aunque Herodes lo tenía prohibido, logra convencer a Narraboth para conseguirlo, ya que ella sabe que el Capitán encargado de la prisión está enamorado de ella. Pues resulta que conocer al Bautista y enamorarse de él se dan en ella como “amor a primera vista”. Luego Salomé quiere tocarle y hasta besarlo; pero Bautista la rechaza.
Ante esto Narraboth comete suicidio. Herodes intenta atraer a Salomé, evidentemente con el fin de poseerla. Herodías se da cuenta pero no puede hacer mucho. Herodes logra que Salomé baile para él ofreciéndole el obsequio que ella elija, así fuese la mitad del reino. Esto es muy sugestivo para suponer que en caso de que ella aceptara, llegaría a ocupar el lugar de su madre.
Herodías no soporta el hostigamiento verbal de Juan y dice a Salomé que en compensación a la danza, pida la cabeza de Juan Bautista. Herodes concede, por supuesto, y entregan la cabeza del preso ejecutado. Salomé besa entonces los labios de la cabeza del Bautista, con lo que Herodes ordenó que la mataran aplastándola los guardias con sus escudos.
La música se constituye en la forma de expresión significante, como ocurre con los motifs. También hay cambios de la politonalidad a la atonalidad, con inclusión de cromatismos y modulaciones poco frecuentes. Muy representativo de los recursos de Strauss es la parte final en que la muerte del Bautista se incluye en un “contexto musical” muy disonante.
Se le ha denominado: “el acorde más repugnante de toda la historia de la ópera”. Pero... bien puede decirse que tal es la impresión de la muerte ocasionada como injusticia extrema. En fin, la obra da para mucho que pensar y discutir: el abuso del poder, el deseo, el erotismo, la religión, la lealtad o la deslealtad, y un largo etcétera. Pues a disfrutar de la bellísima orquestación, de la complejidad armónica, de las extremas exigencias para los cantantes y de la gracia de la danza de los siete velos.
