Por Esmeralda Aragón / Colaboradora
Textos de dramaturgas indígenas mexicanas en el Año de la Mujer Indígena (fragmento).
Aquí estamos nosotras, las de piel morena y junto a nosotras, nuestros fantasmas.
Aquí estamos las que alguna vez dejamos los quehaceres de la casa para escribir, escribir lo que fuera, como si escribiendo pudiéramos huir de lo que somos, de dónde venimos y cómo nos sostenemos todos los días. Escribimos sin pretensiones, sin imaginar nuestros textos en una revista o en un libro de teatro, porque dedicarse a escribir es un privilegio: lleva mucho tiempo y no te da de comer.
Estamos aquí, las nombradas “mujeres indígenas”. Las que, desde sus rincones, bordan, escriben, cocinan, dirigen, limpian, actúan, van al mercado, reciben llamadas en una caseta telefónica, las que llenan de barro sus manos, las que siembran la tierra con palabras llenas de vida, de cotidianidad.
Las obras que escribimos están bordadas con naturaleza: tierra, agua, aire y fuego. Algunas páginas huelen a tierra mojada y a café con pan; otras, a tortilla de mano, de maíz nuevo. También están las páginas llenas de vacíos, de ausencias, marcadas por la discriminación y las violencias sistémicas.
Nosotras, no somos mujeres indígenas, solo este año. Lo somos desde antes, desde siempre. Desde que buscaron la forma de nombrarnos porque les parecemos ajenas, desde la que la jerarquización entre humanos buscó el privilegio de unos cuantos. Hasta abajo nos han puesto a nosotras: las prietas, las chaparras, las de cabellos negros y largos, las nacidas en los pueblos, las que mastican el español, porque se niegan a morderse la lengua.
Aquí estamos, llegamos a donde pocas pueden llegar, con una mano sostenemos nuestra dignidad y con la otra tocamos las puertas, a veces se abren, muchas veces no. Somos contadoras de historias, de esas que crecen a nuestro alrededor, como la maleza, que brotan de las gritas del cemento. Nosotras hablamos el mismo lenguaje, el del teatro. Llevamos nuestros sentipensares a las hojas vacías y ahí las depositamos, con fe, para que en algún momento la vida las alcance.
