Por Rafael Alfonso
El día de ayer llegó a su fin uno de los proyectos más importantes para el teatro oaxaqueño en los últimos años, se trata de Casa Ceiba, un centro cultural independiente que alojaba en su interior al Foro Polilla y por el cual desfiló casi una centena de grupos teatrales venidos de todos lados del país pero que no sólo eso, sino que también revitalizó la escena oaxaqueña.
La plantilla de Casa Ceiba está formada por Francisco Reyes (dramaturgo, actor y director), Luis Montalvo (actor y director), Eloí Chávez (actor y terapeuta) —base del grupo conocido como Nopal con Flor— y Jakob Aguilar (iluminador y técnico de audio), quienes con la debida oportunidad anticiparon el cierre de su espacio. Las razones para ello fueron varias, pero la principal fue que el incremento anual en el alquiler del hermoso inmueble que ocupaban hacía incosteable la operación del espacio. Sostenerlo requeriría una cartelera que se renovara con mayor frecuencia, y una mayor afluencia de público, circunstancia con la que teatreros de todos los tiempos tendrán que lidiar.
Los grupos y artistas que se presentaban en Casa Ceiba, y eso hay que reconocer, disfrutaban de una gran libertad en el uso del espacio, un trato en extremo cordial, y una excelente disposición para que los grupos contaran con todo lo necesario para llevar a cabo su función, cualidades que también disfrutaban quienes asistíamos como público a ver estas puestas en escena. Por estas razones, sin duda, echaremos de menos las noches de teatro en el lugar.
Para cerrar con broche de oro, los dos años que duró el proyecto, la compañía Nopal con flor, presentó Las noches del Barba Azul, obra que muestra la amplia experiencia del grupo en el subgénero del que son maestros indiscutibles, el Teatro Cabaret, del que por cierto Casa Ceiba fue la sede oaxaqueña de un festival de carácter nacional. Esta última función de las noches del Barba Azul, tuvo un lleno total y terminó en un bailongo colectivo de proporciones épicas. Por todas las emociones que se pusieron en juego esta noche, fuimos llevados de la risa a la lágrima, pues Casa Ceiba se convirtió en un espacio entrañable para quienes ahí fuimos recibidos, precisamente, como en casa.
