Por Rafael Alfonso
Hoy dedicaré esta nota a mis queridos compadres Esmeralda Aragón y Gustavo Martínez, ambos actores oaxaqueños que han decidido hacer una apuesta arriesgada: dedicar su vida al teatro. Y cuando digo “dedicar su vida al teatro” me refiero a hacer de este la ocupación central de su vida y su principal fuente de recursos económicos, lo que es, como deben suponer queridos lectores, una decisión temeraria, por decir lo menos.
Lo común es que, quien hacen teatro en el contexto oaxaqueño, lo haga con un pie bien afincado (entiéndase como empleado) en la administración pública o en la iniciativa privada, lo cual no descalifica a ningún teatrero que así lo haga, pues cada uno debe encontrar la forma más digna de resolver las necesidades apremiantes de la vida cotidiana. Lo que sí podemos decir de Esmeralda y Gustavo, es que en su compromiso con los escenarios literalmente les va la vida.
Los resultados lógicos de esta apuesta, a la que llamaron Pelo de Gato, es que, después de varias penurias —sobre todo económicas, pues su proyecto se enfrentó casi de inmediato con la pandemia con el consecuente cierre de foros públicos—, la pareja ha obtenido sus recompensas. Tras cientos de funciones en los más diversos escenarios, ambos cuentan con un dominio pleno de su herramienta de trabajo, maestría en la interacción con el público y el reconocimiento de importantes personajes del teatro nacional.
Desde Nuestra señora de las nubes y Chachareando los Pelo de Gato dieron muestra de ser un equipo bien compenetrado. Sus últimos trabajos unipersonales, Cita con el Diablito y Pedrito Contreras, —donde mientras uno está en escena, el otro brinda el apoyo técnico—, dejan ver que comparten en su trabajo varios recursos y valores estéticos.
En el plano personal, Esmeralda y Gustavo forman parte de mi círculo de amistades. Recuerdo cuando Gustavo me instó a conocer la página de El Coyul Huamelula con estas palabras: “Esmeralda está escribiendo todos los días en las redes sociales. Es muy interesante lo que escribe, está muy padre y la gente está respondiendo muy bien”. Así conocí su faceta de escritora. En los textos que dieron pie a la ahora reconocida obra El Coyul, Esmeralda hace una entrañable crónica de su lugar de origen, una paradisiaca localidad situada en los límites entre el Istmo y la Costa oaxaqueña y muy próxima al mar. Por otro lado, Gustavo Martínez se ha empeñado en sacar adelante Cita con el Diablito donde nos da muestra de un domino corporal que recuerda a los grandes mimos y nos comparte lo más irreverente de su humor.
Me halaga contar con su amistad y haber colaborado, un poquito, con el audio de la puesta en escena de El Coyul, escrita por Esmeralda y codirigida por Gustavo. Actualmente, me ocupa la edición de las obras de Esmeralda, la ya citada El Coyul y 28 metros sobre el nivel del mar donde mi amada Rosario Sampablo forma parte del elenco. Tanto El Coyul como 28 metros… forman parte de un proyecto a largo plazo a los que se les ve muchas funciones por venir. El Coyul ha recorrido, con muy buena fortuna, toda suerte de escenarios nacionales y no dudo que en próximas fechas pudiera presentarse fuera del país.
Para concluir, diré que en el escenario Esmeralda y Gustavo se entregan y que el público siempre encontrará en ellos una clara muestra de talento y vocación, pero, sobre todo, de trabajo diario a brazo partido, por y para el teatro.
