César Mayoral Figueroa
Esta gran obra del género musical cumbre del bel canto o canto lírico, fue compuesta por Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart entre 1785 y 1786, llegando a constituir parte de la gran trilogía Mozartiana con Don Giovanni y con Cosí fan Tutte.
La Biografía de Mozart, o algunos datos biográficos, resultan muy interesantes y útiles para comprender su facultad creadora y su dimensión significante no sólo en la música, sino en lo social, lo político y la moral. Fue un niño tan precoz que a los 8 años compuso su primera Sinfonía. Claro, su padre fue un factor promovente muy serio que lo presionó para desarrollar su genio del que era sabedor desde los primeros años de edad del pequeño Johannes. Así transcurrió su infancia en giras por Europa.
Se ha dicho que siempre fue un rapazuelo, un chico travieso cometiendo algunos excesos en su entorno. A los 26 años contrajo matrimonio con Contanza Weber, aunque con la desaprobación de su padre. Para estas fechas ya había compuesto 415 obras y se trasladó a Viena. Así que de 1782 a 1791 desarrolló el resto de la muy extensa obra, muriendo el 5 de diciembre de este año. Se comprende que haya sido enterrado en una fosa común dada su insolvencia, pues dejó una deuda de más de 150 mil chelines.
En varios aspectos su vida nos asombra, como su actividad de compositor durante la cual se sabe que no cometía errores ni necesitaba un instrumento para componer.
Además sus facultades intelectuales le permitían tocar cualquier obra al instante con sólo escucharla.
Quienes vieron la película Amadeus lo apreciaron en el momento en que Mozart llega frente al Emperador y sus directivos musicales y miembros de la Corte. Tal escena ilustra muy bien al genio y al (todavía) rapazuelo.
Mozart tenía toda la información de la época y mucho de lo característico de la misma se haya puesto en acto en sus obras. Le tocó vivir la modernidad, la era de la razón, la Ilustración, y también la revolución de Bach y el desarrollo del piano.
Mozart siempre revisaba obras para posibilidades de un libreto, asī como asistía a muchas representaciones teatrales.
En tratándose de Las Bodas de Figaro, es probable la opinión de que la intensión de Mozart era mostrar que no solamente los italianos podían componer óperas bufas. Entonces, tuvo dos grandes aciertos: primero, elegir la obra dramática de Beaumarchais Le Mariage de Figaro y, segundo acierto, pedir a Lorenzo da Ponte la escritura del libreto.
Esta obra estaba de moda en Europa aunque se la tachó de escandalosa y la prohibieron. Preocupaba además el tema revolucionario. Beaumarchais tuvo una vida muy agitada, por decir lo menos: relojero, profesor de arpa, financiero, contrabandista de armas, agente secreto, diplomático, escritor satírico, editor y libretista; siempre en problemas por sus ideas políticas.
Mozart tenía, pues, simpatía con el mensaje y dejó que Da Ponte, que era poeta oficial de la corte justificara ante el Emperador José II un tema tan censurado.
En síntesis la ópera muestra la inmoralidad de personajes de la realeza, cuya diversión es la conquista de mujeres atractivas para sus amantes, en un contexto autoritario y despótico, lastimando a oponentes probables o esposos o novios ofendidos.
Los sucesos que tienen base en la realidad, se sitúan en el palacio del Conde Almaviva, en Sevilla, durante la segunda mitad del siglo 18. Rosina es su esposa y Condesa. El Conde descubre que Cherubino tiene puestos los ojos en la Condesa y para deshacerse de él lo envía a la guerra.
Por su parte el Conde desea a Susanna, quien es la prometida de Fígaro, criado del Conde. Una situación y un contexto que favorecen la posibilidad de cumplir los deseos del Conde. La respuesta es el acuerdo de Fígaro, Susanna y la Condesa para entorpecer el plan del Conde y poner de manifiesto su infidelidad.
Incidentalmente Fígaro tendrá una discusión con el Doctor Bartolo que es observada por el Ama de llaves Marcelina, quien termina descubriendo que Figaro es su hijo, como resultado de los amores con el Doctor Bartolo.
Ahora bien, al definir Le Nozze de Figaro, bien puede exclamar ¡ÓPERA!, dado que, además de la estructura musical de un genio, esta se muestra poniendo de manifiesto el ingrediente esencial de ‘la obra de arte total’: el bel canto. En sus cuatro actos ¡Mozart incluyó 28 intervenciones vocales, como: arias, duetos tríos, corales, recitativos!
Una obra grandiosa de presencia obligada que no debemos perder, y un camino hacia un final de la temporada de igual satisfacción para los más exigentes paladares, ya que en mayo 17 y 21, nos envolverá el embrujo estético con Salomé de Richard Strauss y, finalmente, con “El Barbero de Sevilla”, de Rossini, respectivamente.
