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Lecturas para la vida: La pluma del señor Godoy

El señor Godoy despertó muy temprano aquella mañana de domingo.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

El señor Godoy despertó muy temprano aquella mañana de domingo. Se bañó, se afeitó y se vistió como para asistir a una cita. Al terminar bajó al estudio y se encerró dentro. Cargó  la cafetera y la puso a funcionar al tiempo que encendió el primer cigarrillo. Antes de beber el café abrió un paquete de galletas glaseadas que acomodó en un platito de talavera poblana. 

En un tiesto acomodó bolígrafos, pluma fuente, lápices de colores y de grafito, goma de borrar, plumones de fieltro, pequeñas cuchillas, sacapuntas, una regla metálica, tintero y portaminas.

Cada mañana del domingo, de siete a nueve, el señor Godoy trata de olvidar todo lo concerniente a los lucrativos asuntos que le ocupan durante la semana e intenta dar salida a sus inquietudes literarias. Su esposa sabe que durante esas horas tiene terminantemente prohibido molestarlo. Es un tiempo religiosamente reservado a su obra, ha sido así durante los últimos tres años. El abogado sabe que no saldrá del estudio sin escribir un cuento peregrino. 

La espera lo impacienta. Ha pasado media hora y no ha escrito una línea. Come una galleta. Acomoda libros. Saca punta a cada uno de los lápices del tiesto. Fuma mientras limpia el busto de Bukowsky que adorna su escritorio de cedro. Se asoma al jardín y mira a don Isidro sembrando el rosal que su esposa compró el viernes.

Ensaya un par de líneas que no le convencen y que terminan en la papelera de aluminio. Abre la puerta y la ventana, pero de la pequeña musa, ni sus luces. En esta ocasión no ha podido escribir nada que valga la pena y se pregunta, como siempre, “¿es que alguna vez lo he logrado?”. 

De repente, la musa irrumpe en el estudio como un vendaval. Él se alegra de reconocerla, sabe que su paso es fugaz y que hay que mantenerse alerta como un cazador que atrapa aves al vuelo. Sin preámbulos se sienta frente al escritorio. Toma la Mont Blanc, la de las buenas ideas, y comienza a escribir sobre su Moleskin ejecutiva: El señor Godoy despertó muy temprano aquella mañana de  domingo”…

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