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La poeta oaxaqueña que tradujo su tristeza al zapoteco

Gemima Hernández Martínez
Foto(s): Cortesía
Redacción

Liliana Teresa Jiménez Mota

¿Quién dice que los sueños imposibles no se cumplen? Desde Santo Tomás Tamazulapan, en la Sierra Sur de Oaxaca, una joven poeta de solo 18 años está demostrando que el arte también puede sanar. Gemima Hernández Martínez escribió “Mi vida en un frasco”, un poemario que retrata, con valentía y sensibilidad, cómo se vive la depresión en la adolescencia. Pero no lo hizo en un solo idioma: lo escribió en español y lo tradujo al zapoteco de San Andrés Paxtlán, su lengua materna, dándole doble alma a cada verso.

Entre talleres escolares, apoyo de su comunidad y muchas madrugadas frente al teclado, Gemima convirtió su tristeza en poesía y su lengua en resistencia. Hoy, su voz resuena en dos idiomas, y su mensaje es claro: ningún sueño es absurdo y el arte puede ser un refugio para quienes buscan sentido cuando todo parece apagado.

Jornada emocional

Su poemario “Mi vida en un frasco” recorre 24 horas que simbolizan el paso de una jornada emocional, marcada por la tristeza, el vacío y finalmente, la esperanza. Cada hora se convierte en un poema, y con el paso del tiempo, el reloj también va marcando una transformación interna.

La idea nació cuando Gemima tenía apenas 13 años. Primero fue una novela, escrita en silencio, sin pensar que algún día sería publicada. En 2023 decidió reescribir esa historia en forma de versos. El proceso no fue fácil: entre clases y tareas, aprendió a maquetar, diseñar e imprimir su propio libro.

Poemas al zapoteco

Traducir los poemas al zapoteco fue otro reto. Aunque su mamá hablaba la lengua, en casa no era común usarla. Fue hasta llegar a San Andrés Paxtlán que Gemima se reconectó con su raíz. Con apoyo de la maestra Abigail Gómez y la promotora Verónica Pérez Aragón, logró dar vida a sus versos también en zapoteco.

“Cada lengua tiene su brillo, aunque el mensaje sea el mismo. Traducir no es solo cambiar palabras, es darle otra alma a lo que sientes”, comparte. Pronto planea incluir códigos QR en su libro para que los lectores puedan escuchar los poemas en zapoteco y sentir esa “melodía” que, para ella, tiene la lengua originaria.

Taller artístico 

Estudiando en el IEBO Plantel 191, Gemima no solo escribió: también creó espacios para que otros jóvenes compartan sus talentos. Junto con sus compañeros fundó un taller artístico donde cantan, escriben, dibujan y se motivan entre sí. “El arte es un refugio y ningún sueño es absurdo”, dice con firmeza.

Ver a sus compañeros emocionados al escuchar sus poemas fue una de las experiencias más bonitas. “Decir que escribí un libro fue un paso difícil, pero verlos felices al leerme o al escucharme fue increíble. Siento que los inspiré a creer en lo suyo.”

Gemima Hernández Martínez nació el 23 de septiembre de 2006. Comenzó escribiendo cuentos a los 11 años, pero fue en 2022 cuando encontró en la poesía su verdadero lenguaje. Hoy, sus versos son un puente entre dos mundos: el interior, donde habita la emoción, y el cultural, donde vive el zapoteco.

Con cada palabra, Gemima demuestra que la juventud oaxaqueña tiene mucho que decir y que la poesía, además de arte, también puede ser resistencia, identidad y salvación.

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