Ángela nació en la periferia de la ciudad de Oaxaca, era la época en que niños y niñas tenían que trabajar en casa; podían jugar siempre y cuando sobrara el tiempo, después de terminar sus obligaciones diarias.
Su mamá le repetía día tras día que en esta vida el que no trabaja no come; también le decía que fuera obediente para aprender a dar órdenes cuando fuera grande.
Otras recomendaciones de su madre eran la de aprender a valerse por sí misma y mantener limpia la casa, lavar su ropa y hacerse de comer, porque si no aprendía, cuando creciera iba a sufrir.
Este tipo de letanía, como llamaba Ángela a los consejos de su madre, no le agradaban, pensaba que su madre no tenía razón, que era una tirana, no la quería, pensaba que quizás la odiaba.
Ángela soñaba con ser grande, para hacer de su vida lo que quisiera, tenía el anhelo de ser médica, tocar un instrumento, cantar, bailar, manejar bicicleta, nadar, etcétera. Pero por sus condiciones de vida, solo tenía la oportunidad de leer durante su jornada, pues al anochecer, la vela con la que se alumbraban no podía permanecer encendida mucho tiempo.
Fue así como Ángela prefería usar pantalón o falda con blusa amplia para esconder un libro entre la pretina y su ombligo, además de caminar siempre encorvada para no delatarse. Era objeto de burlas de su mamá y hermanos, quienes le apodaban la jorobadita.
La jorobadita aprovechaba cualquier momento para avanzar en su lectura sin ser vista, aunque algunas veces no lo lograba. Si sus hermanos la veían leyendo a escondidas mientras los trastes esperaban ser lavados, la amenazaban con decirle a su madre. En ocasiones, no faltaba quien la chantajeara pidiéndole una moneda; otras veces que los ayudara en su trabajo; ella cedía, pues de lo contrario sería castigada.
A pesar de ello, Ángela nunca perdió la costumbre de cargar un libro escondido bajo la ropa.
Su andar encorvado terminó tiempo después; al descubrir su postura reflejada en los escaparates mientras se dirigía al trabajo, consideró que ya no era necesario encorvarse; ahora podía llevar su libro dentro del bolso y sacarlo sin el temor de ser vista. Aunque por momentos, mientras lee y alguien aparece ante su vista, cierra su libro en automático, como si tuviera prohibida la lectura y fuera a ser regañada.
