Leonardo Pino
El grito de Independencia dado en Dolores por don Miguel Hidalgo, repercutió en Oaxaca hasta finales de ese año, cuando llegaron a nuestra ciudad dos enviados del cura Hidalgo para avivar la insurrección: José María Armenta y Miguel López de Lima.
A los pocos días fueron descubiertos y detenidos en el Convento de Santo Domingo de Guzmán. Luego de un juicio apresurado, fueron fusilados en Jalatlaco y sus restos despedazados fueron exhibidos en distintos puntos de la ciudad.
A inicios de 1811, otra conspiración alteró la tranquilidad provinciana de Oaxaca: el diácono Ignacio Ordoño, junto a un grupo de criollos notables, entre quienes se hallaban los oficiales José Catarino Palacios y Felipe Tinoco, se propusieron asaltar el cuartel, liberar a los presos e incorporarlos a la insurgencia y fusilar a los militares realistas. Un denunciante anónimo los delató el 2 de junio de ese año; Tinoco y Palacios fueron ejecutados en la Plaza de San Juan de Dios, el 25 de septiembre.
Mientras esto ocurría en la capital del estado, en la región Mixteca operaba un enviado del generalísimo José María Morelos: el arriero don Valerio Trujano, natural de Tepecoacuilco, hoy Guerrero.
Como corolario de una serie de acciones militares en la región, Trujano toma Huajuapan que sería sitiada por tropas españolas. El sitio a los patriotas fue el más largo de la Guerra de Independencia y duró 111 días, lapso en que hubo una resistencia ejemplar.
El famoso Indio de Nuyoo, José Remigio Sarabia Rojas, pudo evadir el cerco realista y dar aviso a don José María Morelos, quien arribó a Huajuapan y rompió el sitio el 23 de julio de 1812, en compañía de Vicente Guerrero y los hermanos Galeana y Bravo, entre otros miles de combatientes.
- II –
En la Villa de Etla, el 25 de noviembre de 1812, Morelos concibe el ataque para liberar nuestra ciudad y ordenó en el parte del día: “¡A acuartelarse en Oaxaca!”
El generalísimo intimó la rendición al jefe realista González Sarabia; al no obtener respuesta favorable ordenó el ataque, a las diez de la mañana del 27 de noviembre.
El avance de los insurgentes fue rápido; el último reducto a tomar fue el Juego de Pelota, hoy Jardín Conzatti, que estaba rodeado por un foso de agua. Al teniente coronel Miguel Antonio Fernández Félix le tocó tomar ese objetivo; allí lanzó su espada al otro lado del foso exclamando: ¡Va mi espada en prenda, voy por ella!
Ya tomada la iglesia de Guadalupe y el templo y hospital de Betlemitas, Fernández Félix adoptó un nuevo nombre, “lleno de simbolismo evocador -narra don Jorge Fernando Iturribarría–, ¡Guadalupe Victoria! ¡Gracias a su arrojo había alcanzado la victoria en los llanos de Guadalupe!”
Nueve años después de la Toma de Oaxaca, se firma el Plan de Iguala, el 3 de marzo de 1821. Ante el vuelco del realista Agustín de Iturbide a la causa independentista, muchos otros oficiales del mismo bando se suman a la causa insurgente; entre ellos, Don Antonio de León.
El general Antonio de León, bajo la jefatura de don Nicolás Bravo, con un pequeño grupo de mixtecos avanza hacia Huajuapan, su pueblo natal. En el trayecto, el 16 de junio proclama la independencia en el hoy municipio de Tezoatlán de Segura y Luna.
Mujeres en la Independencia oaxaqueña
Dentro de las numerosas y anónimas heroínas de la Independencia, destacan las aguerridas mujeres de San Andrés Miahuatlán, Oaxaca, que el 2 de octubre de 1811, “armadas de garrotes, machetes y cuchillos”, se amotinaron y entraron al cuartel del brigadier Bernardino Bonavía, porque nadie les ofreció resistencia.
Los testimonios solamente recogieron los nombres de siete de ellas: Mónica, Rosa la Patiño, Pascuala, Cecilia y Pioquinta Bustamante, con sus hijas Ramona y Micaela.
Los soldados, en ese momento al servicio del invasor español, se negaron a tomar las armas contra las enfurecidas insurgentes, porque eran sus madres, esposas y hermanas. La compañía fue desarmada y los realistas tuvieron que abandonar el poblado, menos los miahuatecos que, en obediencia a sus mujeres, se quedaron en San Andrés.
