Por Leonardo PINO
Muertos en familia
En los albores de nuestra era, los zapotecos que habitaban Monte Albán sepultaban a sus muertos debajo del piso de las casas para mantener contacto permanente con ellos. En caso de remodelación de la morada, la tumba subterránea – que podía contener varios difuntos – continuaba siendo el centro de la atención familiar.
Los niños y adolescentes fallecidos eran enterrados en sencillas fosas ubicadas bajo los aposentos o en el patio de la vivienda, mientras que los cadáveres de los adultos mayores de la clase media o alta eran depositados en tumbas elaboradas con mampostería e instaladas debajo de la casa-habitación.
Estas prácticas estaban relacionadas con la creencia de nuestros antepasados acerca de que la muerte era otra etapa de la vida. En el libro “Muerte y vida de los zapotecos de Monte Albán”, los arqueólogos Cira Martínez López, Marcus Winter y Robert Markens, afirman: “Según estudios, los parientes al morir se convertían en entes sobrenaturales que podían interceder por los vivos ante los dioses para proveerlos de lluvias y asegurar las cosechas, entre otras cosas”.
Al respecto, dan el ejemplo de un entierro en Monte Albán, donde los “los miembros de la tercera generación de la residencia abrieron el cubo de acceso para efectuar un rito frente a la tumba de sus padres y abuelos, al parecer pidiendo por maíz con incienso de copal quemado en un sahumador. Lo deducimos por la ofrenda contenida en una vasija decorada con dos personajes y una mazorca”.
Un lugar para los muertos
En Mitla (nombre derivado del término náhuatl Mictlán, que significa “Lugar de los muertos”) en épocas antiguas no existía el temor a la muerte, ya que morir no significaba terminar la vida, sino renacer en la divinidad. Desde sus orígenes prehispánicos, Mitla fue un lugar relacionado con el mundo de los muertos; su nombre zapoteco, Lyobaá, “Lugar de descanso”, alude a un lugar donde descansan las almas.
“Mitla, como sitio vivo, reflejó en diferentes manifestaciones ese destino”, escribió la doctora Nelly Robles García en el artículo Tradiciones funerarias y estratificación social en Mitla. Al respecto, agrega: “Una muestra clara de ello es la presencia de las enormes tumbas que complementan los espacios palaciegos monumentales característicos de la última época de construcción, considerada como mixteca por los estudiosos de la secuencia cultural prehispánica encabezados por Alfonso Caso. Ignacio Bernal y, más recientemente, John Paddock.
“Las tumbas monumentales de Mitla son una extensión de la extraordinaria arquitectura presente en los conjuntos de palacios. Existe una coherencia con la filosofía de que la muerte es una extensión de la vida, y que la vida se origina del sufrimiento de la muerte”.
Ofrenda contemporánea
De acuerdo a la cosmovisión indígena, a principios de noviembre las almas de los fieles difuntos regresan a este mundo para convivir con sus familias. En la mayoría de los pueblos de Oaxaca, la conmemoración del Día de Muertos se realiza durante los días 1 y 2 de noviembre, cada uno con distinto ofrecimiento.
La principal ofrenda que se brinda a los difuntos es, generalmente, la comida y bebida que preferían en vida, junto a objetos personales, flores, música y adornos, todo situado en un altar que se erige en la parte principal de la vivienda.
El día 31 de octubre se dedica a comprar los productos a ofrecer y a levantar el altar; el 1 de noviembre se recuerda a los niños y el 2 de noviembre a los Fieles Difuntos adultos.
Los altares se dividen en niveles que se adornan con flores, papel picado y se colocan veladoras, fotografías y platillos como mole negro, tamales, pan, frutas, agua, café, chocolate y mezcal. Cada una de las ocho regiones presenta rituales y características propias.
La riqueza cultural del estado sobresale durante esta festividad, entre las muestras que se pueden apreciar están las Comparsas de Día de Muertos; los Tapetes Monumentales ubicados en el Andador Turístico con figuras enfocadas en la muerte y elaboradas con cal; los murales y la decoración de fachadas en el centro histórico y en el barrio de Jalatlaco.
Gran parte de estudios señalan que el Día de Muertos tiene su origen en civilizaciones prehispánicas. Sin embargo, una notable investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la maestra Elsa Malvido, sostiene en “La festividad de Todos Santos, Fieles Difuntos y su altar de muertos en México, Patrimonio “Intangible” de la Humanidad”, que “(…) dichas ceremonias son netamente españolas, coloniales, cristianas y en algunos casos romanas paganas, enseñadas por frailes, curas y otros europeos a los indios y mestizos”.
A pesar de las controversias existentes al respecto, lo cierto es que no existe una sola forma de conmemorar el Día de Muertos, ya que las celebraciones varían en cada región del territorio nacional. Por ejemplo, en las ciudades existe un marcado sincretismo entre las tradiciones mesoamericanas y europeas y en los estados donde hay una fuerte presencia de pueblos originarios, se conservan ritos, ceremonias y costumbre propios.
Todas las culturas desarrollan una visión sobre la muerte que les determina su propia vida y pensamiento. Las nociones de divinidades y de la cosmogonía siempre estarán acompañadas por encontrarle un sentido a la muerte. En esta diversidad de visiones, la manera en que nuestras culturas celebran el reencuentro con sus muertos se conforma como una herencia cultural que nos otorga identidad.
Las muerteadas
La tradición oaxaqueña de la muerteada, nació, a decir de muchos, en la Villa de Etla, hace unos 80 años, como expresión de una relación chusca con la muerte. Antes de dar inicio al recorrido por las calles, se escenifican escenas teatrales cortas, que narran, a través de chistes y rimas, la historia de algún muerto resucitado, por los oficios propios de un cura y un doctor.
Finalizada la puesta en escena comienza la comparsa, cuyos integrantes se visten con disfraces que hacen alusión a las tradiciones de la fecha, e inicia el recorrido por las calles de la población, encabezado por disfrazados que portan cascabeles para ahuyentar a las brujas y un conjunto musical que ameniza el recorrido.
Actualmente se celebran muerteadas en diferentes puntos del estado oaxaqueño.
En Zimatlán de Álvarez, el 1 de noviembre, a las cinco de la mañana, reciben en el panteón a los angelitos y el día 2, a los adultos, a fin de guiarlos a los que fueran sus hogares. En la Mixteca Alta acostumbran visitar a los padrinos, compadres, familiares y amigos para -levantar la ofrenda- y disfrutar juntos los alimentos que prepararon para los fieles difuntos.
Los zapotecos y sus muertos
- En Monte Albán, los zapotecos sepultaban a sus difuntos debajo del piso de sus casas para mantener un contacto espiritual con ellos.
- Las tumbas podían contener varios cuerpos y permanecían activas aun cuando se remodelaban las viviendas.
- Los niños eran enterrados en fosas sencillas, mientras que los adultos de clases altas tenían tumbas de mampostería.
- Se creía que los muertos intercedían ante los dioses para traer lluvia y buenas cosechas.
- En un hallazgo arqueológico, se encontró una ofrenda con copal, una vasija decorada y una mazorca, interpretada como un rito agrícola.
Mitla: el lugar de los muertos
- El nombre Mitla proviene del náhuatl Mictlán, “Lugar de los muertos”; en zapoteco se conoce como Lyobaá, “Lugar de descanso”.
- En esta cultura morir no era el fin, sino el renacer en la divinidad.
- Las tumbas monumentales de Mitla son una extensión de los palacios y reflejan la idea de que la muerte es una prolongación de la vida.
- Investigadores como Alfonso Caso, Ignacio Bernal y John Paddock estudiaron estas estructuras como parte de la secuencia cultural mixteca.
La ofrenda contemporánea
- En Oaxaca, las almas regresan entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre:
- 31 de octubre: se levantan los altares.
- 1 de noviembre: se honra a los niños (“angelitos”).
- 2 de noviembre: se recuerda a los adultos.
- Los altares incluyen mole negro, tamales, pan, frutas, chocolate, mezcal, flores y fotografías.
- Cada una de las ocho regiones de Oaxaca tiene rituales distintos.
- Actividades destacadas: Comparsas de Día de Muertos, tapetes monumentales en el Andador Turístico, murales y decoración de fachadas.
- Existe debate sobre su origen:
- Algunos lo atribuyen a las civilizaciones prehispánicas.
- La investigadora Elsa Malvido (INAH) afirma que es una tradición colonial y cristiana enseñada por frailes europeos.
Las muerteadas
- Nacieron hace unos 80 años en la Villa de Etla como una forma humorística de convivir con la muerte.
- Incluyen escenas teatrales cómicas, donde un muerto resucita con ayuda de un cura y un doctor.
- Luego inicia la comparsa con disfraces, música y cascabeles para ahuyentar a las brujas.
- En Zimatlán de Álvarez, el 1 de noviembre se recibe a los “angelitos” y el 2 a los adultos.
- En la Mixteca Alta, se visita a padrinos y familiares para “levantar la ofrenda” y compartir los alimentos preparados para los difuntos.
