Por Leonardo PINO
El gran poeta Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela, España. Es uno de los poetas de referencia de la Generación del 27, que se caracterizó por el rescate de la tradición literaria y la práctica de corrientes vanguardista de la época.
De ese grupo deslumbrante, destacan Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Jorge Guillén, entre otros. Muchos de ellos, debieron exiliarse en México, durante la Guerra Civil desatada en España. Recordamos especialmente a Luis Cernuda, Enrique Díez-Canedo, Juan Rejano, Manuel Altolaguirre y Pedro Garfias, aquel del poema escrito a bordo del Sinaia, el buque que los trajo a la nueva Patria: “(…) pueblo libre de México: / como otro tiempo por la mar salada / te va un río español de sangre roja, / de generosa sangre desbordada. / Pero eres tú esta vez quien nos conquistas, / y para siempre, ¡oh vieja y nueva España!”
Sin embargo, el símbolo entrañable de esa notable cofradía de poetas, ensayistas y dramaturgos, es Miguel Hernández, el hacedor de versos que se arraigan en el alma.
Miguel, desde muy niño, debió cuidar el rebaño de ovejas de la familia y dejar de asistir a la escuela. Sin embargo, el pequeño pastor leía, estudiaba y escribía fervorosamente. El zagal, de forma autodidacta, optó por la lectura de Paul Verlaine, Miguel de Cervantes, Pedro Calderón de la Barca y de Luis de Góngora, entre otros maestros que lo ayudaron a formarse. Sus ratos libres los aprovechó asistiendo a la biblioteca de la catedral de Orihuela, donde frecuenta a escritores clásicos españoles y lee a autores griegos y latinos.
En su juventud, durante un viaje a Madrid, conoce y traba amistad con grandes poetas como Alberti, Neruda y Aleixandre; también conoce a Octavio Paz, durante el Congreso de Escritores Antifascistas, celebrado en la capital española. Al inicio de la Guerra Civil en ese país (1936) se alista en el Ejército Popular, para defender a la República, y se afilia al Partido Comunista.
Concluida la guerra, en 1939, Miguel intenta trasladarse a Portugal, pero la policía portuguesa lo entrega a la Guardia Civil. Después de su paso por varias cárceles, en 1941, es trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde fallece a raíz de una grave tuberculosis. Tenía solo 31 años y había vivido muchas vidas.
Huacal de letras
Aunque tú no estás
Miguel Hernández
Aunque tú no estás, mis ojos
de ti, de todo, están llenos.
No has nacido sólo a un alba,
sólo a un ocaso no he muerto.
El mundo lleno de ti
y nutrido el cementerio
de mí, por todas las cosas,
de los dos, por todo el pueblo.
En las calles voy dejando
algo que voy recogiendo:
pedazos de vida mía
perdidos desde muy lejos.
Libre soy en la agonía
y encarcelado me veo
en los radiantes umbrales,
radiantes de nacimientos.
Todo está lleno de mí:
de algo que es tuyo y recuerdo
perdido, pero encontrado
alguna vez, algún tiempo.
Tiempo que se queda atrás
decididamente negro,
indeleblemente rojo,
dorado sobre tu cuerpo.
Todo está lleno de ti
traspasado de tu pelo:
de algo que no he conseguido
y que busco entre tus huesos.
(De Cancionero y romancero de ausencias)
