Pasar al contenido principal
x

Materializar el dolor

Foto(s): Cortesía
Aleyda Ríos

Antía Alfonso

La vida de Amelia no es fácil. Su esposo muere en un accidente de tráfico mientras la lleva al hospital para dar a luz y desde entonces ha tenido que criar a su hijo de seis años, Samuel, totalmente sola. Una noche comienzan a leer un libro sobre un caricaturesco hombre de dedos larguísimos que siempre viste saco y sombrero. Días después, él le confiesa que aquel monstruo se encuentra en la casa y amenaza con matarlos. Es ahí donde inicia el descenso a la locura para ambos personajes.

En su ópera prima “the Babadook”, la directora australiana Jennifer Kent explora el terror psicológico a través de una enfermiza relación madre-hijo, un tema que, si bien es abordado en muchas otras películas, en pocas logra un nivel tan alto de crudeza. Todo en la cinta provoca incomodidad; la casa fría y sucia, la inquietante personalidad del niño o los abruptos cambios emocionales de la protagonista.  El miedo no radica en lo que se ve, sino en lo que se imagina. No hay sustos baratos ni “jumpscares” porque lo importante no son los sobresaltos, son las metáforas. 

Los espacios claustrofóbicos y la sensación de encierro son una constante en este filme y la clave para entender la historia. El nacimiento de Samuel es algo que Amelia no puede disociar de la violenta muerte de su marido. Él es el recordatorio viviente de un trauma que al no sanar termina por materializarse en un ser ficticio, pues resulta más fácil lidiar con un hombre de tinta y papel que con los fantasmas que anidan en la propia mente. “The Babadook” no trata de una mujer defendiendo a su pequeño de un mal externo, más bien, aborda su lucha por no destruirse a ella misma ni a su hijo y por no dejar que el dolor la convierta en el monstruo que aterroriza su propia casa.

[email protected]

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.