Por Rosalía Liliana Gómez García / Colaboradora
La uncinariasis fue una enfermedad difícil de erradicar en el siglo XX, causante de estragos principalmente en zonas húmedas de nuestro país, debido a la falta de información de medidas preventivas de higiene personal, así como información sobre el manejo de uso de letrinas que eran la causa principal de infestaciones en las familias de esta época.
Para ello nos adentramos en un informe de inicios del año 1930, documento resguardado en el Archivo General del Estado de Oaxaca (AGEO) que da testimonio y nos señala el tipo de acciones preventivas que se realizaban en contra de la uncinariasis.
La uncinariasis mejor conocido en la actualidad como anquilostomiasis, “es una enfermedad parasítica provocada por un pequeño gusano que vive en el intestino del humano y que elabora un veneno que se absorbe por la sangre y que produce un efecto depresor sobre el órgano formador de los glóbulos rojos, resultando una anemia más o menos profunda que depende del número de parásitos presentes”.
Dentro de sus generalidades, el departamento de salubridad pública de ese tiempo, reportó haber iniciado trabajos desde 1924 por el grave problema que constituyó la uncinariasis, a lo largo de seis años de trabajo en sus programas, realizando mejoras a medida que se iba despertando el deseo del pueblo en áreas rurales, por detectar no exclusivamente la uncinariasis por importante que fuera, sino englobar los serios problemas de salubridad pública como lo eran paludismo, la fiebre tifoidea y demás infecciones intestinales. La alta mortalidad maternal e infantil, prevalencia de mala nutrición, así que la historia cambio al nacer en 1927 una brigada de lucha contra uncinariasis, principalmente en zonas tropicales del país, el departamento de salubridad pública puso en acción estas brigadas y programas de higiene rural, en tres estados con mayor prevalencia: Veracruz, Chiapas y Oaxaca.
En los tres estados existía una unidad sanitaria, en el caso del estado de Oaxaca, era la zona de Tuxtepec la más afectada, debido a la urgencia de controlar la uncinariasis. Durante ese primer trimestre del año 1930, reportan la administración de 2,546 tratamientos contra esta enfermedad y trabajos de saneamiento para que la gente no volviera a infestarse, reportando la construcción de 64 letrinas, gracias a que se contaba con el apoyo de mantenimiento de esta unidad y ayuda económica del Gobierno del Estado para el beneficio de municipio de Tuxtepec, por medio de la aplicación de sus programas de educación pública.
Parte de estas jornadas, era implementar por medio de los ayudantes en servicio que iban a las casas a dar conferencias educativas sobre uncinariasis, empleaban cuadros ilustrativos y recomendaban a la gente visitar la unidad médica, donde incluían como se realiza el uso de examen físico adecuado, examen de sangre y coprológico microscópico. Si resultaban parasitados tenían que acudir a la administración del tratamiento a las 7 am, estando presente e indicando personalmente por el médico la dosificación de la droga (aceite de quenopodio de contenido de no menos de 76% ascaridol), este aceite conocido también como aceite esencial de epazote utilizado tradicionalmente como un potente antihelmíntico en conjunto con el ascaridol que era el compuesto químico.
Las personas que acudían, eran vigiladas por el personal médico hasta el medio día. Sus tratamientos los repetían cada diez días y después de 3 tratamientos, se volvían a realizar examen coprológicos y si salían algunos parásitos, continuaban con los tratamientos hasta estar completamente desparasitados.
De este modo, la unidad podía controlar este tipo de enfermedades como lo es la uncinariasis, ya que ha coexistido con los humanos durante milenios, evolucionando desde un problema de salud crónico y debilitante hasta una enfermedad controlable en medida de los avances en salud pública.
Este documento constituye solo una de las múltiples piezas que conforman al Archivo General del Estado de Oaxaca, donde se resguarda y preserva información invaluable para comprender la evolución de la salud pública en la entidad y en el país. A través de estos registros, es posible reconstruir prácticas médicas, campañas sanitarias y estrategias comunitarias que marcaron un precedente en la lucha contra enfermedades transmisibles.
Te invitamos a visitarnos y explorar este patrimonio documental, que no solo preserva la memoria institucional, sino que también enriquece la investigación histórica y contribuye a valorar los esfuerzos que han dado forma a nuestra realidad sanitaria actual.
Referencia:
1. Gobierno/Salubridad/Informes/Año:1930/Caja:4281/ Exp.07-08.
