Pasar al contenido principal
x

El lector furtivo: Tertulia literaria

Foto(s): Cortesía
Aleyda Ríos

Rafael Alfonso// Última de dos partes

12 de septiembre 2021// Hacia el centro de la tertulia, con paso grave, caminó el joven melancólico que todos identificaban como estudiante de Medicina y que lucía enfermo y pálido de tanto no dormir. Su frente serena se coronaba con unos cabellos hirsutos que lo hacían ver flaco, ojeroso y cansado. El joven tomó la palabra y dijo:

—Del célebre poeta, Manuel Acuña, Nocturno: “Pues bien, yo necesito/ decirte que te quiero/ decirte que te adoro/ con todo el corazón/ que es mucho lo que sufro/ que es mucho lo que lloro/ que ya no puedo tanto/ y al grito que te imploro/ te imploro y te hablo en nombre/de mi última ilusión”.

Al escuchar la sensible interpretación, las jovencitas suspiraron; los más vetustos se esmeraron por no llorar y los jóvenes aprovecharon para buscar afanosamente algo de comer. Al terminar los versos, el estudiante melancólico volvió a alejarse buscando las sombras, ocasión que aprovechó la maestra Ernestina Sigüenza para declamar "Fusiles y muñecas" de Juan de Dios Peza, contemporáneo, condiscípulo y amigo del malogrado poeta coahuilense.

El señor Guadalupe Esparza y Bravo se puso de pie y dirigiéndose a la concurrencia, acompañado por sus propias palmas, que trataban de emular las palmas flamencas, casi cantó:

—De Federico García Lorca, "La casada infiel": Y que yo me la llevé al río/ creyendo que era mozuela/ pero tenía marido… 

A él sucedieron uno a uno los demás asistentes. No faltaron los versos de Machado,  Sor Juana y hasta Renato Leduc se hizo presente en voz de la licenciada Elvia Sorroza que nos recordó la “sabia virtud, de conocer el tiempo”.

El señor Sobrio Quijano, que de sobrio sólo tenía el nombre, pues estaba completamente descompuesto por los vapores del alcohol, dijo:

—Esperen —y trastabillando alzó su voz desmesurada para espetar sin recato— del insigne Francisco de Quevedo, "Poema al pedo" —y con aire procaz construyó con versos palacios de humo que calentaban la cara del invierno.

Olvidaba decir que aquella noche, aquel grupo bohemio celebraba entre risas, libaciones, chascarrillos y versos, la agonía de un año que amarguras dejó en todos los pechos, y la llegada, consecuencia lógica, del Feliz Año Nuevo.

A punto de la medianoche, la gala llegaba a su fin con la participación de don Facundo Rocha, que de él se decía que poseía una voz más grave y melodiosa que la del mismísimo Manuel Bernal. Don Facundo caminó al centro de la reunión apoyándose en un elegante bastón y ataviado con sombrero, capa y corbatín que le daban un aire decimonónico.

El broche de oro no podía ser otro que "El brindis del bohemio",  de Guillermo Aguirre y Fierro. Para cuando sentenció aquello que dice: “Brindo por la mujer, mas no por esa/ en la que halláis consuelo en la tristeza/ rescoldo del placer, ¡desventurados!”, el público estaba volcado a la nostalgia y el dolor inundó los corazones.

—¡Por mi madre!, bohemios/ —dijo el hombre— que es dulzura vertida en la amargura/ y de mis negras noches es mi estrella…

Y al éxtasis final no siguió ovación alguna. Un vientecillo gélido abrió de par en par las ventanas y la concurrencia se disolvió como los fantasmas que ganan la calle y allí se pierden.

“No faltaron los versos de Machado, Sor Juana y hasta Renato Leduc se hizo presente”.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.