Rafael Alfonso
Siendo niño, José Juan Tablada escuchó en su casa las palabras “ensayos”, “recitaciones” y “poesías”, así, movido por la curiosidad, presenció de forma furtiva muchas veladas literarias. Esos fueron los primeros contactos que el poeta tuvo con lo que después sería su quehacer. José Juan Tablada nació en el año de 1871 y durante la primera mitad del siglo veinte se convirtió en una figura relevante para las letras mexicanas. Su primer poema titulado A fue publicado en La patria ilustrada en 1888.
Tengo en mis manos una versión facsimilar del libro Li Po y otros poemas (CONACULTA, 2005) publicada en la colección Círculo de Arte. El volumen cuenta con un prólogo de Rodolfo Mata que contextualiza de forma completa el momento histórico y las repercusiones estéticas de esta obra.
Este libro, publicado originalmente en Caracas (1920), pertenece a un momento de experimentación sui generis en las letras mexicanas, inaugurando, al menos para América, la fusión simbiótica entre Literatura y Arte gráfico. Aunque tradicionalmente se atribuye a Guillaume Apollinaire esta fusión, con el libro Calligrammes (1918), es posible que Tablada haya estado trabajando sus poemas más o menos por el mismo tiempo y no necesariamente, como suele decirse, que simplemente se haya “apropiado” de las ideas del poeta francés, al cual hace patente su admiración.
Tomemos en cuenta también que Tablada tuvo una residencia en París y que allí recibió, sin duda, la influencia de artistas plásticos franceses como Henri de Toulouse-Lautrec y Pierre Bonnard, quienes integraban elementos caligráficos en su obra pictórica. Ambos, a su vez, recibían el influjo de la tradición japonesista de la caligrafía integrada en la obra plástica.
En su oportunidad, Tablada salió a la búsqueda de esas raíces, siendo históricos su encuentro con el haikú japonés y su posterior recreación del mismo en el medio nacional.
Ahora bien, desde siempre, los escritores se han sentido atraídos por otras disciplinas artísticas, llegando incluso a practicar alguna de ellas con relativo éxito. Otros han hecho de dichas disciplinas su fuente de inspiración, extrayendo de ellas un sistema de relaciones que les permite enriquecer su quehacer, pero pocos han sido los que de manera manifiesta han participado de la hibridación.
El que los pintores puedan integrar elementos literarios en su obra, o que, por el contrario, los literatos creen híbridos a partir de formas plásticas, es hasta cierto punto lógico y natural, ya que la expresión final de ambas disciplinas es visual. José Juan Tablada tiene también, aunque pocos lo saben, probado talento plástico. Fue acuarelista y dibujante especializado en esquemas naturalistas.
Poeta por derecho propio, Tablada propone en Li Po y otros poemas tantos recursos poéticos como páginas tiene el libro. La producción posterior del autor ya no tuvo mucho que ver con todo lo propuesto en Li Po y otros poemas. La onda nacionalista se volvió expansiva a partir de la primera mitad de los años veinte y las condiciones del país hacían imposible sustraerse a ella.
