Por Rafael Alfonso
El pueblo griego festejaba cada año una serie de ritos en honor de sus dioses. Una de las celebraciones más importantes estaba consagrada a Dionisio, dios de la fertilidad y del vino. Las dionisiacas tenían lugar en Atenas y se llevaban a cabo dos veces al año, una en invierno y otra en primavera. Durante estas celebraciones un coro de doce hombres ataviados con máscaras y un tocado con cuernos de cabra, cantaban las glorias de los héroes y los dioses griegos.
En 534 A.C. Lisístrato, gobernante de Atenas, encargó a Tespis, el director del coro, una innovación para hacer más atractivas las dionisiacas. Tespis decidió salir del coro y enfrentarlo, dando voz a un dios, a un héroe o a un hombre; a su vez, el coro –que representaba a los dioses, al pueblo o a las mujeres– le respondía. De esta manera se creó entre ellos un diálogo, esto es el origen del drama. El tocado de cuernos de cabra que utiliza el coro es al parecer el origen de la palabra tragedia (tragos= cuernos de cabra; oda= himno). El actor solista (cuyo primer representante es el propio Tespis) se denominaba hipócrita (hipo= máscara; critón= que responde). No pasó mucho tiempo para que se organizaran los primeros concursos donde los poetas atenienses competían para alcanzar la gloria con sus poemas trágicos.
La tragedia más antigua de la que se tiene noticia es Los persas, obra del poeta Esquilo, aunque con seguridad debieron existir tragedias anteriores a esta y que hoy en día están perdidas, como muchas de las obras del mismo autor. Este primer poema trágico de poco más de dos mil quinientos años de antigüedad tiene como protagonistas, no a un héroe griego sino a los persas del título, en concreto a Jerjes, “El Conquistador” y a su madre, es decir, a los enemigos. La guerra contra los persas era en ese momento la última gran gesta librada por los pueblos helenos, y culminó de forma trágica para Jerjes con su ejército aniquilado en la batalla de Salamina.
En la tragedia de Esquilo vemos a Jerjes regresar a su palacio solo y derrotado, llevando consigo únicamente un arco y un carcaj vacío, restos de lo que fuera el imponente ejército con el que se disponía a conquistar la Hélade. En el corazón mismo de su reino Jerjes es repudiado por el fantasma de su padre, el magnífico Darío, y humillado por su madre Atosa. Esquilo no se olvida de cantar al valor de los soldados persas caídos, llevados al matadero por la soberbia y la desmesura de su rey.
¿Por qué Esquilo canta la tragedia del enemigo? Por supuesto, porque a través de ellas podemos también ver reflejados los valores atenienses, lo que equivale a decir, los valores de nuestra civilización occidental: el valor y el amor por la libertad, por los cuales, los griegos de toda la Hélade estuvieron dispuestos a unirse para hacer frente a un ejército superior en número y recursos bélicos.
