Por Rafael Alfonso
Sí lo comparamos con las otras epopeyas europeas medievales, cómo pueden ser La canción de Roldán o El cantar del Mío Cid, El cantar de los nibelungos nos presenta el personaje femenino más fascinante. Kriemhild, Krimilda o Crimilda, como la llamamos en la nota anterior, era poseedora de una belleza cuya fama trascendió sus fronteras de modo que llegó a oídos de Sigfrido, quien hace un viaje al país de los burgundios exclusivamente para conocerla.
Ahí se pone a disposición del rey Ghunther, hermano de la doncella, a quien le hace distintos servicios, y pasa un año entero antes de poder siquiera mirarla, pero cuando llegan a verse él héroe es plenamente correspondido en su amor.
Una vez que Sigfrido ha muerto en una partida de caza a manos del propio hermano de Crimilda -por causa de la desavenencia que esta tuvo con Prunhilda, su cuñada-, su viuda comienza, sin dar muestras de ello, a albergar sentimientos de venganza en cuya ejecución terminará involucrado el mismísimo Atila, Rey de los hunos quien ya invadía Europa.
Como la belleza y fama de Crimilda se mantienen intactas, los consejeros de Atila la ponderan ante él como un excelente prospecto para contraer matrimonio. Atila manda algunos emisarios al país de los burgundios para pedir la mano de la princesa. Esto causa revuelo entre los consejeros del rey Ghunther, conscientes de la traición cometida contra Sigfrido. Uno de ellos, de nombre Hagen, no considera buena idea que la viuda del héroe se case con quien comanda el ejército más poderoso del mundo. Finalmente, Ghunther, instado por sus hermanos, consiente el matrimonio de su hermana quien se va a vivir con el conquistador y le da un par de hijos.
Pasados algunos años Crimilda invita a sus hermanos a un banquete a Huneland, donde se encuentra el castillo de Atila, sin saber que, acompañados de varios de sus nobles más allegados —entre ellos, Hagen—, se dirigen a una trampa mortal, pues la viuda de Sigfrido no ha olvidado el crimen de su amado.
Crimilda sabedora que tiene la ventaja de su lado acusa a sus invitados de varios delitos y promueve las hostilidades hacia ellos. Atila, considerando la calidad de sus huéspedes y su categoría de anfitrión, se niega a castigarlos, y entonces Crimilda comete un acto atroz, mata a los hijos de Atila, obviando que también lo son de ella, y acusa a los huéspedes de esas muertes. Por supuesto, Atila no tiene más opción que ordenar la aniquilación de los burgundios quienes, encerrados en el lugar que los albergaba, resistirán los embates de los soldados de Atila.
La superioridad numérica y la localía de los hunos terminan por imponerse y dan muerte a los héroes germanos para satisfacción de Crimilda, dando el cantar los pormenores de cada hecho de sangre. Atila, ignorante del matricidio perpetrado por Crimilda, no tiene más que reconocer el valor de Ghunther, Hagen y compañía. El Caballero Hildebrando decide vengar a Hagen y da muerte a Crimilda.
Crimilda a raíz del asesinato de Sigfrido opera una significativa metamorfosis para volverse prácticamente desalmada y cruel, tanto, que se da el tiempo para, personalmente, torturar y decapitar a su hermano. Eso lo hace un personaje complejo como pocos en la literatura europea de su tiempo.
Frase
Hagen no considera buena idea que la viuda del héroe se case con quien comanda el ejército más poderoso del mundo.
