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El lector furtivo: Detener los elefantes

carmen
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso Gómez

 

Carmen Alardín, aunque nació en Tampico, Tamaulipas, radicó desde muy joven en Monterrey, de manera que siempre fue identificada como poeta regiomontana. En dicha ciudad inició su carrera como escritora. A los dieciséis años publicó su primer libro, El canto frágil (1951) y colaboró en las revistas de literatura Kátharsis, Apolodionis y Salamandra durante los años cincuentas. Desde entonces hasta su muerte no dejó de escribir, una larga y constante carrera con títulos muy celebrados como Después del sueño (1960), Todo se deja así (1964), No pude detener los elefantes (1971), Canto para un amor sin fe (1976), Entreacto (1982), La violencia del otoño (Premio Xavier Villaurrutia, 1984) y Caracol de Río (2000).

Margarito Cuéllar dice que en la poesía de Alardín, así hable del dolor y la noche oscura: “…prevalece siempre un tono en el que parece imponerse el lado luminoso del mundo”.

No pude detener los elefantes (1971) es el nombre de un poemario que vio la luz por primera vez en España gracias a la Editorial Católica Española. Es el cuarto libro de Alardín y uno de los más populares de su bibliografía, en gran medida gracias al poema que da título al libro.

 

No pude detener los elefantes, es un poema original, fresco y conmovedor. Al momento de escribirlo (1971), la autora estaba cumpliendo los treinta y seis años. En el año 2002 fue reeditado por el FCE, y complementado con algunos poemas de la infancia y juventud tomando el título de No pude detener los elefantes: Una antología personal. Con la inclusión de los poemas juveniles se otorga al conjunto un carácter más fresco.

El impulso amoroso que sale en busca de aquella persona ausente es propuesto por la poeta como una manada de elefantes que marchan, no de forma violenta, lo cual sería catastrófico, pero sí de manera constante. Esos proteicos paquidermos también tienen sus peculiaridades: “hacen del dinero un tema, bailan con Mozart y aceptan gustosos bebidas tropicales para saciar su sed”.

El poema es innovador al tratar el tema amoroso. A pesar de la imagen fantástica de las enormes bestias protagonizando marchas y asambleas por la avenida más importante de la Ciudad de México, trata en realidad asuntos de lo más cotidiano como los gustos personales y los hábitos de la persona amada, quizá en la comprensión de que el amor implica, no necesariamente compartirlos, pero sí conocerlos.

Otro aspecto conmovedor en el poema es la pertenencia y su trastrocamiento. Quien asume la voz poética declara implícitamente pertenecer a la persona amada, lo mismo que aquél tropel de elefantes, pero por su parte, aquella persona es libre, no pertenece sino a sí misma. Alardín escribe: “Estos elefantes nacieron para ser tuyos, no para ser libres, no esclavos”, lo mismo que el amor.

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