Por Lázaro Peña V., Pbro.
Domingo VI del Tiempo Ordinario, 15 de febrero de 2026, Verde. MR p. 418 [416] / Lecc. I p. 39. Semana II del Salterio. Se omite: Santos Faustino y Jovita de Brescia, San Claudio de la Colombière, Presbítero de la Compañía de Jesús; Beato Juan Alonso Fernández, misionero del Sagrado Corazón (MSC) y mártir. Sir 15, 16-21; lCor 2, 6-10; Mt 5, 17-37.
En esta lectura del Sirácide se nos habla del don de la libertad. Dios, al crear al hombre a su imagen y semejanza (Gen 1, 27), le otorga el bien supremo de la libertad. El hombre, puesto en la cumbre de la Creación, goza del privilegio de la elección responsable que le da la libertad (Deu 24, 16); pero que lo compromete fuertemente en sus propias decisiones a ser feliz o desgraciado, hacer feliz a los demás o a que los demás vivan en un infierno (Ez 14, 14-18); porque sólo por su propia decisión se pone en el camino recto (Eclo 15, 14-17) o en el mal camino (Sal 46, 5); por eso nos dice esta lectura "el Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras". Pero no culpes a otros de tus propias decisiones, buenas o malas, no imites a Adán y a Eva en el Paraíso (Gén 3, 11-13).
Respecto a la segunda lectura, alguno puede pensar que la aceptación de Dios en nuestra vida es incompatible con la ciencia o con el razonamiento humano, no es así, a los creyentes les enseñamos, pero no la sabiduría de este mundo o de los que se creen sus dueños, sino les enseñamos una sabiduría misteriosa de Dios, "esta sabiduría no fue conocida por ninguna de las cabezas de este mundo, pues de haberla conocido no habrían crucificado al Señor de la Gloria. Recuerden la escritura, ni ojo vio, ni oído oyó, ni por mente humana han pasado las cosas que Dios ha preparado para los que lo aman; pero a nosotros nos lo ha revelado Dios por medio de su Espíritu, pues el Espíritu escudriña todo, hasta las profundidades de Dios" (1Cor 2, 8-10). Por eso ninguno de los que domina este Mundo conoce la sabiduría de Dios, porque si la conocieran lucharían por la justicia, por la paz y por la vida, desde el vientre materno hasta su muerte natural.
En lo que se refiere al Evangelio, en nuestro tiempo sucede como en las primitivas comunidades cristianas: una es aferrarse a la letra de la ley, y otra de omitir la ley y casi despreciarla. Debemos entender que la ley sirve para regular la convivencia humana, y toda ley debe procurar siempre que todos vivamos con la dignidad que nos corresponde como seres humanos y, sobre todo, como hijos de Dios, respetándonos, ayudándonos y amándonos; por eso dice Jesús que no ha venido a quitar la ley, sino a darle plenitud; y nuestra ley es el mandamiento nuevo: "Amar como el mismo Cristo nos amó" (Jn 13, 34); esta es ley nueva del Espíritu Santo (Rom 8, 2; Gál 5, 25-26); los 10 mandamientos proclaman y resumen la Ley de Dios (Deu, 5, 22) y son el testimonio de la alianza establecida entre Dios y su pueblo (Éx 32, 15-16 y 34, 29).Nosotros, como católicos, no debemos cumplir la ley por temor, sino por amor; si nos abstenemos de hacer el mal (robar, matar, cometer injusticias), que no sea por temor a la ley humana o a la ley divina, sino por amor a Dios y al prójimo. Tú y yo ¿cumplimos la ley por amor, o por temor?
"Tres palabras para recordar y meditar esta semana"
Libre albedrío: Se refiere a la natural libertad que tienen las personas para tomar sus propias decisiones, sin estar sujetos a presiones, necesidades o limitaciones, incluso sin alguna predeterminación divina, pues nuestro Creador desea que lo busquemos sin coacciones y, adhiriéndonos a Él, lleguemos libremente a la plena y feliz perfección (GS 17). En síntesis, es la capacidad que tenemos los hombres de hacer el bien o de hacer el mal; delante de nosotros se nos presenta "el bien y la vida, por una parte, y por la otra el mal y la muerte; Dios nos manda que lo amemos y sigamos sus caminos" (Deut 30, 15). "El derecho al ejercicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral, es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o de hacer cualquier cosa" (CEC 1747).
Los que dominan al mundo: Se trata de los organismos internacionales y personajes multimillonarios, que tratan de apoderarse del Mundo, utilizando para tal efecto dos poderosas armas: La New Age (para prescindir de Dios o inventarnos uno a nuestra medida) y la Ideología de Género (con relaciones infecundas, antinaturales, con políticas de muerte). Todo esto para el control poblacional, económico y finalmente el dominio de los recursos naturales. A este plan global se le conoce como el Nuevo Orden Mundial; al cual la Iglesia Católica, las familias tradicionales e incluso los sentimientos de identidad nacional, le estorba.
El doble mandamiento del amor: La Ley no fue abolida por Cristo (Mt 5, 17), sino que fue Él quien le dio la plenitud perfecta. El Evangelio es inseparable de los Mandamientos; Jesús los recogió, pero manifestó la fuerza del Espíritu ya operante en su letra y los resumió en el doble mandamiento del amor: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos (Mt 22, 36-40), que como nos dice San Pablo, es la plenitud de la Ley (Rm 13, 9-10).
