Por Karen Paola Gaspar Cortés
La música es utilizada como parte importante al contar historias; desde su origen remoto ha formado parte del teatro; por lo mismo, no es extraño que comenzara a utilizarse en el ámbito cinematográfico y documentalista.
Esto ha sido muy importante en el trabajo de preservación de la música, folclórica y clásica, en especial de esta última, que ha sido utilizada desde los inicios del séptimo arte en el cine mudo.
Una de las razones por las que se usa la música clásica en lugar de música original, es debido a que toda composición pasa a ser de dominio público al pasar cierto tiempo, por lo que no se deben pagar permisos o derechos de autor para ser usada en filmaciones y ésta ha sido la excusa perfecta para emplearla sin problemas en producciones cinematográficas.
Algo que no sucede con la música de las grabaciones y los arreglos, que es creada por compositores para ser interpretada en conciertos con orquestas, que está sujeta a derechos de autor; sin embargo, debido a las necesidades fílmicas de la época, ésta se fue adaptando o prestando para ser incluida en las bandas sonoras de las películas.
Estas composiciones cumplen una función específica, la cual podemos diferenciar, entre expresiva y narrativa; siendo la primera, la que aporta ritmo a la historia, participando en el desarrollo de los personajes, y haciendo partícipe emocionalmente al espectador, facilitando la comprensión entre las diferentes escenas y la evolución de los personajes; mientras la narrativa sirve para conectar escenas, ambientar la historia en el tiempo y el espacio determinados y ayudando al sentido de continuidad de la misma.
Y si bien, las obras orquestales de los grandes maestros como Beethoven, Tchaikovski, Bach, entre otros, fueron en un inicio escuchadas únicamente en conciertos, con el tiempo, desde que comenzaron a utilizarse en el cine mudo, aumentaron considerablemente su audiencia, siguiendo así hasta nuestros tiempos, aunque ahora en menor medida, ya que cada vez va siendo dejada de lado por música compuesta exprofesamente para las producciones fílmicas.
Como se mencionó anteriormente, la música en el cine es importante ya que conmueve, transmite sentimientos y hacen que el espectador se conecte con la película, y el correcto uso de la misma provoca que sea recordada a pesar del tiempo; es así que podemos recordar grandes piezas como “El Danubio azul” de Johann Strauss en la película “2001: Una odisea del espacio”, “Piano Sonata No. 2” de Serguéi Rajmáninov, “Tocata y Fuga en re menor” de Johann Sebastián Bach y “Sinfonía núm. 6, Pastoral” de Ludwig van Beethoven en “Fantasía de Disney (1940)”, entre muchas otras, lo cual nos indica que son usadas en todo tipo de producciones, desde dramas futuristas, hasta dibujos animados, siendo un acercamiento para los niños a éste tipo de música.
El atinado uso y la difusión de la música clásica en el cine, se ha convertido en parte de nuestra memoria cultural.
Es de suma importancia conservar las interpretaciones musicales, tanto como la documentación, pues forman parte de nuestra historia y hacer notar que uno de los principales conservadores y difusores de la música ha sido el cine.
Ya que la música no solo ha sido usada para conciertos, como fue concebida en un inicio, también se ha convertido en importante recurso narrativo en el cine, tanto que ahora no podemos imaginar una película o un documental sin que la música sea parte de su narrativa, de manera que han creado una relación emocional entre película y espectador, elevando la experiencia contemplativa de éste.
