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El lector furtivo: Par de Reyes

portada
Foto(s): Cortesía
Redacción

Rafael Alfonso

 

Jorge Ayala Blanco, historiador y crítico de cine, consideró a Los hermanos del Hierro (1961) “la película más perfecta del cine mexicano”. Lo cierto es que sobresale en la filmografía de Ismael Rodríguez (director de la trilogía de Pepe “El Toro”) por ser su propuesta más arriesgada y con mayores logros formales. Mucho de la brillantez de Los hermanos del Hierro se debe a la pluma de Ricardo Garibay, autor del guión cinematográfico, un hombre de letras que asimiló por completo el oficio de escribir para el cine.

La cinta cuenta la historia de los hermanos Reynaldo y Martín del Hierro quienes, en su infancia, han sido testigos del asesinato de la figura paterna. Su madre, desde entonces, los adiestra obsesivamente para vengar aquella muerte.

 

Los actores protagónicos, Antonio Aguilar y Julio Alemán, no alcanzarán en otra cinta el brillo de esta, donde Columba Domínguez nos da una muestra de sus alcances como actriz sin la tutela de su marido El “Indio” Fernández. Los hermanos del Hierro es una cinta peculiar para su director, sin madres abnegadas ni charros que canten a la menor provocación. Como nunca en el cine de Rodríguez, las canciones incluidas en la cinta justifican plenamente su función dramática.

En cuanto a su temática Los hermanos del Hierro es un western en el que se cuestiona el machismo exacerbado y el absurdo de la violencia como el único medio para resolver los conflictos. A diferencia de un western tradicional en el que se establece de entrada una situación maniquea en que los buenos enfrentan a los malos, Garibay nos presenta una problemática compleja que tiene como ejes al odio enfermizo y a la venganza como una herencias fatales, mismas que hacen de Martín del Hierro un asesino despiadado y el tercero en discordia de una historia de amor tan frustrada como la redención en medio de una espiral de violencia.

 

Durante el pasado siglo se presentó un curioso fenómeno editorial: la adaptación al formato impreso de películas con un gran éxito comercial. De esta forma llegan a las librerías títulos como El último tango en París de Robert Alley (1973), basado en la película de Bernardo Bertolluci, y Calígula de Gore Vidal (1979), de William Howard, basado en la cinta de Tinto Brass. Dichas ediciones eran un subproducto del proyecto cinematográfico cuya pretensión era prolongar el ciclo comercial de las películas.

La intención de Ricardo Garibay es radicalmente distinta. 20 años después de su estreno, el autor retoma el guion de Los hermanos del Hierro, para componer la novela Par de reyes (1983), un canto épico, donde el uso del lenguaje popular y la ortografía fonética con palabras compuestas y contracciones dan la despedida a la figura del macho norteño, genéticamente violento y fatalmente irresponsable, que pretendidamente debería desaparecer para dar paso a un nuevo estado de cosas.

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