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Tradición en riesgo: las muñecas del Istmo

Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

En el Istmo de Tehuantepec, desde tiempos ancestrales, las niñas recibían al iniciar el año un regalo cargado de historia y afecto: el Tanguyú, una muñeca de barro que representa figuras humanas y simboliza la creatividad y el cuidado transmitido de generación en generación.

En las comunidades con recursos limitados, las familias elaboraban sus propias muñecas de madera, llamadas Pancha yaga, o transformaban calabazas en Guitu yani —“Guitu” calabaza y “Yani” cuello—, colocando ojos de frijol, dientes de maíz y cabello de elote. Cada muñeca era más que un juguete: era un objeto cargado de identidad y memoria, un puente que conectaba a niñas y niños con la cosmovisión y las tradiciones de sus ancestros.

“Algunas familias no tienen los recursos, pero sí la imaginación y la creatividad”, destaca Víctor Cata, director del Instituto de Lenguas Originarias del Estado de Oaxaca. Por su parte, los niños recibían el Basayú, un caballo de barro con jinete, que hoy casi ha desaparecido debido a la baja demanda. “Los alfareros ya no lo hacen porque la demanda de estas figuras ha disminuido”, señala Cata, mientras que el Tanguyú, aunque inmortalizado en canciones y relatos, corre el riesgo de convertirse en un recuerdo lejano.

Cada muñeca que deja de elaborarse representa una historia que se pierde, un fragmento de cultura que desaparece de las manos de los niños y de la memoria de las comunidades. 

"Esto nos recuerda la urgencia de preservar y valorar estas tradiciones originarias antes de que se desvanezcan".

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